Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2015

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 26

No estaba con el mejor ánimo para ocuparme de los asuntos de Laura y menos de hacer de abogado defensor, pero me había comprometido y no me quedaba más remedio que hacer lo que de mí se esperaba. Igual que me había pasado con mi madre, me di cuenta al abrazar a la tía Lola de que también ella se había vuelto frágil y quebradiza como un gorrión. Iba, como siempre, impecablemente vestida, pero sus zapatillas de andar por casa no hacían buen juego con el vestido gris perla y el collar; y me di cuenta de que se había puesto una perla en una oreja y en la otra una pequeña amatista que yo misma le había regalado en Navidad. Me inquietó pensar que probablemente tuviese lapsus y se le fuese de vez en cuando la cabeza. ¿Cuántos años tenía? Supongo que unos setenta y cinco, como mi madre. Me ofrecí a preparar el café y ella no se opuso.
-¿Nos lo tomamos en la cocina?-le propuse.
Se encogió de hombros, dudosa, pero al final accedió.
-¿Y Anita?

DECISIONES 27

El paseo en moto no trajo consecuencias fatales; es decir, nadie resultó muerto ni herido. Pero a Laura le removió mucho por dentro darse cuenta de que el bienestar de una chiquilla a quien acababa de conocer la preocupaba hasta el punto de temer que le pasase algo malo. No estaba ya acostumbrada a ese tipo de sentimientos y tampoco sabía si quería tenerlos. Eso hizo que se retrotrajese como una ostra en su concha y se pasó varios días ensimismada y sin querer apenas hablar. Cuando Isabel venía a comer apenas despegaba los labios y a la chica le dio por pensar que estaba enfadada por su escapada.
La realidad era otra. Laura había vuelto a pensar con la misma fuerza que al principio en que lo mejor para ella sería quitarse de en medio. Se había dado cuenta de que era demasiado cobarde para lo que implica vivir. Por eso volvió a pensar en aquel presidiario con el que había tenido un sucedáneo de idilio. Se acordaba de su nombre, Joaquín; pero le costaba recordar también el apellido. D…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 25

Cuando salí de trabajar fui a casa de Laura. Me había llamado aquella tarde a primera hora para que cenásemos juntas y supe que algo tenía que decirme. Me quedé tranquila cuando me abrió la puerta y la vi vestida de rosa encendido, de los pies a la cabeza. Se había levantado con el aura en tono optimista, lo cual me indicaba que había noticias, pero buenas. Y me quedé ya totalmente convencida cuando me fijé en la mesa que había dispuesto: mantel blanco como la nieve, un centro de lilas, ensalada y una quiche vegetal. Todo estaba bien; seguía contando las calorías, con lo cual no debía preocuparme.
-¿Qué celebramos?
-Que mañana Mateo se muda aquí, conmigo.
No supe qué decirle. Para mis adentros pensaba que era demasiado pronto, pero no le dije nada. Sabía que cada persona tiene sus tiempos y lo que para mí era poco, seguramente para ella era toda una vida. Nunca se me ha dado bien juzgar, y no empezaría ahora.
-¿No me felicitas?
-Claro que sí. Es que m…

DECISIONES 26

Ajenos a lo que se cocía dentro de la casa, los chicos fumaban como carreteros en el jardín. Al principio se habían mantenido callados y a cierta distancia uno de otro. Isabel lo hacía porque era desconfiada por naturaleza y detrás de toda la parafernalia gótica que se había montado, tremendamente tímida. Carlos porque estaba enfadado. Su abuelo prácticamente le había obligado a que le acompañase, cuando él lo único que quería era subirse a la moto y largarse lo más lejos posible. Pero tras diez minutos de fumeteo y miradas fue el muchacho quien se decidió a romper el hielo. No conocía a nadie en este pueblucho de mierda y aunque la chica le parecía un poco pava, al menos no iba vestida como una princesita.
-¿Por qué vienes todos los días a casa de la vieja?
Ella se encogió de hombros. No quería decirle que aunque a veces Laura la fastidiaba mucho, allí al menos sentía que le importaba a alguien, aunque solo fuese para abroncarla. Al menos se fijaba en ella lo suficiente para regaña…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 24

Cuando nos sentamos nadie aludió a lo que había pasado. Tomamos café, hablamos, criticamos a los hombres, nos tomamos una copita de licor para celebrar que estábamos vivas y juntas, y cuando, a las once de la noche se marcharon, ya en la puerta, nos agarramos todas de las manos y agachamos la cabeza un instante, de común acuerdo, sin decir nada. Supongo que cada uno le oró a su Dios particular y sintió renacer la esperanza en su corazón; pero lo cierto es que cuando elevamos la mirada, sonreímos y dimos gracias por estar vivas y juntas. Todo lo que viniese, lo superaríamos.
Y bien sabe Dios que todas nosotras teníamos mucho que superar, cada una de una manera distinta pero a cada una la vida nos había golpeado. Al día siguiente me llevé una sorpresa cuando me dijeron que había una señora que no tenía cita concertada y que insistía en verme. Me iba fatal porque tenía la tarde muy ajustada de tiempo, pero cua…

DECISIONES 25

Sin embargo ella parecía encontrarse muy cómoda con aquella conversación de tintes surrealistas y siguió hablando.
-Los hombres de su generación e incluso posteriores no fueron preparados para tener una relación de igualdad con las mujeres. O piensan en ellas como putas o como florecillas silvestres. Y lamento decirle, mi querido amigo, que por regla general no somos ni una cosa ni la otra. Simplemente somos personas, como ustedes, con nuestros miedos, nuestras incapacidades y también nuestros rasgos de valentía y por supuesto, albergamos vida inteligente. No hay que hablarnos como si fuésemos retrasadas ni protegernos de todo.
-Tiene poca fe en los hombres. ¿Tan mal la han tratado?
Laura no esperaba una pregunta tan directa. Estuvo a punto de soltarle una frase lapidaria de las suyas, de las tantas que tenía guardadas para pararle los pies a todo aquel que pretendía sacarlos del tiesto. Pero pensó que hacerlo sería una injusticia, porque ella había sido la que inició la conversació…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 23

Al día siguiente tocaba reunión de perdularias, en mi casa. Había preparado pastas para tomar con el café y aunque lo dudé, saqué los licores. Me barruntaba que al final acabaríamos necesitándolos. La primera en llegar fue Laura. El amor hace que aflore lo mejor de nosotras mismas, y mi amiga estaba encantada de la vida y de haberse conocido. Nada parecía ensombrecer su felicidad, e incluso se negaba a compadecerse de Luisa Fernanda, alegando que sería para bien.
-¿Para bien de quién?-le pregunté mientras ambas poníamos la mesa para las chicas.
-Pues de ella, claro. A mí nunca me ha gustado su marido; es un sieso.
-Ya, puede ser. Pero el caso es que a quien le tiene que gustar no es a ti, sino a ella. Y supongo que si seguía casada con él, sería por algo.
-O no-me contradijo ella.
Siempre he detestado cuando la gente se pone enigmática, sobre todo cuando tengo la cabeza en otra parte y no estoy para adivinanzas ni jeroglíficos. Y ahora mismo mi cabeza estaba c…

DECISIONES 24

Aunque para Laura el tema había quedado zanjado, Lucas no pensaba igual y tenía una grandísima curiosidad por saber más. Pero al mismo tiempo también temía que ella se molestase. Su impredecible carácter le hacía siempre andar con pies de plomo con ella, aunque esa nunca había sido una de sus virtudes. Generalmente y a medida que se iba haciendo viejo todavía más, solía decir lo que le venía en gana, sin medir demasiado las consecuencias. Pero con Laura no quería que esa impronta le llevase a que esa incipiente relación sufriese mella alguna. Pese a todo, decidió arriesgarse; la curiosidad le podía más.
-¿Sabe usted mucho de putas?-le preguntó a bocajarro, interrumpiendo una conversación sobre lo difícil que era encontrar buenos libros de Arte en la pequeña librería del pueblo.
Laura no se inmutó. Siguió sirviendo tranquilamente más café y le puso dos terrones de azúcar. Revolvió cuidadosamente y posando la cucharilla en el platito tomó un sorbo con delicadeza.
-Dependa lo que usted…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 22

Empecé la semana desanimada y vacía. Tenía la sensación, en mi relación con Alexander, de estar enterrada en arenas movedizas. Por más que ansiaba la seguridad y la calma, y aunque él hacía lo posible por dármelas de la manera en que podía hacerlo; yo sentía irremediablemente que había una parte de él oscura e insondable a la que nunca me permitiría llegar. Se parecía a una ostra, y así se cerraba en ocasiones. Hubiese preferido alguien que me pusiese límites claros, diciendo de viva voz a dónde podía o no podía llegar. Él no haría eso, lo consideraría de mala educación, poco caballeroso. Aparentemente, me abría todas las puertas de su vida y de su casa, me daba las llaves y me dejaba que me aposentase. Pero en este castillo que me ofrecía había muchas habitaciones sin acceso, rincones apartados de su alma a los que yo nunca podría llegar. Consideraba más fácil conseguir el cariño de la díscola Flavia que lograr que su padr…

DECISIONES 23

Un lunes soleado que más bien parecía domingo Isabel se presentó a comer con peor aspecto y cariz que de costumbre. Apenas levantó la vista del plato y más que comer lo que hizo fue pasear los espaguetis de un lado a otro y mascullar para sí. Laura soportó con estoicismo su cara larga y se mantuvo callada hasta que terminaron de comer. Fue entonces cuando le pidió que hiciese café.
-Nosotras no lo tomamos nunca-le recordó la chica.
-Pues hoy lo tomaremos. O al menos yo. Vienen mis vecinos.
-Pensé que no hablabas con nadie. ¿Es el de la moto?
-Ese mismo. Y también su abuelo. Supongo que con él tendrás algún tema de conversación. Vais vestidos con las mismas pintas siniestras, así que algo en común tendréis.
Isabel no le contestó, pero al menos se levantó y preparó café, aunque sin dejar de fruncir el ceño y poner morros mientras llenaba de agua la cafetera y la ponía al fuego. Apenas Laura había colocado en la mesa de la sala el servicio para cuatro y una tarta de manzana recién hech…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 21

Fue una noche perfecta, si obviamos que nos vimos obligados a separarnos a las siete de la mañana, antes de que los niños se despertasen. Me quedé en la cama riendo al verle salir vestido tan solo con el pantalón del pijama, de puntillas y mirando a ambos lados, como un ladrón. Y me resultó difícil no volver a reírme cuando nos reunimos a desayunar en la cocina. Hicimos el desayuno entre los dos. Yo me dediqué al zumo y las tostadas y el preparó nuestro café y la leche con cacao de sus hijos. Rodolfo estaba contento y no paraba de hablar. Me sorprendí cuando al verme en la cocina se acercó con su pijama de aviones y me estampó un beso en la mejilla. Me emocioné como una tonta y tuve que esforzarme para no soltar una lágrima. Realmente, que diría Leo, me estaba convirtiendo en una blanda. Pero como siempre hay un lado malo, Flavia seguía tan huraña como el día anterior. A diferencia de su hermano, ella ya se había vestido, y de una manera un tanto indescriptible. Llevaba un peto vaqu…

DECISIONES 22

Isabel comía de lunes a viernes con Laura y aunque siempre llegaba de malas pulgas y refunfuñando, en el fondo para las dos se había convertido en una especie de rutina. Odiaba las diatribas de la vieja, como le llamaba interiormente, y siempre le contestaba de malos modos o se quedaba en un ignominioso silencio mientras le lanzaba miradas furibundas. Ella también la miraba fijamente y más bien parecía una película de pistoleros del Oeste midiéndose en el salón del pueblo antes de salir a batirse. Sin embargo en su fuero interno aquella jovencita se decía que era la primera vez en la vida que sentía que el importaba a alguien lo suficiente como para que le regañase por sentarse mal a la mesa, por no comer con la boca cerrada o por llegar tarde. Sus padres siempre la habían dejado que campase por sus respetos, desde que ella podía recordar. Se limitaban a darle techo y comida, pero nunca la habían castigado ni se habían preocupado de que hiciese sus deberes o no faltase a clase. En mu…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 20

La cena no fue sencilla ni fácil para mí. Alexander y Rodolfo se comportaban con naturalidad y los tres manteníamos la conversación aparentando no fijarnos en el ceño fruncido de Flavia. Apenas había probado bocado y se limitaba a dar vueltas en el plato a la comida, pasándola de un lado al otro. Varias veces que su padre hizo amago de reprenderla yo le apreté la mano por debajo de la mesa y con los ojos le pedí que no lo hiciese. Creo que no me equivocaba al pensar que ella sería el fuerte que había que conquistar, y tenía que intentar hacerlo yo sola, y poco a poco. Si había alguien en el mundo que supiese de niñas tercas y caprichosas, supongo que era yo. Había lidiado veintitantos años con una y todavía continuaba en la lucha. Suspiré, resignada, mientras miraba a la niña con disimulo. Sentí por ella una piedad no exenta de simpatía y de cariño. Su mundo se tambaleaba. Ella había sido la reina de aquella casa y había llevado como una pequeña déspota a su padre y a su hermano hast…

DECISIONES 21

Una mañana se encontró con Lucas Pardo y su nieto cuando ambos llegaban a casa y ella estaba en el jardín regando las plantas. Lucas se acercó a saludarla y con un gesto indicó a su nieto que le acompañase. Él accedió a regañadientes, lo cual no pasó desapercibido a Laura. No le culpó. En el fondo, ¿para qué necesitaba hablar con una vieja a la que no conocía de nada?
-Buenos días, Laura. Le presento a Carlos, mi nieto. Saluda a la señora Serrano-le indicó.
El chico dijo un simple hola, apagado, y siguió con las manos en los bolsillos. Laura se limitó a contestar con una leve inclinación de cabeza y se mostró aliviada cuando el muchacho abrió la valla de su propio jardín y entró. Lucas se encogió de hombros.
-No puedo con él. Sencillamente. Si no fuese porque come como un buey juraría que vivo con un fantasma. Lo único que hace es comer, dormir, pasarse horas delante de la pantalla del ordenador o con el móvil y salir en esa endiablada moto. Es sangre de mi sangre pero sinceramente, …

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 19

Me miraba retadora y con los ojos echando chispas. Enfrenté su mirada y conjuré la presencia benéfica de mi padre para que me iluminase y consiguiese entrar en el corazón de mi hija. Me mojé los labios; los sentía resecos; en realidad toda yo estaba seca y me daba la sensación de que empezaría a quebrarme como las hojas en otoño cuando alfombran los bosques y las pisamos.
-Si te lo digo, Irina, y no me cuesta ningún trabajo porque no miento. Eres libre de pensar y creer lo que quieras, pero la única verdad es que una madre nunca podría elegir a uno de sus hijos sobre otro. Para mi sois iguales Lucas y tú; aunque seáis distintos y con cada uno de vosotros tenga una relación especial, adecuada a vuestras distintas personalidades. Es verdad que tú te pareces a tu padre y tu hermano a mí; pero no olvides que yo quise a tu padre, y no importa que lo nuestro no acabase bien; nos amamos durante un tiempo y nunca podría ofenderme que uno de mis hijos se parezca a él. Por Dios, ¿es qué no t…