7 de diciembre de 2015

MOJITO´S CLUB 3



Todas, como una sola persona, me miraban de hito en hito; sin duda barruntando si me había vuelto loca o quizá si ya antes de llegar me había tomado varios mojitos. Pero la verdad es que nunca me había sentido más cuerda ni más clarividente. ¿Quién establecía las normas de lo que es socialmente correcto o de lo que está mal? Estaba segura de que quien lo hacía no había tenido nunca que preocuparse por el recibo de la luz ni del gas; ni se preguntaba cómo llenaría aquella semana la nevera, ni llegaba a casa deslomado de tanto trabajar por un mísero salario.
Fue Alicia, como de costumbre, la que tomó el toro por los cuernos y encaró la situación.
-¿Y se puede saber qué se te ha ocurrido ahora? Porque tú no tienes ideas, más bien son ocurrencias. Como sea algo parecido a lo de Tele Mamá…
-Seguiremos con Tele Mamá. No da mucho de momento, pero es cosa de perseverar. Y como tenemos tiempo libre se me han ocurrido dos negocios más. Somos seis, así que dividiremos fuerzas. Esa es la estrategia: la diversificación. Tres a una cosa, tres a la otra.
De nuevo se hizo el silencio y por un momento me dieron ganas de estrangular a esa panda de desagradecidas. Me estaba quedando sin neuronas para sacar adelante nuestras maltrechas economías y estas garrulas se quedaban mirándome como aleladas sin decir nada. Pero yo suelo ser inasequible al desaliento y me crezco en las dificultades.
-Vamos a montar un negocio de porno chachas y otro de sadomaso.
-La Virgen-susurró Alba, poniendo los ojos en blanco. ¿Quieres meternos a putas?
-No, trabajadoras del sexo-puntualicé. Además, en ninguno de los dos casos tiene por qué haber sexo tal y como unas mentes estrechas como las vuestras lo conciben.
-¿Ah no? ¿Y cómo lo llamas tú?-volvió a preguntar Alba.
- A ver, manada de catetas, que todo lo tengo que explicar…Para el tema de las porno chachas lo único que se solicita es chicas que se vistan de manera sugestiva, con lencería sexy y que hagan las labores de la casa.
-¿De qué casa?-quiso saber Marta.
-Pues de donde nos llamen, bobaina. Ponemos anuncios y ya verás cómo hay un montón de tíos salidos que solicitan chicas para pasar la aspiradora, limpiar las ventanas o sacar brillo al parqué.
-¿Y si nos quieren meter mano?-preguntó María.
-En el anuncio se explicará claramente que ellos solo pueden mirar.
-¿Y cómo lo controlamos? Imagina que es un tío de dos metros y 150 Kilos, y además ángel del Infierno…-apuntó Alicia.
Me pilló en un renuncio. No había pensado cómo protegernos.
-Ya veremos. Igual tenemos que hacernos con una de esas pistolas que dan descargas eléctricas. Se la pones en salva sea la parte y a ver cómo cumple el muchacho, por más que quiera.
Siguieron mirándome con mala cara.
-¿Y cuál es el otro negocio?-habló por primera vez Clara.

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