26 de septiembre de 2015

DECISIONES 24



Aunque para Laura el tema había quedado zanjado, Lucas no pensaba igual y tenía una grandísima curiosidad por saber más. Pero al mismo tiempo también temía que ella se molestase. Su impredecible carácter le hacía siempre andar con pies de plomo con ella, aunque esa nunca había sido una de sus virtudes. Generalmente y a medida que se iba haciendo viejo todavía más, solía decir lo que le venía en gana, sin medir demasiado las consecuencias. Pero con Laura no quería que esa impronta le llevase a que esa incipiente relación sufriese mella alguna. Pese a todo, decidió arriesgarse; la curiosidad le podía más.
-¿Sabe usted mucho de putas?-le preguntó a bocajarro, interrumpiendo una conversación sobre lo difícil que era encontrar buenos libros de Arte en la pequeña librería del pueblo.
Laura no se inmutó. Siguió sirviendo tranquilamente más café y le puso dos terrones de azúcar. Revolvió cuidadosamente y posando la cucharilla en el platito tomó un sorbo con delicadeza.
-Dependa lo que usted entienda por puta. Nunca lo he sido.
-Por favor, yo no he querido…
Ella cortó su aturrullamiento con un gesto.
-No haga un drama, Lucas, ninguno de los dos tenemos ya edad para muchos asombros. No, no he sido puta, pero no le niego que me hubiese atraído mucho ser Madame en alguno de esos antros de los años sesenta o setenta. Pero bueno, no se dio la circunstancia. No se haga falsas ideas; más que nada para enterarme de cosas; me puede siempre la curiosidad, y desde luego no en este pueblucho, pero me imagino que en un burdel de la capital siempre se moverían cuentos y dimes y diretes de gente poderosa.
-¿No pretendería chantajearles?
-Pues no lo había pensado. Pero ahora que lo dice…no estaría mal.
Estalló en una franca carcajada y se dio cuenta que desde que conocía a este hombre había reído más que en los últimos diez años. Se recompuso rápidamente. Una mujer que pretende dejar de vivir se supone que tampoco debe encontrar motivos para reírse. Debía ser equilibrada, al menos por una vez en su vida, aunque más bien era una equilibrista, siempre en la cuerda floja.
-Me ha hecho una pregunta y se la voy a responder. Sé bastante de putas por un motivo muy simple: conviví bastante con ellas hace ya muchos años.
Lucas se quedó mudo de asombro pero no dijo nada para no interrumpirla.
-Cuando era bastante joven colaboraba con causas sociales. Lo primero que hice fue ayudar en una cárcel. Casi todos eran hombres y les enseñaba a leer y escribir, muchos no sabían. Y los que sabían lo hacían con tremendas faltas de ortografía. Uno de los peores, uno con cara de patibulario enloquecido, se enamoriscó algo de mí y me dejaba unas poesías llenas de errores pero no demasiado malas. Como yo era tan joven, supongo que le idealicé, lo cual a mis años me llena de vergüenza y a la vez de nostalgia por la muchacha inocente que fui un día.
Hizo una pausa para beber otro sorbo de café.
-Lo siguiente por lógica fue colaborar con la cárcel de mujeres y allí la mayoría eran prostitutas. También había un par de mujeres condenadas por robos menores o asesinato, de sus maridos-puntualizó- que debo decir que se lo merecían y mucho. Pero como le digo casi todas habían sido putas y lo serían de nuevo una vez que pisasen la calle. Y fue inevitable conversar bastante con ellas. Me contaban sus vidas, me pedían consejo, aunque muchas de ellas tenían casi edad para ser mi madre. Ninguna tuvo una vida fácil ni le gustaba lo que hacía. Pero era lo que había. Y lo soportaban con estoicismo y muchas hasta con grandeza. Me parecieron personas puras.
-¿Puras las putas?-barbotó Lucas.
-No me defraude Lucas, no sea usted obtuso como la mayoría de los hombres. Si, puras, mucho más que algunas esposas que solo se han acostado con sus maridos. La mayor parte de la gente mide la pureza por cuántos hombres se ha trajinado una mujer. Permítame que me ría. La pureza va dentro de cada cual, en su manera de enfrentar la vida, de tratar a los demás, de muchas cosas, pero desde luego no en el número de veces que alguien se acuesta con otra persona. Eso es accesorio y desde luego nada importante.
-¿Usted no considera importante encamarse con alguien?
Movió las manos con inquietud. Le hubiese venido muy bien un cigarrillo.
-Pues depende. Si se ama a esa persona y representa algo, es tremendamente importante. Pero también se puede hacer por un simple desahogo físico o como en el caso de estas mujeres, por necesidad. Entonces es tan importante como sonarse los mocos, permítame la comparación.
Lucas se había quedado sin palabras, aunque como abogado, siempre tenía una pronta respuesta. Pero no para las ideas de Laura.





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