31 de diciembre de 2015

LA HIEDRA






Trázame con los ojos cerrados.
Delinea despacio mis labios,
dibuja la curva de mi hombro;
detente un poco más en el derecho
y baja poco a poco hasta el codo.

Quédate parado un instante
en mi cintura, que la palma
de tu mano me recorra
y tus dedos tracen una
línea de fuego
que baje hasta mi vientre
y se quede reposando
ahí hasta robarme la cordura.

Abre los ojos cuando yo
te lo diga, y mientras tanto
siente como mis dedos
se deslizan por tu pelo,
mientras me enredo
en tu cuerpo como lo
hace la hiedra que trepa
despacio y en silencio.

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