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DECISIONES 44



Aquella noche Isabel y Carlos salieron en la moto y se fueron, como solían, al bosque que lindaba directamente con el cementerio. No lo hacían por nada morboso, sino porque era un lugar solitario en el que sabían que nadie les iba a molestar. Carlos siempre llevaba una caja de cervezas y tabaco en abundancia; y lo único que hacían eran recostarse contra el tronco de un enorme roble, beber, hablar, fumar…Algunas veces también se acostaban allí mismo. Sabían que nadie les sorprendería. Carlos estaba casi seguro de que la mañana que lo hicieron en su casa, su abuelo les había visto.
-Piénsalo bien-le dijo a Isabel, mientras le encendía el cigarrillo. Ese mismo día fue cuando la vieja habló contigo y te dijo lo del médico.
Ella se encogió de hombros. Puede que tuviese razón, aunque tenía sus dudas.
-Pero si tu abuelo nos vio, ¿cómo es que no puso el grito en el cielo, o al menos no te dijo nada luego?
-¿Yo que sé? El viejo es muy raro; no tanto como la tuya, pero también es raro de cojones. Puede que hablasen los dos. No sé-dijo, moviendo una mano, como quitándole importancia. ¿Cómo te fue en el médico?
-Bien, mejor de lo que pensaba. El tío se ve que es majo. Pero antes de ir tuve que aguantar las tonterías de Laura. Le faltó preguntarme si me había puesto bragas limpias-resopló.
-¿Y las llevabas?-le preguntó Carlos riendo.
-Vete a la mierda, tarado. Eres como ella.
De repente se puso seria; se desprendió de los brazos de Carlos y se giró para sacar de su mochila un pañuelo. Carlos se dio cuenta de que estaba llorando, aunque tratase de disimularlo; y no sabía muy bien qué hacer. Isabel no era una de esas chicas tiquismiquis que lloran y se enfadan por cualquier cosa. No pensaba que se pudiese haber molestado por la broma tonta de las bragas limpias. Pero con las chicas, nunca se sabía. Se removió como si llevase hormigas en la camiseta, nervioso al no saber qué postura adoptar. Encendió otro cigarrillo y lo apuró como si el humo pudiese llevarle alguna idea directamente a sus pulmones, y que de ahí pasase a su cabeza. ¿Qué se hacía en estos casos? ¿La abrazaba, le preguntaba si estaba enfadada? Resopló, un tanto indignado. Por tonterías de ese tipo era por lo que no le gustaba liarse con chicas. Siempre terminaban por mezclar las cosas, no entendían las bromas y acababan jodiéndolo todo.
Al final le pudo más la preocupación que el malestar o el amor propio, y le tocó ligeramente el hombro al tiempo que le preguntaba si estaba enfadada.
Ella se sonó la nariz ruidosamente y respiró hondo.
-No. No estoy enfadada. Estoy…-no sé cómo decirlo. No me entenderías.
-Prueba. No soy del todo imbécil.
Trató de ordenar sus ideas. Estaba ya anocheciendo y se había levantado algo de viento, aunque la temperatura era agradable. Las hojas de los árboles se movían, pero de manera lánguida y pausada. Hasta allí llegaba el olor del mar, que no estaba lejos. Quizá mañana lloviese, pensó Isabel. La lluvia la ponía triste. Hacía que recordase las tardes solitarias, sin poder salir de casa, sin permiso para traerse a alguna amiga porque su madre estaba ocupada, o le dolía la cabeza o sencillamente no quería a nadie rondando por su casa, como ella decía. Se tocó la cara. Sus mejillas estaban tan saladas como ese aire que llegaba con promesas de agua.
-Laura es quizá la tía más rara que conozco. Es desagradable a veces, se mete en mi vida, me echa broncas todos los días y me hace preguntas estúpidas como si me he lavado antes de ir a médico. Pero… ¿sabes? Es la única persona a la que creo que le importo lo suficiente para que me riña o me diga que soy una estúpida sin modales ni educación. Estaba verdaderamente preocupada de que me hubiese quedado embarazada.
-Pudiste haberle dicho que habíamos tomado precauciones.
-Ya. Para que dejase de preocuparse-rezongó ella estrujando el pañuelo y arrojándolo al fondo de su mugrienta mochila. De vez en cuando me gusta que alguien lo pase mal pensando en mi bienestar. Y además, no me gustan los condones. Es mejor así.
Carlos se quedó mirándola con la boca abierta.
-Eres una bruja-la acusó, tirándose encima de ella para hacerle cosquillas.







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