2 de agosto de 2015

NOVELA 85



-¿Qué es eso?-le preguntó Amanda con un hilo de voz. Quería saber pero al mismo tiempo estaba aterrada de qué nuevo horror iba a descubrir.
-Es largo de explicar y tú tienes almuerzos que servir. ¿Qué te parece si esta tarde me invitas a tomar un café en tu preciosa salita? Ese muchacho de las barbas es un hallazgo, bien puedes dejarle al mando un par de horas.
Amanda asintió, y a las cinco de la tarde, puntual como siempre, llegaba Vera con un vestido color lavanda, zapatos blancos a juego con el bolso, y guantes. Para alguien que no la conociese sería motivo de risa verla así, pero Amanda ya estaba muy acostumbrada a las extravagancias de la anciana, así que se limitó a servirle café y un trozo de tarta que había hecho al llegar del hotel. Se repantingó en el sillón, sin hacer caso de las miradas admonitorias de Vera, a quien molestaba que no se comportase como una dama las veinticuatro horas del día. Pero ella estaba demasiado cansada y tenía tantas ganas de oír la historia que le hizo un gesto con la mano para que empezase ya.
-Gladio siempre tuvo base en Portugal. El gobierno de Oliveira Salazar nos daba todas las facilidades del mundo, al igual que lo hacía el de Franco en España. A ninguno de los dictadores les agradaban los comunistas y nosotros éramos una garantía porque procurábamos mantenerlos a raya.
-No quiero saber cómo lo hacían-la interrumpió Amanda.
-Como podíamos. Ni más ni menos. El propio Salazar también se ocupaba del tema. Para eso tenía la PIDE. Supongo que no tienes ni idea de lo que te hablo
-Pues no-admitió la joven. La verdad es que nunca me han gustado las películas de James Bond, y ahora tengo agentes rondando todo el día.
Vera chasqueó la lengua en un claro gesto de desprecio. La juventud era muy ignorante, incluso esta niña deliciosa que destacaba en tantas cosas…
-La PIDE era la Policía Internacional e de Defensa do Estado, es decir, un servicio de policía y de Inteligencia a la vez con el que Salazar se defendía no sólo de los comunistas, sino de cualquiera que él pensase que era una amenaza. Se ocuparon de algunos miembros de la oposición, entre ellos de Amílcar Cabral. Aunque no fue el único. Para ser eficaces espiaban, torturaban y mataban. No todo el mundo tenía los arrestos y el estómago necesarios para pertenecer a la PIDE.
-Pero no entiendo que tiene eso que ver con Michael. Por edad él no…
-Déjame seguir, Darling, no seas impaciente. En los sesenta y los setenta Paul, Irene y yo misma vivimos largas temporadas en Portugal. Irene se quedaba en una casa preciosa que alquilábamos en el Algarve, y nosotros la acompañábamos pero también estábamos bastante tiempo en Lisboa. Desde allí movíamos muchos hilos y no teníamos más remedio que tratar con gente de la PIDE. Había un agente que siempre me llamó la atención porque era, sin dudarlo, uno de los que disfrutaba con su trabajo. Cuando había que hacer hablar a algún detenido invariablemente se llamaba a Joao Pereira da Silva. Era uno de los mejores, sino el mejor, para hacer que la gente acusase hasta a su propio padre si era necesario. Aquel hombre no tenía sentimientos y yo siempre pensé que era un verdadero sádico o quizás un psicópata.
Amanda se llevó las manos al pecho, temblorosa y también molesta.
-¿Y me lo está poniendo de ejemplo para explicarme algo de Michael? Él no es así, yo le conozco.
Vera la detuvo con un gesto.
-No estoy diciendo nada de eso. Joao se parecía tanto a Michael como un huevo a una castaña, Darling. En lo único que me sirve de ejemplo respecto a Michael es que él tampoco necesitaba trabajar, ni en eso ni en nada. Su familia era inmensamente rica; tenían hasta un banco y negocios no solo en Portugal, sino también en España, en Mozambique, Angola, Brasil; hasta en Macao. Era el más pequeño de cinco hermanos y su familia tuvo un enorme disgusto cuando se enteraron de que era agente. Como tu Michael, no necesitaba trabajar, y menos en algo así. Pero él necesitaba hacerlo, igual que muchos artistas necesitan de su arte para expresarse.
-¿Me está usted diciendo que hacer sufrir a la gente es arte?
-Pues claro que no. Solo intento que entiendas lo importante que era para él esa sensación de poder cuando interrogaba a alguien en aquellos sótanos húmedos y siniestros, o cuando decidía quien se marchaba a su casa de nuevo o quien se quedaba allí para no salir, o hacerlo con los pies por delante. En el caso de Michael…lo que a él le gusta es el riesgo, el no saber dónde dormirá cada noche, el jugar siempre con el peligro y también la sensación de poder y de placer que le da el ser distintos hombres. Eres consciente de que por su trabajo hoy puede estar cenando con poderosos hombres de negocios o altos cargos y mañana disfrazado de obrero cavando una zanja.
Amanda se encogió de hombros, con lo cual la anciana se dio cuenta de que en realidad poco sabía del trabajo del hombre que amaba, aunque tuviese una ligera idea. Decidió no contarle nada más. ¿Para qué? Esta niña inocente ya sufría bastante; sería cruel echar más leña al fuego.
-De todos modos, Michael sabe cuidar muy bien de sí mismo, lo lleva en la sangre y tiene años de experiencia. Es tonto que te preocupes.
Se sirvieron más café y Vera paladeó con placer la tarta de queso. Siempre le quedaba tan tierna que era un placer probarla. Amanda era una estupenda cocinera, aunque ella quizá no se daba cuenta, como de tantas cosas.
-¿Y qué fue de Joao?
Vera se limpió los dedos delicadamente, como hacía todo, con la servilleta, y bebió un sorbo de café.
-Disfrutó siempre de su trabajo, hasta que la PIDE dejó de existir, claro. Creo que después de la Revolución de los Claveles se marchó a Brasil con su mujer y sus hijos.
-¿Es que tenía familia un ser tan ruin?
-Pues claro, hija mía. Una mujer preciosa y muy dulce, creo que era francesa, que no sabía nada del trabajo de su marido. Y tres niñas encantadoras. Los peores monstruos suelen ser padres de familia abnegados y buenos esposos. Él lo era, desde luego. Una cosa no tiene nada que ver con la otra
Amanda la escuchaba como si Vera y ella estuviesen en mundos paralelos, que nunca llegarían a tocarse. ¿Es que ella había vivido en una burbuja todo el tiempo o de repente había empezado a rodearse de lunáticos?





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