9 de noviembre de 2015

DECISIONES 48



Lucas se quedó callado, como en suspenso. Le había extrañado la negativa a que se tuteasen. Al fin y al cabo se habían contado ya muchas intimidades; pero tampoco insistió. Laura era Laura, un ser único en su especie y por tanto nada de lo que él pudiese decir o argumentar la haría cambiar de parecer. Se seguirían tratando de usted.
En cuanto a la otra pregunta…no había contado con tener qué decir también quien había sido la última persona en pasar por su vida de esa manera. No es que le importase mucho confesar también eso; le había contado ya tantas cosas que una más no cambiaría nada.
-¿Qué le ocurre? ¿No me lo quiere contar? No quiero obligarle a nada, aunque en honor a la verdad, he de decirle que tengo curiosidad. Que no le de vergüenza, hombre de Dios, ya me imagino que sería alguna chica del despacho mucho más joven que usted. Que no le de pudor salir a buscar carne fresca; yo también me he acostado con hombres más jóvenes que yo, y mire usted, bien contenta que estoy de haberlo hecho. Como dice el refrán…que me quiten lo bailado.
-Se equivoca usted de medio a medio-le dijo Lucas, encendiendo un cigarrillo.
-¿En haberme acostado con jóvenes?
Él se encogió de hombros.
-En eso…usted sabrá. Se equivoca en sus suposiciones. La última mujer que pasó por mi vida, o mejor dicho por mi cama, es cierto que fue una compañera de trabajo, pero no una jovencita precisamente. Debía de tener sólo dos o tres años menos que yo. No sé su edad con exactitud, lo estoy calculando por el momento en que se jubiló.
Laura se quedó esperando, callada. Le había sorprendido la respuesta, pero era demasiado orgullosa para admitir que una vez más se había equivocado en sus suposiciones y que a menudo actuaba con prejuicios por medio.
-Nos conocíamos desde hacía mucho tiempo, pero la verdad es que nunca la miré como a una posible compañera de cama, quizá porque estaba casada y siempre he tratado de evitar, en lo posible, los problemas. Pero en ese momento hacía seis meses más o menos que había enviudado y lo estaba pasando mal. Se sentía sola, supongo. El caso es que tuvimos que ir a Barcelona durante dos días por un caso en el que trabajábamos y la última noche que pasamos allí salimos a cenar, bebimos algo de vino, hablamos mucho y terminamos en la cama.
-¿Lo repitieron? ¿Mantuvieron una relación?
Negó con la cabeza.
-Los dos sabíamos cuando nos acostamos, a pesar de estar ligeramente bebidos, que era algo puntual de una noche. No queríamos mezclar cosas y además, ni siquiera nos gustábamos demasiado. Simplemente ambos estábamos muy solos aquella noche y nos dimos un poco de calor humano. Nada más. De hecho, desde que me jubilé no he vuelto a verla. Supe por un amigo que ella también se ha jubilado, pero nada más.
-No son tan malas las relaciones de una sola noche-manifestó Laura, aunque no demasiado convencida.
-Los dos sabemos que son una especie de parche que a veces es necesario, pero nunca una solución-fue la contestación de Lucas.
-La solución nunca puede venir de otra persona. Quiero decir-explicó ella, acercándole el cenicero-que si uno está mal no se va a encontrar mejor por tener a alguien al lado. Si sigue fumando de esa manera se le van a poner los dedos horribles y amarillos-le pronosticó, con la misma inquina que si le vaticinase la peste.
-Gracias por su preocupación. Me sobrepondré a unos dedos amarillos e incluso al cáncer de pulmón que me usted a anunciar a continuación. En cuanto a lo otro, no estoy muy de acuerdo con usted. Es cierto que cada cual tiene que resolver sus propios problemas, pero también lo es que cuando se tiene a alguien al lado, hablo de alguien que no solo sea compañero de cama, sino de vida, de risas, de llantos, las cosas son más sencillas. No se resuelven por sí solas, pero sí de mejor manera. No me diga que usted no está más contenta desde que nos conocemos. Se ríe más, se lo pasa bien regañándome y diciéndome a cada paso lo inútil que soy…en suma, está mucho más entretenida.
-Es usted tremendamente presuntuoso-le acusó ella, molesta, aunque en cierto modo sabía que le había dicho grandes verdades. Pero ni muerta lo reconocería ante él.




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