Ir al contenido principal

HIJAS






En todas las familias hay una persona a la que recurrimos cuando ya no podemos más. En la mía esa persona es mi hija. La misma que era un bebé precioso, rubio y de ojos azules, y que luego se convirtió en una niña también rubia y de ojos azules, adorable y obediente; y que luego se transformó en una adolescente rebelde que odiaba bastante a su madre y con la que un día si y otro también había lío. En honor a la verdad tengo que decir que nunca fue maleducada ni contestona; tan solo daba la razón y hacía lo que le daba la gana, hasta que podía...claro.
Esa etapa, por fortuna, duró poco. Luego pasó a ser no mi amiga, porque es algo más importante; es mi hija; pero si esa especie de compañera de vida en la que se confía ciegamente porque sabemos que nunca nos va a defraudar. A quien contar cosas y de quien escuchar cosas.
Ahora es ya una mujer, hecha y derecha, con los pies bien asentados en el suelo y con una buena compañía a su lado. La que ella merece, desde luego; pero no por eso estoy menos contenta ni agradecida. Si...yo intento ser una buena suegra; y la verdad es que no me cuesta. El hijo postizo se lo merece.
Esta hija a veces tan irreverente y poco común es alguien en quien todos podemos descansar cuando hay problemas. Buena hija, buena nieta, estupenda hermana. Y no tengo duda alguna de que cuando le llegue el momento, y ya tengo ganas, será una muy buena madre. Mejor de lo que yo lo he sido nunca, estoy segura. En mi descargo solo puedo decir que lo hice lo mejor que pude. Y quizá no por méritos míos, sino de su padre y de ellos mismos, tengo unos hijos estupendos; considerados y buenas personas. Aunque no sea yo la típica madre de decirlo a menudo. Bueno...vale, nunca lo digo. Pero lo siento, que es lo que importa. O no...tal vez hay que decir las cosas cuando se sienten, porque luego te arrepientes de no haberlas dicho. Meditaré sobre eso...

Comentarios

Entradas populares de este blog

JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.