16 de septiembre de 2015

DECISIONES 18



Laura no se sintió obligada a defender a sus compañeras de género. No solía pensar en hombres y mujeres contrapuestos, sino en personas. Y las había buenas y malas. Quizá por eso Lucas se quedó algo trastocado. Había esperado protestas, acusaciones, incluso un ocasional enfado. Pero aquella mujer tan extraña se quedó callada, mirándole con sus lánguidos ojos de agua, y eso hizo que él se sintiese extrañamente obligado a una justificación, cuanto más porque ella no se la había pedido y parecía que no iba a hacerlo. Era como si todo le fuese ajeno, como si no hubiese nada que le importase lo suficiente para hacerla salir de su mundo.
-¿No me va a pedir explicaciones?
-¿Yo?-se extrañó ella, riendo. Ni se me ocurriría. Ya hace muchos años que he descubierto que es una estupidez pedirle a la gente que se explique. El que quiere hacerlo, lo hace. Y además, sinceramente, creo que en este caso no lo necesito.
-¿Y por qué no?
Estaba un poco molesto por el desinterés y tenía mucha curiosidad.
-Quizá yo tenga una parte masculina dentro de mí y no sea una mujer al uso. Será por eso que le entiendo muy bien. Una amante está solo para pasar buenos ratos, disfrutar y no tener más obligación que el de darle buen sexo. Una esposa, o un esposo si viene al caso, que no es diferente, es algo mucho más pesado. Y no crea usted que solo las amantes quieren convertirse en esposas. Al final los amantes también pretenden, sino ser esposo, si tener control y poder.
-Habla usted como si supiese del tema.
-Amigo mío, me falta poco para tener setenta años. Algunas experiencias he tenido. Y créame, los hombres pueden ser muy pesados y controladores cuando una mujer está en su cama varias noches seguidas.
Lucas estaba sinceramente asombrado. Y ella se dio cuenta.
-¿Le escandalizo?
-No exactamente. Pero es que como tiene usted ese aspecto-dudó antes de seguir-de señora elegante, de dama seria, la verdad es que no pensé que…
No sabía cómo seguir. Temía ofenderla, aunque barruntaba que no era de las que se ofenden con la sinceridad.
-Los dos hemos vivido lo suficiente para saber de qué hablamos. Yo no me he casado, pero he tenido unos cuantos amantes, no le diré que sea una Mesalina ni nada parecido, pero no he despreciado nunca a un hombre que me gustase. Yo no creo en los pecados de cintura para abajo. Bueno, debería decir que no tengo muy claro el concepto de pecado. Mi moral es estricta en muchas cosas y muy laxa en otras. Más bien creo en el Mal, pero en todo caso no viene nunca de un buen rato pasado en la cama. A menudo me digo a mi misma que la mayor parte de la gente jodería menos si follase más.
Lucas se atragantó con el café y Laura tuvo que levantarse y darle unas palmaditas en la espalda. Por un momento temió que le diese un soponcio. Le compadeció. Le había asustado. No estaba acostumbrado a oír tales palabras en boca de una señora mayor y de aspecto pulcro y cuidado. Y se sintió de maravilla. Le gustaba provocar y aunque no solía ser mal hablado habitualmente, había veces en que la ocasión merecía palabras contundentes. Este era uno de esos momentos. ¿Qué sería de la vida sin un poco de sal y pimienta? De repente le pareció volver a los veinte años, cuando estudiaba y asustaba a los muchachos de su edad o incluso a hombres mucho mayores que ella con sus salidas de tono y su franqueza. Cuando los hombres la veían les parecía una florecilla de invernadero, suave y frágil. Luego descubrían que era un cardo con espinas, y algunas podían ser muy venenosas. Los que se quedaban el tiempo suficiente a su lado podían descubrir que también escondía una parte muy dulce y tierna, más acorde con su imagen inicial. Pero esto no a todo el mundo le estaba permitido apreciarlo. Eran muy pocos los que habían llegado a ese interior, y siempre le habían roto el alma en mil pedazos.




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