Ir al contenido principal

DECISIONES 54



Al día siguiente muy de mañana, después de dejar a Freya y varias ollas de comida en casa de Lucas, salieron rumbo a Tafalla. El día había amanecido luminoso y a medida que se iban alejando Laura se sentía más ligera. Fiel a su palabra, su compañero de viaje le permitió que ella pusiese la música que eligiese. Mientras escuchaba a Kenny Rogers cantar “The gambler” se dijo que era cierto todo lo que decía la canción. En la vida era necesario jugar con las cartas que a cada cual le habían tocado en el reparto y sobre todo había qué saber cómo manejarlas, como sostenerlas y cuando soltarlas. Pero ella no había tenido ningún viejo jugador que le enseñase; no le había quedado más remedio que aprender de sus errores. ¿Había aprendido? Puede que no del todo. Miró de reojo a Lucas, que permanecía con la vista fija en la carretera. Era un conductor prudente pero desde luego mucho más atrevido que ella, quien a veces por miedo permanecía detrás de algún camión durante Kilómetros y solo adelantaba cuando estaba muy segura de que podía hacerlo y aún así con el corazón encogido en medio del pecho temiendo que apareciese de la nada un coche que se empotrase en el morro del suyo y la dejase encajada entre hierros. Era curioso, pensó, planeando mil maneras de morirse y sin embargo conduciendo con prudencia infinita. Sacudió la cabeza como para espantar esas ideas.
—Cuénteme algo de su primo y su horrible mujer. Así no me sorprenderé tanto cuando les conozca.
Laura se recolocó las gafas de sol y bajó un poco el volumen de la música.
—Mi primo de pequeño era bastante normal, y de joven también; hasta que conoció a Lucía. Entonces empezó a cambiar, a peor. Debe ser cierto eso que dicen que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición. Ahora se ha convertido en otro santurrón melindroso como ella. Cada día me cuesta más aguantarle. ¿Puede usted creer que en su farmacia se niega a vender condones?
Lucas se rio con ganas. No imaginaba a la deslenguada Laura aceptando sin protestar esas ideas trasnochadas. Se dijo que iban a ser unos días divertidos presenciando cómo su vecina se mordía la lengua ante sus parientes. O puede que en algún momento no fuese capaz de contenerse y se liase una trifulca de las gordas. Aunque no se atreviese a confesarlo en voz alta, estaría encantado de presenciarla.
Permanecieron callados durante un trecho mientras iban dejando atrás los montes frondosos y los verdes prados del norte y se adentraban en la inhóspita meseta. Ahora los colores eran pardos y la tierra llana. Los pueblos que de vez en cuando surgían eran poco más que una hilera de casas apiñadas y que se confundían con el paisaje.
Sonaba Johnny Cash y sin darse cuenta Laura movía los pies al son de Folsom Prison. Era entre todas sus canciones una de sus favoritas, quizá porque le recordaba a Joaquín y sus amores platónicos. Quizá Lucas pensase lo mismo porque de repente le preguntó si no echaba de menos cuando vivía peligrosamente y visitaba la cárcel casi cada semana.
—No se atreva a burlarse de mi. Fue una época de mi vida, sin más. Pero aprendí mucho. Usted que es abogado sabrá que no todo el mundo que está en la cárcel es necesariamente una mala persona.
Él se encogió de hombros.
—No sabría decirle. Yo nunca me dediqué al Derecho Penal. El Civil daba bastante más dinero y Carmen tenía gustos muy caros. Aparte de que tratarme todo el día con criminales y ladrones no era a ilusión de mi vida.
—¿Y cuál era la ilusión de su vida? ¿Ganar dinero a espuertas?
—La verdad es que no exactamente. Supongo que mi ilusión siempre fue intentar ser feliz y no puedo decir que lo haya conseguido. Me gustaba mi trabajo, y también el dinero; o mejor dicho las cosas que el dinero me podía dar. Pero cuando miro hacia atrás creo que no conseguí apenas nada de lo que quería o lo que soñaba cuando era joven. Pero mejor cambiemos de tema. Tengo curiosidad por esa gente a la que vamos a conocer. ¿Tienen hijos?
—No. Y no me pregunte por qué. Ni lo sé ni me importa.
Se quedó callada, pensativa y luego agregó algo más a la descripción de su pariente política.
—Lucía es una tremenda snob, de esas que dicen poitrine y derriére, en lugar de tetas y culo; y de las que presumen de que el mecánico las recoge con el coche para ir de compras, y cuando vivía su madre decía “mi mamá” como si tuviese cinco años.

Comentarios

Entradas populares de este blog

JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.