6 de septiembre de 2015

DECISIONES 15



Laura se sentía tan cómoda que le sirvió a su invitado otro café e incluso se atrevió, rompiendo todas sus normas, a preguntarle por qué habían venido a parar a la vieja casa de sus suegros.
-La casa ahora es de mi hija, y ella me pidió que me trasladase con Carlos. En la ciudad donde vivíamos antes estaba con amigos poco recomendables.
Ella se abstuvo de decirle que igual el poco recomendable era precisamente el chico; los padres y abuelos siempre piensan que la culpa es de los demás.
-Aunque quizá los que se quedaron aliviados fueron los padres de los otros muchachos-dijo Lucas, muy serio, tomando un sorbo de café. Y Laura estalló en una carcajada que sonó rara a sus oídos. Hacía mucho tiempo que no se reía en voz alta.
Se sintió en el deber de explicar su estallido de hilaridad.
-Perdóneme, pensará que soy una maleducada. Me rio porque es lo mismo más o menos que yo estaba pensando, pero es el primer familiar que conozco que actúa de este modo. Siempre tienden a proteger y defender a los suyos aunque sean más culpables que el mismo demonio.
-¿Y cómo es que sabe usted tanto de chicos?
-No hay misterio. Fui maestra toda mi vida; primero de niños pequeños y más tarde me tocó lidiar con adolescentes. La mayoría de los muchachos de cuarenta años y algo más de esta zona aprendieron a leer y escribir conmigo.
-Yo no sé tanto sobre el tema, voy aprendiendo sobre la marcha. Mi hija fue una adolescente estudiosa y tranquila. Y mi profesión no me ha hecho tratar demasiado con niños. Soy abogado; bueno, lo era. Ya estoy jubilado hace unos cuantos años.
Siguieron conversando un rato más, y cuando ya casi eran las diez de la noche Lucas se despidió alegando que debía vigilar que su nieto hubiese llegado a casa.
-Tiene toque de queda, pero hace lo que puede por escabullirse.
-Gracias por traer de vuelta a la gata-le dijo Laura, ya en la puerta.
-No hay de qué.
Dudó durante un minuto y cuando ya estaba en el jardín se dio la vuelta y le propuso salir al día siguiente a tomar un café y dar un paseo. Laura no podía verle la cara; estaba en medio de la penumbra y su vista de lejos no era demasiado buena. Se quedó callada unos segundos; estaba sorprendida. Pero todavía se sorprendió más cuando se oyó decir que sí, y él respondió que la recogería a las seis de la tarde.
Volvió a su cocina con la sensación de estar haciendo algo prohibido. Era como si se estuviese traicionando a sí misma. Desde hacía tiempo más que vivir vegetaba y no se había permitido disfrutar de nada. Parecía como si gozase pensando que la vida era aburrida y triste. Y de repente, en pocos días, todo había dado un giro, aunque no estaba segura de que fuese para bien. La muestra era la llegada de Freya. Había traído una ilusión a su oscuro mundo y de repente su corta escapada la había llenado de miedo. Hacía Ya mucho tiempo que no sentía miedo por nadie. Tal vez vegetar era precisamente eso, no temer ni sufrir por nadie porque a nadie tenía. Y no estaba del todo segura de que cambiar esa situación fuese correcto. Era cómodo vivir en soledad aunque a veces echase en falta el contacto con alguien y sobre todo una conversación como la que acababa de tener con su vecino. Parecía un hombre práctico y sincero, honesto consigo mismo y que llamaba a las cosas por su nombre. Algo muy raro últimamente. A veces pensaba que ella era una especie de bicho raro. Y puede que lo fuese, pero Lucas Pardo tampoco era una persona al uso; de eso estaba bastante segura.




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