12 de agosto de 2015

NOVELA 94



Amanda volvió a casa mucho más tranquila. Uno de los pasos más complicados lo había dado. Sabía que podía confiar en Jorge Hidalgo no sólo para el tema del trabajo, sino para guardar su secreto. Ahora tenía que hablar con Inma y Miguel para adelantar el bautizo de la pequeña Irene. Una vez que la decisión estaba tomada quería irse lo antes posible, sobre todo para no poder arrepentirse. Aquella noche cuando ya estaba en la cama recibió un mensaje de Michael en el que le decía:” Mandy, ¿has pensado bien todo esto? ¿No hay ninguna manera de que lleguemos a un acuerdo? No olvides que te amo, a ti te amo. Siempre serás mi amor. Otras cosas que puedan pasar son…encuentros en el camino. Pero tú para mi eres precisamente el camino”. No contestó, aunque leyó mil veces el mensaje y estuvo a punto en varias ocasiones de decirle que volviese, que aceptaría cualquier cosa con tal de tenerle de vez en cuando. Pero afortunadamente no lo hizo. No sería feliz de esa manera.
Inma y Miguel se sorprendieron mucho de su decisión pero no la cuestionaron y estuvieron de acuerdo en bautizar a la niña en una semana. Quien no se quedó conforme al enterarse fue Javier, como Amanda ya esperaba. Una tarde apareció abriendo la cancela de la casa cuando ella estaba en el jardín cortando flores para poner en la recepción.
-¿Qué es esa estupidez de que te vas?
-Hola, Javier-le dijo ella, con calma. Si entras te daré un café. Pero me vas a prometer que dejarás de gruñir.
La siguió en silencio, aunque con el ceño fruncido. Amanda puso la cafetera al fuego y colocó en la mesa dos tazas con sus platillos, el azucarero y unas pastas. Le recordó, no pudo evitarlo, al día que se habían conocido; en otra cocina pero también ante un café. En cierto modo sentía pena por no haber tenido más cosas con Javier. En otras circunstancias pensaba que lo suyo podría haber evolucionado y convertirse en una historia importante, pero llegó Michael como un tornado y revolucionó toda su vida.
-Ahora ya me contarás que es esa tontería de marcharte.
-No es ninguna tontería. Me apetece mucho cambiar de aires durante un tiempo y aprovechando que Jorge puede quedarse a cargo de todo, he decidido tomarme unas vacaciones, quizá un año sabático.
-¿Un año?-preguntó, asustado. Tú has enloquecido. Acabas de abrir un negocio y te largas y lo dejas en manos de un desconocido que te va a desplumar.
-No creo que me desplume, como tú dices. Y no he enloquecido. Creo que en mi vida he estado más cuerda.
-¿Tiene algo que ver con el rubio?
-No, Javier, tiene que ver conmigo misma. De hecho Michael y yo hemos roto. No es que sea de tu incumbencia, pero prefiero que te enteres por mí.
El rostro de Javier Valdés se ensanchó con una sonrisa, que enseguida borró. Tocó suavemente la mano de Amanda. No llegó a ser una caricia, sino más bien un roce leve.
-No puedo decirte que lo siento porque mentiría. Y sabes que yo no miento. Pero…me duele que estés mal. Porque se nota que lo estás. Haría cualquier cosa por ayudarte, por alegrarte. No sé qué decir. Cualquier cosa que digas la vas a malinterpretar.
Amanda le sonrió, mirándole profundamente a los ojos. Y fue ella quien se acercó a él y le besó levemente en los labios, al mismo tiempo que le acariciaba la mejilla. Luchó por contener las lágrimas.
-Gracias Javier. Sé que lo dices de verdad. ¿Sabes una cosa? Eres alguien importante en mi vida y siempre lo vas a ser. No importa que lo nuestro no haya cuajado, quizá es que no nos conocimos en el momento adecuado.
-Estaríamos bien si no fuese por ese imbécil…
Amanda le puso un dedo en los labios, indicándole que parase.
-Déjalo. Él no ha tenido nada que ver. Yo prefiero achacarlo al destino. El caso es que me alegro mucho de haberte conocido, a pesar de todo lo que me has hecho enfadar.
-También reír-apuntó el arquitecto.
-También reír. Y rabiar. Pero has hecho un trabajo fenomenal con la casa y en cuanto a lo personal, me has dado mucho.
-Podría darte mucho más si tú me dejases.
Se detuvo, sabía que no era el momento y no quería molestarla. Hoy no era día de eso.
-Amanda le sirvió más café y sonrió entre lágrimas.
-Pero esto no quiero que sea una despedida, Javier, y estamos haciendo las cosas como si lo fuese. Estaré fuera un tiempo, no sé cuándo exactamente, pero volveré. Y quiero que mantengamos el contacto. Tenemos el mail y el whatssap. Te quiero en mi vida, no en los alrededores, sino dentro.
-Yo querría estar de otra forma, Amanda
-A veces la amistad es la mejor de las formas, querido mío. Los amores van y vienen, pero los amigos de verdad permanecen para siempre.
-Yo me siento más que tu amigo. No te lo repetiré. Ya lo sabes.
Ella asintió. Cuando Javier se levantó para marcharse se dieron un apretado abrazo. Amanda volvió a acariciarle la mejilla y le ordenó que se cuidase. El próximo domingo se verían de nuevo; ambos eran los padrinos de Irene. Pero ya sería delante de mucha gente y de otra manera, así que se alegraba de haber podido tener con él este rato de intimidad. No le había mentido; Javier era parte de su vida, y siempre lo sería. Le había dado cosas buenas y ella pensaba que cuando alguien pasa por nuestras vidas siempre deja un poso y nos enseña. También Michael le había enseñado. En su caso con él aprendió a sentir de verdad y a amar por encima de todas las cosas. Había aprendido también a vivir con miedo y a esperar con paciencia. Todo eso ya formaba parte de ella y siempre se quedaría ahí.







No hay comentarios:

Publicar un comentario