1 de diciembre de 2015

DECISIONES 54



Al día siguiente muy de mañana, después de dejar a Freya y varias ollas de comida en casa de Lucas, salieron rumbo a Tafalla. El día había amanecido luminoso y a medida que se iban alejando Laura se sentía más ligera. Fiel a su palabra, su compañero de viaje le permitió que ella pusiese la música que eligiese. Mientras escuchaba a Kenny Rogers cantar “The gambler” se dijo que era cierto todo lo que decía la canción. En la vida era necesario jugar con las cartas que a cada cual le habían tocado en el reparto y sobre todo había qué saber cómo manejarlas, como sostenerlas y cuando soltarlas. Pero ella no había tenido ningún viejo jugador que le enseñase; no le había quedado más remedio que aprender de sus errores. ¿Había aprendido? Puede que no del todo. Miró de reojo a Lucas, que permanecía con la vista fija en la carretera. Era un conductor prudente pero desde luego mucho más atrevido que ella, quien a veces por miedo permanecía detrás de algún camión durante Kilómetros y solo adelantaba cuando estaba muy segura de que podía hacerlo y aún así con el corazón encogido en medio del pecho temiendo que apareciese de la nada un coche que se empotrase en el morro del suyo y la dejase encajada entre hierros. Era curioso, pensó, planeando mil maneras de morirse y sin embargo conduciendo con prudencia infinita. Sacudió la cabeza como para espantar esas ideas.
—Cuénteme algo de su primo y su horrible mujer. Así no me sorprenderé tanto cuando les conozca.
Laura se recolocó las gafas de sol y bajó un poco el volumen de la música.
—Mi primo de pequeño era bastante normal, y de joven también; hasta que conoció a Lucía. Entonces empezó a cambiar, a peor. Debe ser cierto eso que dicen que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición. Ahora se ha convertido en otro santurrón melindroso como ella. Cada día me cuesta más aguantarle. ¿Puede usted creer que en su farmacia se niega a vender condones?
Lucas se rio con ganas. No imaginaba a la deslenguada Laura aceptando sin protestar esas ideas trasnochadas. Se dijo que iban a ser unos días divertidos presenciando cómo su vecina se mordía la lengua ante sus parientes. O puede que en algún momento no fuese capaz de contenerse y se liase una trifulca de las gordas. Aunque no se atreviese a confesarlo en voz alta, estaría encantado de presenciarla.
Permanecieron callados durante un trecho mientras iban dejando atrás los montes frondosos y los verdes prados del norte y se adentraban en la inhóspita meseta. Ahora los colores eran pardos y la tierra llana. Los pueblos que de vez en cuando surgían eran poco más que una hilera de casas apiñadas y que se confundían con el paisaje.
Sonaba Johnny Cash y sin darse cuenta Laura movía los pies al son de Folsom Prison. Era entre todas sus canciones una de sus favoritas, quizá porque le recordaba a Joaquín y sus amores platónicos. Quizá Lucas pensase lo mismo porque de repente le preguntó si no echaba de menos cuando vivía peligrosamente y visitaba la cárcel casi cada semana.
—No se atreva a burlarse de mi. Fue una época de mi vida, sin más. Pero aprendí mucho. Usted que es abogado sabrá que no todo el mundo que está en la cárcel es necesariamente una mala persona.
Él se encogió de hombros.
—No sabría decirle. Yo nunca me dediqué al Derecho Penal. El Civil daba bastante más dinero y Carmen tenía gustos muy caros. Aparte de que tratarme todo el día con criminales y ladrones no era a ilusión de mi vida.
—¿Y cuál era la ilusión de su vida? ¿Ganar dinero a espuertas?
—La verdad es que no exactamente. Supongo que mi ilusión siempre fue intentar ser feliz y no puedo decir que lo haya conseguido. Me gustaba mi trabajo, y también el dinero; o mejor dicho las cosas que el dinero me podía dar. Pero cuando miro hacia atrás creo que no conseguí apenas nada de lo que quería o lo que soñaba cuando era joven. Pero mejor cambiemos de tema. Tengo curiosidad por esa gente a la que vamos a conocer. ¿Tienen hijos?
—No. Y no me pregunte por qué. Ni lo sé ni me importa.
Se quedó callada, pensativa y luego agregó algo más a la descripción de su pariente política.
—Lucía es una tremenda snob, de esas que dicen poitrine y derriére, en lugar de tetas y culo; y de las que presumen de que el mecánico las recoge con el coche para ir de compras, y cuando vivía su madre decía “mi mamá” como si tuviese cinco años.

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