Ir al contenido principal

DECISIONES 36



Laura cejó en sus gritos tan sólo para enfurecerse y enfrentarse a Lucas como una hidra venenosa.
-No se atreva a burlarse de mí. Las ratas me dan asco y no lo puedo evitar.
Él chascó la lengua en un gesto de claro desprecio.
-Ratas…pero si es un ratoncillo minúsculo.
-Me da igual-le contestó, dando una patada en el suelo. Sáquelo de ahí, rápido. No quiero verlo en mi jardín.
Lucas no hizo caso de la imperiosidad de la orden; lo atribuyó al miedo del momento y también, por qué no decirlo, al carácter endiablado de quien ahora mismo se tapaba la cara, en un gesto infantil, para no ver el minúsculo cadáver. Se sacó del bolsillo un pañuelo de papel, recogió al ratón y lo arrojó al contenedor de basura de la esquina.
-¿Contenta?-le preguntó al volver de nuevo al jardín.
-Sí, pero todavía lo estaré más cuando entre en casa y se lave bien las manos.
Le acompañó al baño de la planta baja y no le permitió que usase el jabón normal. Abrió un cajón y le entregó un bote de alcohol.
-Primero con esto. Luego ya se puede lavar las manos normalmente.
Lucas sonrió con paciencia, pero le hizo caso. Cuando volvió a la cocina ella ya había empezado a preparar el café.
-¿Está usted seguro de que se ha desinfectado bien esas manos?
-Puedo arrancarme la piel, si se va a quedar más contenta.
Laura no hizo caso a sus burlas, pero en cambio le preguntó mientras servía café qué había querido decir con el regalo de la gata.
-Muy sencillo, querida amiga. Los gatos cazan ratones. Está en su naturaleza, al igual que en la suya está ser siempre tan desabrida-se burló. Con lo cual su gata le habrá encontrado en el jardín, lo mató y se lo dejó delante de la puerta como una ofrenda, un regalo que le hace en pago a que usted le haya dado un hogar.
Laura hizo un gesto de escepticismo. No se imaginaba a su preciosa y elegante Freya matando un ratón. Pero evidentemente había tenido que ser ella.
-Quizá hubiera usted debido elegir un perro como mascota en vez de una gata.
-Yo no elegí nada-repuso ella con fastidio. Más bien fue ella quien me eligió a mi. Y además, los perros no me gustan. Tienen la insoportable costumbre de levantar la pata en el lugar menos apropiado y se pasan el día aullando y lamiéndose los huevos. Asqueroso. No me encuentro capaz de soportar ese castigo.
Se quedó callada al oír las carcajadas de Lucas, que había tenido que dejar la taza en la mesa y se aguantaba el estómago con ambas manos. Le miró como si estuviese a punto de perder la razón.
-¿Se puede saber qué le pasa? ¿Es que he dicho algo gracioso?
-Es usted graciosa, en su conjunto-le respondió cuando fue capaz de hablar. Nunca he conocido a mujer alguna que sin perder en absoluto la compostura sea capaz de decir tamañas barbaridades.
Ella hizo un gesto con la mano, como queriendo indicar que no veía donde estaba el chiste.
-Y dígame, ¿no ha pensado nunca en tener hijos?
La pregunta la pilló tan desprevenida que no fue capaz de decir ninguna de sus procacidades. Habían llegado ya a tal punto de confianza que no pensaba que contestarle a algo tan personal fuese incorrecto.
-Lo pensé. Hace ya muchos años. Yo debía de tener unos cuarenta y cuatro o así. Sabía que el tiempo se me echaba encima.
-Y se buscó un novio. O quizá ya lo tenía-elucubró Lucas.
-No, ni una cosa ni la otra. Hice algo mejor. Me fui de vacaciones al sur y me encamé durante quince días, la mayor parte de ellos de mi período fértil, con el sueco más alto, más rubio y más guapo que encontré. Leif se llamaba. Tenía unos ojos azules preciosos.
Lucas dejó de remover el café. Cuánto más sabía de ella, más asombrado se quedaba. Con un gesto le pidió que continuase su relato.
-No voy a entrar en detalles-sonrió Laura. Pero me lo pasé muy bien. Aunque tuve mala suerte y al volver me di cuenta de que no estaba embarazada.
-Quiere decir-resumió Lucas-que usted le usó y que en ningún momento le contó sus planes.
-¿Usted cree que soy idiota? Yo en aquel momento quería un hijo, pero no quería tener que soportar a un padre. Los bancos de semen no estaban todavía de moda y además, me daría asco pensar que llevaba dentro al hijo de cualquiera. A saber lo que podría salir de ahí. Con Leif no había ese problema. Era un ejemplar único de macho; perfecto físicamente, y además con una inteligencia más alta de lo normal. Era catedrático de Matemáticas. Un chico limpio, educado, hasta buena persona. Estoy segura de que hubiese tenido un hijo perfecto, con unos genes magníficos.
-¿Y no le daba remordimientos haberle engañado?
-Ni uno solo-confesó mientras se servía más café. En el caso de que me hubiese quedado embarazada no le hubiese pedido nada. Él nunca lo sabría puesto que no nos volveríamos a ver. Yo tendría a mi hijo, él volvería a sus días gélidos y lo cierto es que ambos habíamos disfrutado mucho. ¿Dónde está el problema?
-En ningún sitio, supongo, ya que la palabra conciencia para usted no existe.
Ella se encogió de hombros.
-Algo tengo de eso, pero no demasiada. De todos modos, no me quedé embarazada. Y fue una suerte. Ese mismo mes me tuve que quedar con la niña de una amiga durante tres días y se me quitaron las ganas de ser madre. Tuvo una gastroenteritis y descubrí que limpiar culos ajenos y quitar vómitos no era la vocación de mi vida. Se me quitaron para siempre las ganas de hijos. Gracias a Dios-susurró mirando hacia arriba, como dando gracias.





Comentarios

Entradas populares de este blog

JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.