24 de diciembre de 2015

BAILEMOS







Aunque ahora no me guste la Navidad, hubo una época de mi vida en que me encantaba; como a casi todos los niños.
En aquellos momentos la Navidad eran regalos, comidas especiales y sobre todo que la familia estaba reunida. En mi caso la familia eran mis bisabuelos, mis abuelos, mis padres y yo.
A todos les recuerdo con un cariño muy especial. Ya solo quedan mi madre y mi abuela. Los demás se han ido, aunque no muy lejos. Sólo a una habitación cercana de la que todavía no tengo llave y no me está permitido entrar. Cuando tenga que hacerlo tengo a mucha gente que me quiere y que me vendrá a recoger a la puerta para ayudarme a cruzar al otro lado. Pero todavía no es el momento.
En Nochebuena les recuerdo a todos, aunque quizá algo más a mi padre. Sin embargo se me viene a la memoria la cara de susto de mi bisabuela cuando su hijo, mi abuelo, abría la botella de champán. Ella siempre temía que el tapón fuese a dar a la lámpara y saliésemos todos volando por los aires.
Yo bailaba con mi padre, a veces encima de sus zapatos. La canción que más recuerdo y que nunca fallaba en Navidad era la de Tom Jones, Delilah. Nada apropiada para una niña, por cierto. Pero mi padre no sabía inglés y yo menos todavía. Nos gustaba y punto.
En aquel momento adoraba el turrón; hoy lo odio, simplemente. Y como siempre he sido de comer poco, recuerdo que el día de Nochebuena para gran disgusto de mi madre, no comía nada para reservarme para la cena; es decir, para los postres.
Qué simpleza la de los niños pequeños, que pueden alegrarse con lo mínimo. Yo me recuerdo saltando alrededor de la mesa porque las mandarinas iban envueltas en papel brillante de colores. Vale, siempre he sido cursi, desde pequeña.
Por eso para la comida de Navidad tengo una tarta de golosinas. Es para todos, pero especialmente para mi niña, que aunque tenga ya veintiocho años, sé que le sigue haciendo ilusión tener una tarta de chuches. Mi abuela tiene su Panetone, y los demás...cada uno lo que más le gusta. Yo solo necesito que mi gente esté bien y que podamos reunirnos todos el año próximo.
Esta noche extrañaré a alguien muy especial; pero sé que de alguna manera, quizá de todas las maneras, estará a mi lado. La distancia no importa. Los sentimientos, cuando son fuertes, siempre nos hacen de puente para estar al lado de los que queremos.
Hoy no bailaré, porque no tengo a mi padre para hacerlo, pero quizá en unos diez días pueda bailar. ¿Qué canción? No importa. Al fin y al cabo, el baile se ha inventado para poder abrazarse con una disculpa socialmente aceptable.

2 comentarios:

  1. Entiendo todo lo que dices como propio. Hoy hemos cenado con la hija pequeña que es, la que mas ilusiones y disgustos que nos da. Ha ido todo perfecto por lo que doy gracias a dios. Mañana se abre el Hote´l y llega la mediana y la mayor y mis dos nietos.Espero con ilusión a la última generación de la familia

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  2. Si, ahora estamos en esa etapa en que los padres somos nosotros. Y en mi caso deseando ya ser abuela. Pero...yo en Navidad, a pesar de mis canas, me convierto de nuevo en la niña rubia de coletas que bailaba sobre los zapatos de su padre. Sigo echándole mucho de menos. Te deseo una muy Feliz Navidad y gracias por leer y comentar. Mabel

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