28 de septiembre de 2015

DECISIONES 26



Ajenos a lo que se cocía dentro de la casa, los chicos fumaban como carreteros en el jardín. Al principio se habían mantenido callados y a cierta distancia uno de otro. Isabel lo hacía porque era desconfiada por naturaleza y detrás de toda la parafernalia gótica que se había montado, tremendamente tímida. Carlos porque estaba enfadado. Su abuelo prácticamente le había obligado a que le acompañase, cuando él lo único que quería era subirse a la moto y largarse lo más lejos posible. Pero tras diez minutos de fumeteo y miradas fue el muchacho quien se decidió a romper el hielo. No conocía a nadie en este pueblucho de mierda y aunque la chica le parecía un poco pava, al menos no iba vestida como una princesita.
-¿Por qué vienes todos los días a casa de la vieja?
Ella se encogió de hombros. No quería decirle que aunque a veces Laura la fastidiaba mucho, allí al menos sentía que le importaba a alguien, aunque solo fuese para abroncarla. Al menos se fijaba en ella lo suficiente para regañarla, que era más de lo que podía decir de su madre.
-Me da de comer. Y latía cocina bien, aunque no es que yo coma demasiado. Pero hay que alimentarse.
Encendió otro cigarro y se dejó caer, desmadejada, en un banco del jardín. Carlos se sentó a su lado, adoptando la misma postura indolente.
-¿Y tú por qué te has venido aquí con el viejo?
-Psss, no me ha quedado más remedio. Mi madre se ha ido a trabajar a Alemania y quería que fuese con ella. Pero no tengo ganas de aprender alemán y toda esa mierda.
-¿Y tu padre?
El chico esbozó una media sonrisa amarga.
-Se ha casado con una piba que puede ser su hija y han tenido un bebé. Ella no me quiere rondando por allí y a mí tampoco me apetece hacerle de canguro a una hermanita meona. Así que no me ha quedado otra que venirme aquí con el viejo. Habría podido ser peor. Aunque aquí no hay nada que hacer, pero no me queda otro remedio que ir al Instituto en septiembre. Es eso, Alemania o un internado. Y allí no me dejarían llevar el pelo como quiero ni vestirme así.
Isabel asintió, en silencio. Le entendía bien, y en cierta manera le envidiaba. Al menos su madre se preocupaba por él lo bastante como para querer que la acompañase y tenía un abuelo. Ella no tenía a nadie.
-¿Tus viejos también están separados?
Era más una afirmación que una pregunta, y la chica asintió. Sintió vergüenza al darse cuenta de que se le estaban llenando los ojos de lágrimas. No quería llorar delante de alguien a quien no conocía de nada. En realidad le disgustaba profundamente llorar delante de cualquier persona. Casi nunca lo hacía. Solo Iker la había visto llorar alguna vez.
-¿Te apetece un paseo en moto?
No le contestó, pero se levantó rápidamente y abrió la cancela del jardín. Carlos la siguió y salieron juntos. Laura y Lucas tardaron más de media hora en darse cuenta de que no estaban. Y ella montó en cólera.
-Si le pasa algo a Isabel le juro que mataré a ese nieto suyo. Debe atarle en corto o le dará más de un disgusto.
Lucas trató de calmarla.
-No se ponga melodramática, que no le va nada. ¿Qué mal puede haber en que den una vuelta en la moto? Cierto que deberían haber avisado, pero son chicos, al fin y al cabo.
Ella no se dignó contestarle. No podía decirle que sus miedos eran distintos a lo que él pensaba. Temía que la chica cometiese cualquier locura. No podía olvidar donde la había conocido. A Lucas no podía decirle la verdad porque entonces se daría cuenta de que ella también buscaba quitarse de en medio. Y una cosa era lo que ella pensase, y otra que alguien más lo supiese. Cierto que lo sabía Isabel, pero era un secreto de las dos y estaba segura de que no diría nada. Era como si compartiesen algo vergonzoso que las unía y que no se podía decir en voz alta. Y allí de pie, en su jardín, al lado de ese hombre al que acababa de conocer también, pensó en lo extraña que podía ser la vida y como a veces ponía en contacto a seres afines con los que, ateniéndose a la razón pura y dura, pocas posibilidades había de conocer. No sabía en ese momento si era para bien o para mal. Esperaba poder descubrirlo, de alguna manera.






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