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Mostrando entradas de octubre, 2015

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 44

Pero a veces Dios escucha nuestros ruegos. Cuando abrí la puerta del coche casi lloro de alegría al encontrarme con la familiar palanca con la letra N, P, y los números 1-2-3. Aleluya, gracias sean dadas a todos los dioses, especialmente aquellos que cuidan de las personas torpes. El coche encendió a la primera, y comprobé que tenía el tanque lleno. Un mando del garaje descansaba en la bandeja debajo del salpicadero; normal; como buen alemán Alex nunca dejaba nada al azar. Decidí sacarlo ahora ya del garaje y aparcarlo delante de casa para salir con los niños. No me gusta hacer maniobras con gente delante, aunque sea menuda. Aunque en realidad no tuve que hacer nada más que abrir la puerta y acelerar para subir la rampa. La plaza, por misericordia divina, estaba enfrente del enorme portalón. Entré en la casa casi canturreando y me enfadé conmigo misma por estar tan contenta sin saber cómo estaba el pobre Alexander. Iba a llamar a los niños para sali…

DECISIONES 45

No, Isabel no era una bruja. Tan sólo era una niña muy sola, muy aterrorizada por todo y con mucha necesidad de afecto. Nadie había tenido tiempo para ella hasta que llegó Laura, y de rebote, también Carlos, aunque de él no se fiaba del todo. Con los tíos, ya se sabía lo que pasaba. Desde que Iker la había dejado tirada como se hace con las colillas de los cigarros, sin importarle lo mal que se encontrase, le costaba fiarse de alguien a ese nivel. Pero de momento estaba bien con Carlos. Nunca le había mentido, al menos que ella supiese, y se hacían compañía mutuamente. Le gustaba, eso no podía negarlo; pero no quería pensar más allá. En ocasiones desearía meterse en una cama muy honda y muy grande, taparse con muchos edredones, poner música muy alta y que le reventasen los oídos y el corazón mientras su sangre iba empapando poco a poco la cama y llegaba hasta el suelo, y se quedaba ahí para siempre. Había leído en un libro que encontró en la biblioteca de Laura que las manchas de san…

NECESITO POCO

Necesito poco.
Tan poco que me asusta
el miedo a necesitar.

No quiero un buenos días,
ni buenas noches siquiera;
nada espero, ni recordar.

Quiero una vida nueva.
Una rosa sin espinas,
unas cuerdas que no aten,
alguien que no me entregue
su vida entera;
voces mudas que me arrullen
cuando la soledad me desangre;
una patria sin bandera.

Quiero heridas que no duelan,
cicatrices en el alma
que por fuera no se vean.

Quiero café sin azúcar,
un país sin fronteras,
pistolas que no disparen
y hasta flores que no huelan.

Quiero desayunos sin diamantes,
un amor que no lo sea,
un reloj sin agujas
y mazmorras oscuras donde
se entierren las penas.

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 43

Llegué a la casa de Alexander pasadas las cuatro. Tuve que tocar al timbre, a pesar de lo intempestiva de la hora. La última vez que estuve allí insistió tanto que volví a mi casa con un juego de llaves de la suya, pero en mi última pelea con él, impetuosa como siempre, se las devolví por mensajería sin una nota de explicación. La asistenta me abrió la puerta con cara de sueño y de pocos amigos, a partes iguales. Era una señora de unos sesenta años que me sacaba una cabeza de altura. Intercambiamos un saludo cortés y me dijo que tenía que irse; su hijo la estaba esperando en la esquina. Le agradecí el favor de quedarse con los niños y la liberé en los dos días siguientes de venir a trabajar. Me tomé esa libertad por deferencia a las horas que se había quedado ocupándose de un trabajo que no era el suyo, pero también porque si yo iba a quedarme aquí, no quería gente sobrevolando a mi alrededor. Bastante complicada era ya la situación, y cuantas…

DECISIONES 44

Aquella noche Isabel y Carlos salieron en la moto y se fueron, como solían, al bosque que lindaba directamente con el cementerio. No lo hacían por nada morboso, sino porque era un lugar solitario en el que sabían que nadie les iba a molestar. Carlos siempre llevaba una caja de cervezas y tabaco en abundancia; y lo único que hacían eran recostarse contra el tronco de un enorme roble, beber, hablar, fumar…Algunas veces también se acostaban allí mismo. Sabían que nadie les sorprendería. Carlos estaba casi seguro de que la mañana que lo hicieron en su casa, su abuelo les había visto.
-Piénsalo bien-le dijo a Isabel, mientras le encendía el cigarrillo. Ese mismo día fue cuando la vieja habló contigo y te dijo lo del médico.
Ella se encogió de hombros. Puede que tuviese razón, aunque tenía sus dudas.
-Pero si tu abuelo nos vio, ¿cómo es que no puso el grito en el cielo, o al menos no te dijo nada luego?
-¿Yo que sé? El viejo es muy raro; no tanto como la tuya, pero también es raro de cojon…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 42

Por eso cuando sonó el teléfono me costó tanto despertarme. Encendí la luz de la lámpara pensando que el tiempo había transcurrido demasiado rápido. Tenía la sensación de que me acababa de dormir. Y según vi en la pantalla del despertador, no iba demasiado desencaminada. Apenas eran las once de la noche. Descolgué el teléfono y por un momento pensé que se habían equivocado de número. Al otro lado se oía una voz infantil, llorosa y titubeante. Pasaron unos cuantos minutos hasta que me desperté lo suficiente para darme cuenta de que era Rodolfo, un lloroso Rodolfo, quien me llamaba. Le tranquilicé lo mejor que pude y finalmente conseguí entender que su padre había tenido un accidente de coche y estaba ingresado en el hospital. Sentí que el corazón se me paraba en el pecho, pero yo era la adulta y la que debía de mantener la calma, o al menos intentarlo. Calmé al niño lo suficiente para entender que la señora que se ocupaba de la …

DECISIONES 43

La mentada sobrina nieta de Matalascañas llegó al día siguiente a comer y dado que Laura la había prevenido que irían al médico se había esmerado un poco más en el atuendo, lo cual no era decir mucho. La concesión a la elegancia la ponía que en vez del habitual pingo negro y largo que solía usar como vestido, se había puesto una minifalda; negra también pero al menos parecía limpia y sin arrugas. Las botazas militares, más propia de un miembro de la SS, no debían de ser negociables, puesto que daban remate a unas piernecillas flacas como alambres y blancas como la leche. Los pelos totalmente de punta, como si acabase de meter los dedos en un enchufe, aunque menos negros que un mes atrás; señal de que había dejado de teñirlos. De su cuello colgaba un collar lleno de calaveras, a cada cual más siniestra; y la camiseta había conocido tiempos mejores. De todos modos Laura no le hizo ningún comentario. Tan sólo cuando ambas terminaron de comer y estaban recogiendo la mesa le preguntó, c…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 41

Hicimos juntas la cena y mientras Laura lavaba la lechuga de la ensalada empezó a contarme sus penas, antes siquiera de que yo le preguntase de nuevo.
-Es un imbécil inmaduro y descerebrado.
-Te refieres a Mateo-supongo, puntualicé.
-¿A quién si no? ¿Puedes creer que está tan pegado de las faldas de su hermana mayor que la llama todos los días antes de irse a la cama? Le cuenta todo lo que ha hecho durante el día. Yo creo que cuando no le oigo le dirá hasta de qué color son mis bragas.
-Trae las servilletas; están en ese cajón-le mandé. Y siéntate ya, está todo preparado. ¿Un vinito blanco?
Se encogió de hombros, como dudando, pero al mismo tiempo ya me alargaba la copa para que le sirviese.
-Y luego es que no me ayuda nada en la casa. Le parece que soy Florinda Chico y tengo la obligación de servirle. Llega de trabajar, se ducha, se pone cómodo y se sienta con la servilleta en el regazo esperando que le sirva la mesa.
-¿Y tú le has dejado claro que tu casa no es un hotel? No es …

DECISIONES 42

Por fin llegó el temido día de las elecciones municipales. Laura se presentó en el colegio electoral a primera hora de la mañana. La noche anterior apenas había dormido con el enfado y la preocupación, a partes iguales. Tenía pánico a meter la patay equivocarse en algo. Elegir la ropa que llevaría al día siguiente la tuvo entretenida casi una hora. Como si fuese una quinceañera y no una mujer a punto de entrar en los setenta años, sacó medio armario y estuvo probando combinaciones varias hasta quedar medianamente, solo medianamente satisfecha. Al final se decidió por un traje sastre gris perla. Pero como le gustaba mucho el colorido y en el fondo lo que ella adoraba era llamar un poco la atención, decidió llevar debajo de la chaqueta una blusa rosa encendido que se ajustaba en el cuello con una lazada. Zapatos negros de tacón y bolso negro. Antes de salir se miró en el espejo. Tenía todo el aspecto de una respetable presidenta de mesa. Para imprimir más carácter y también porque las …

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 40

Empecé la semana con tranquilidad, pero cuando el martes nos reunimos en casa de Leticia, comenzaron los problemas de nuevo. Parecía que a todas nos había mirado un tuerto. Sara Patricia llegó como un alma en pena, sin maquillarse, con unos vaqueros andrajosos y una camiseta descolorida que había visto mejores tiempos. Se dejó caer en el sofá y a los dos minutos había pedido una copa de chinchón. Mala, mala señal. Las ojeras le llegaban al suelo y según pude observar había vuelto a morderse las uñas. Leticia empezó a hacerle muchas fiestas y cucamonas, pero confieso que a mí se me estaba acabando ya la paciencia con esta caterva de descerebradas que no salían de una para meterse en la siguiente.
-¿Y a ti que te pasa? ¿Qué tripa se te ha roto ahora?-la increpé.
Me miró con los ojos entornados y el ceño fruncido pero no me contestó.
-Pobrecilla-se compadeció Luisa Fernanda. Es culpa del maldito legionario. Todos los hombres son iguales-resumió…

DECISIONES 41

Con aquel muchacho cuyo nombre era incapaz de recordar no fue mucho más allá. Él estaba de vacaciones en el pueblo, visitando a sus abuelos, y cuando acabó la Semana Santa se marchó y nunca más volvió a verlo. Pero todavía ahora recordaba el sabor a menta de sus labios. Se habían pasado la sesión de cine comiendo caramelos y después de ese primer beso él le había susurrado al oído en voz baja “ahora tienes dos caramelos en la boca y yo ninguno”. Y ella, como la tonta inocente que era, se había puesto roja como la grana.
Por eso pensaba que aunque en algunas cosas los tiempos habían cambiado para mejor, ahora los adolescentes carecían de algo que era muy importante; la capacidad de ilusionarse, de querer conseguir algo y luchar para tenerlo. A veces cuando miraba a Isabel pensaba que en realidad la chica se rebelaba contra la excesiva libertad de que gozaba. Su madre, por desidia, falta de interés o porque no sabía hacerlo de otra manera, la dejaba que campase por sus respetos y no l…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 39

Nuria me esperaba en la misma salita en donde la había dejado. Sentí remordimientos cuando me di cuenta de que casi me había olvidado de ella. Como recompensa, le dije que la invitaba a cenar en mi casa.
-No quiero darte trabajo; después de todo este tiempo conduciendo no tendrás ganas de preparar una cena.
-No te preocupes, tomaremos algo sencillo. Y si tanto te remuerde la conciencia, me ayudas a cocinar y se acabaron los remordimientos.
Aceptó con una sonrisa y de común acuerdo durante el viaje de vuelta no hablamos de nada que nos recordase a los problemas que cada una de nosotras arrastraba. Nos limitamos a escuchar música y comentar los últimos libros que habíamos leído. Fue en la sobremesa cuando volvimos al problema en el que Nuria estaba inmersa.
-Entonces-me dijo mientras recogía los platos de ambas y los dejaba en el fregadero- tú opinas que debo tomar el toro por los cuernos, nunca mejor dicho, y hablar directamente con mi hija.
-Pues sí, es lo que pienso. …

DECISIONES 40

Isabel se quedó callada, sentada a la mesa con los brazos cruzados debajo del pecho y el gesto enfurruñado. Laura la miró con desagrado. Con lo guapa que podría ser esta muchacha a poco que dejase de vestirse como una enterradora y se dejase crecer el pelo con su color natural. Se marchó sin apenas despedirse, pero era ya algo habitual en ella.
Al quedarse sola recogió lo que había en la mesa y volvió todo a su estado habitual. El orden era algo connatural a ella; a menudo pensaba que si supiese que el mundo se acabaría en media hora, ese tiempo lo pasaría recogiendo cosas e intentando que todo estuviese en su sitio. Detestaba el caos y el desorden. Y por eso desde primera hora de la mañana estaba desorientada porque algo inesperado había venido a romper su rutina. Se celebraban elecciones municipales en pocos días y le había llegado una carta avisando que le tocaba ser nada menos que presidenta de una de las mesas. Detestaba esas cosas; ni en su mente ni en su corazón había sitio …

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 38

Tomó aliento antes de seguir y encendió otro cigarrillo. Y despacio, sin mirarme, empezó a recordar.
-Estudié Medicina, ¿lo sabías?-como negué con la cabeza, siguió hablando. En el último curso conocí a Pavel.
-¿Pavel?-la interrumpí.
-Era ruso-explicó-y aunque ya llevaba unos años en España estudiando, no habíamos coincidido. Empezamos a salir; nos enamoramos. Bueno, si he de ser sincera, supongo que yo fui la primera que me enamoré. Era el hombre más guapo que he conocido. ¿Conoces esa canción que dice “era hermoso y rubio como la cerveza”?
-La conozco-asentí.
-Pues Pavel era así. Prácticamente fui yo quien se declaró; él era muy tímido. Pero gracias a mi falta de pudor, como diría mi madre, al año siguiente estábamos casados y dos años después trabajábamos en un hospital y teníamos un bebé recién nacido. Todo era perfecto.
Se detuvo, y esta vez se sirvió un vaso de agua de una jarra que tenía a su lado. Bebió un sorbo y juraría que hizo esfuerzo…

DECISIONES 39

Lucas se encogió de hombros, asustado quizá por lo impetuoso de la pregunta. Tenía que reconocer que nunca se había preocupado por esos temas. Con su hija no había hablado del asunto cuando era una adolescente; como era una chica confiaba en que su madre lo hubiese hecho. Nunca llegó a saberlo, pero Alicia no les había causado ni el más mínimo problema. Y desde luego con el nieto ni siquiera se lo había planteado. Supuso que sus padres le habrían aleccionado; o quizá en el colegio. Pero el caso es que cuando les sorprendió de repente se le pasó por la cabeza la idea de que no hubiesen tomado precauciones y la sangre se le heló en las venas. Ante la mirada inquisitiva de Laura, se despidió antes de que le regañase más.
Cuando se quedó sola en la cocina pensó que el tiempo pasaba muy rápido. Estaban ya a finales de agosto; pronto empezaría de nuevo el curso y llegaría el otoño, los días más cortos, las hojas alfombrando el bosque trasero y los parques, y también la lluvia y el frío. H…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 37

Se detuvo a rebuscar en el cajón, del que sacó un platito de madera que hacía las veces de cenicero y sacudió el cigarrillo, deteniéndose en el acto, como pensando qué decir a continuación.
-¿Fue tu madre quien te habló de mí?-me preguntó por fin.
-Si-admití. Creo que no fue algo premeditado por su parte, sino que más bien surgió en una de las muchas discusiones que tenemos por el tremendo pecado de estar divorciada.
-¿Por qué?
-¿Por qué discutimos por eso o por qué estoy divorciada?
Sonrió, sin dejar de mirarme. Era lo más parecido a tener un espejo enfrente.
-Por qué las dos cosas-me respondió.
Me arrellané en la silla, si es que esa palabra se podía emplear para este instrumento de tortura medieval en el que empezaban a dolerme todos los huesos.
-Discutimos porque mi madre cree que todo debe hacerse según su criterio y para ella la familia es lo primero; hay que anteponer su unión al hecho de la felicidad propia. Y me div…

DECISIONES 38

Isabel venía a comer y aunque solo fuese por eso y porque debía limpiar el cajón de arena de la gata, Laura se levantó al día siguiente. De alguna manera no le había sentado bien remover el pasado y buscar aquella foto de Leif. Cierto que no había significado apenas nada para ella y que si no fuese por la estúpida pregunta de Lucas ni lo habría recordado, pero había sido como abrir una herida que ya no se recuerda. ¿Qué era lo que le dolía? No lo sabía a ciencia cierta. Creía que no era el hecho de no conocer la maternidad; nunca había tenido ese instinto desarrollado. Tampoco podía ser nostalgia de alguien que había pasado por su vida como una estrella fugaz; quizá era solo dolor por la juventud perdida, por un tiempo que ya no volvería y que no estaba segura de haber aprovechado lo suficiente. Recordó mientras picaba la verdura para el estofado que en una ocasión en que había rechazado las atenciones de un amante de una noche que quería serlo de una manera más duradera, él le habí…

LA REAL ORDEN DE LAS PERDULARIAS 36

Ya con esa información salimos del mesón en dirección al convento, del que nos separaban apenas veinte Kilómetros. Durante el camino fuimos discutiendo qué actitud sería más adecuada para adoptar con su hija y ambas llegamos al acuerdo de que como era cuestión de días que la identidad de Claudia saliese a la luz, sería mejor que Marina se enterase por su madre.
-No sé si seré capaz de decírselo a la cara.
-Lo serás-la animé, apretándole la mano un segundo, para volver a colocarla al volante. Piensa tan solo que si no lo haces las consecuencias serán peores para ambas.
-Pero se enfadará-opuso ella en voz baja, frotando el muslo para sacar una mancha imaginaria del pantalón.
-Si-convine con voz serena. Claro que se enfadará; es normal que lo haga por otra parte. Pero luego recapacitará, porque eres su madre y se alegrará de verte feliz.
-¿Tú estás segura?
-Pues segura, segura… ¿quién está seguro de algo en esta vida? Yo solo te digo que entre pa…

DECISIONES 37

Cuando Lucas se marchó a su casa y Laura se quedó sola se arrepintió de haberle contado aquel episodio que ahora le parecía tan lejano. No es que le molestase lo que pudiese pensar de ella; se consideraba lo suficientemente libre para que no le importase demasiado la opinión ajena. No temía que él la juzgase, más bien se sentía vulnerable por haber desvelado, aunque solo fuese un poco, sus flaquezas. Había reconocido ante otro ser humano que durante una breve etapa de su existencia sintió la necesidad de dar vida a alguien, de dejar alguna huella en este mundo. Era cierto que el haber tenido que cuidar durante tres días del bebé de su amiga la había curado de esa breve ansia de maternidad. Pero también era verdad que la había sentido y que había sufrido una decepción cuando regresó de su viaje y se dio cuenta de que no estaba embarazada.
Nunca más había sabido de Leif, su amante ocasional. Cuando se despidieron él le pidió sus señas para escribirle. Aquella no era todavía la etapa …