12 de octubre de 2015

DECISIONES 35



Lucas la miró con los ojos entornados y dio una calada a su cigarro con fruición del que ha estado mucho tiempo a dieta y de repente golosea un pastel.
-Me enamoré. No tiene nada que ver con lo otro.
Laura estalló en una carcajada breve y ronca.
-No sea usted iluso, viene a ser lo mismo. Enamoramiento, encoñamiento, da igual. Es un estado de enajenación mental transitoria.
-¿Por qué es usted tan escéptica con todo? ¿Es que nunca se ha enamorado?
-Sí, una vez. Por suerte se me pasó rápido. Él tenía una novia formal con la que se casó. Desde entonces y aunque una vez estuve en un tris de casarme con un imbécil que para más inri era notario, creo que nunca volví a perder la cabeza.
Siguieron caminando uno al lado del otro y Lucas continuó con su confesión.
-El caso es que Ana, que así se llamaba, vino a darle a mi vida algo que ya había olvidado.
-¿Y por qué no se divorció usted de Carmen? No me lo diga…como todos los hombres, no saben cómo rematar un matrimonio que va mal y prefieren echarse una amante. Típico.
-Pues no es así, señorita sabelotodo. Yo estaba dispuesto a romper con mi esposa, a negociar con ella un buen trato económico y empezar de cero.
-¿Pero?
Lucas se paró un momento y cuando Laura levantó la mirada se sorprendió de atisbar lágrimas en sus ojos.
-Su ex marido la esperó un día cuando salía de trabajar. La mató. Le clavó un cuchillo. Y a mí me hundió la vida-dijo sencillamente. Supongo que dijo eso tan manido de “ o mía o de nadie”.
Los dos se quedaron callados durante un momento. Lucas porque quería contener sus emociones y notaba que se le empezaba a quebrar la voz, y Laura porque nunca había sabido qué decir para consolar a la gente que está sufriendo. Estimaba que cualquier palabra que pudiese pronunciar sonaría a falsa. El dolor es siempre personal e intransferible, y cada uno ha de pasar el suyo. Siguieron caminando pero esta vez de vuelta al coche, y sólo cuando ya iban de camino a su casa, ella le hizo una pregunta que le estaba quemando en los labios.
-¿Y por qué me ha contado algo tan íntimo? Antes ha dicho que probablemente me ayudaría. No necesito ayuda; eso es lo primero; pero es que además, no entiendo…
-Claro que necesita ayuda-la interrumpió él. Sólo que usted todavía no lo sabe. Y le conté ese triste episodio de mi vida para que entienda que por grave que sea una situación, siempre pasa y las aguas vuelven a su cauce. Desconozco cuál es su problema, pero deje de pensar en él. Algunos se solucionan por sí mismos, y si no tienen solución, ¿para qué preocuparse inútilmente?
No pronunciaron palabra alguna hasta llegar a la casa de Laura. Le invitó a que pasase a tomar un café y nada más cruzar la cancela del jardín ella empezó a gritar como una posesa. Lucas se asustó al verla, pero cuando se dio cuenta de que el motivo de sus gritos era un ratoncillo muerto delante de la puerta de echó a reír.
-¿Y por este regalo que le ha dejado la gata está corriendo por todo el jardín como un pollo sin cabeza? Es usted más ridícula de lo que yo pensaba, querida mía.

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