13 de diciembre de 2015

MOJITO´S CLUB 4


Para distender el ambiente pedimos otra ronda de mojitos y ya con eso a las chicas se les soltó un poco más la lengua…y las ideas. La primera en poner pegas, como de costumbre, fue Alba.
-¿Y qué les vamos a explicar a los chicos?
-¿A qué chicos?-pregunté yo aunque sabía muy bien de quienes hablaba.
-Pues a los nuestros…
Si supiese silbar me pondría a hacerlo sin pérdida de tiempo. Y si fumase, sería el momento de buscar en las profundidades de mi bolso el tabaco y el encendedor. Pero no sé silbar y no fumo, gracias a Dios. Así que a falta de otra cosa mejor que hacer le di un tiento al vaso que tenía delante.
-Yo, desde luego, no le pienso decir nada a mi marido-se escandalizó Paula. Es capaz de encerrarme en el sótano y tirar la llave.
-Si no tienes sótano-aventuró Clara.
-Es una licencia-apostillé. Déjala que se relaje. Cada una que haga lo que quiera, aunque mi abuela solía decir que ojos que no ven…corazón que no siente. Si veis que lo van a entender…se lo contáis. Ahora, hacerles sufrir así a lo tonto, tampoco es que tenga mucho sentido.
Alicia se recolocó su melena negra y frunció el ceño, pensativa.
-¿Tú qué harás?-me preguntó directamente.
-Yo al mío se lo diré. No tengo secretos para él, y además…se va a descojonar de la risa…
Marta se encogió de hombros, pensando sin duda que los dos estábamos locos. Al final la cosa quedó en empate. Alicia, María y yo se lo contaríamos y las otras tres se callarían como muertas. O como putas…quizá para ir ensayando. Apenas había pensado eso me recriminé a mí misma pensar así. No íbamos a trabajar de putas, sino a ofrecer una especie de…consuelo emocional o espiritual, o carnal…que tengo para mí que al fin y al cabo no son cosas tan distintas. ¿Hay alguna diferencia entre el trabajo de un psicólogo curando fobias y manías o el del confesor con lo que nosotras teníamos pensado hacer? Pienso que no. En el fondo, todos íbamos a llegar al mismo punto pero partiendo desde sitios diferentes. El caso era que alguien que tenía vacía una parte de su existencia la llenase. El cómo ya era cosa de cada cual.
Solventadas estas dudas existenciales, decidimos emprender el camino a nuestras respectivas casas para tratar de descansar. Mañana teníamos que hacer la compra para la comida de los niñatos universitarios y luego nos quedaba pendiente algo más complicado: elegir la ropa para las porno chachas y las dominatrices. También habíamos establecido los grupitos: el de las limpiadoras estaba formado por Clara, Paula y Marta. Las demás seríamos las castigadoras. Y que Dios en su infinita sabiduría nos iluminase a todas. Aunque…bien pensado, quizá no era ni medianamente moral ni siquiera lícito meter a Dios en semejantes berenjenales. Todo por culpa de la puta crisis, nunca mejor dicho lo de puta.

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