2 de septiembre de 2015

MI RAGNAR






Ragnar Lodbrock fue real. Ya sé que quienes me conocen se ríen de mi o conmigo; no lo sé, espero que sea lo último, porque estoy loca por los ojos del actor. Me declaro culpable, la carne es débil, la mía muy débil.

Pero hay más. La figura del rey Ragnar forma parte de las Sagas vikingas. No sé sabe si era sueco, noruego o danés, aunque se cree que danés. Lo que si se sabe y lo que importa, es que fue un vikingo de libro. Empezó a tomar parte en batallas a la tierna edad de quince años. Pero no olvidemos que aunque en nuestro civilizado mundo un niño de quince años es eso, un niño, mientras que entonces era todo un hombre. De hecho a esa edad sustituyó a su padre en el gobierno.

Puede incluso que Ragnar hubiese estado presente en el ataque y saqueo a Lindisfarne. También es cierto que su primera mujer se llamó Lagertha, y que la consiguió después de vencer a un oso y a un lobo. Pero no se contentó con ella y en sus excursiones e incursiones frecuentó muchos lechos ajenos e incluso se desposó por segunda vez con la noble Thora. Kraka fue su tercera esposa y las tres le dieron hijos.

Parece ser que Ragnar participó en el ataque a Paris en el año 845 y después se embarcó hacia Northumbria, donde la suerte no le sonrió como de costumbre y el rey Ella le hizo prisionero. Dicen las crónicas que le lanzó a un pozo de serpientes y antes de morir prometió que sus hijos le vengarían.

Y así fue. De hecho sometieron al rey Ella a la tortura vikinga conocida como el águila de sangre. Se le pegaba un hachazo a la víctima en el costado y luego se le reventaban las costillas hasta que los pulmones salían disparados produciendo un sonido parecido a un aleteo. Todo muy hermoso a la par que edificante

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