19 de febrero de 2016

DICE ABEL 3



Dice Abel que mi molesta costumbre de hacer bolitas con las migas de pan en la sobremesa indica que soy insegura y además tengo un grave problema con la comida.
Supongo que todavía no he dicho que Abel es psicólogo. Tiene bastantes pacientes y se gana bien la vida en su consulta, Claro que esos pacientes no le conocen tan bien como yo. Si le hubiesen visto llorando a moco tendido en mi hombro cuando su mujer le puso los cuernos o borracho como una cuba en el último fin de año, seguro que se pensarían un poco contarle sus problemas y traumas a alguien tan patético.
La verdad es que hago poco caso de las cosas que me dice cuando se pone conmigo en plan profesional. Durante la comida de ayer se pasó la mitad del tiempo criticando mi actitud general ante la vida y la otra mitad intentando mejorar mi vida social. Reconozco que me estoy convirtiendo en una ermitaña y que apenas me relaciono con nadie fuera de la familia, amigos más íntimos y aquellos a los que por mi trabajo no me queda más remedio que tratar.
Me dedico a organizar bodas y algún otro tipo de celebración, como aniversarios y peticiones de mano, aunque esto último hoy en día ya no se llama así, sino que es la comida en la que las dos familias se conocen y las partes implicadas empiezan a pensar que quizá no haya sido una buena idea reunirles.
Quizá porque debido a mi trabajo tengo que pasarme la vida contemplando a unos y a otros, contentando a todo el mundo y como diría mi abuela, templando gaitas, cuando acaba mi jornada lo único que me apetece es irme a casa, darme un buen baño, ponerme mi vieja bata de franela y leer un libro a anestesiarme con las tonterías de la tele mientras ceno cualquier cosa y me consuelo con una copita de vino. O dos, depende del día que haya tenido. Luego caigo en coma profundo durante seis horas y vuelta a empezar.
A eso y a la comida de los viernes con Abel se reduce mi vida social. Bueno, los domingos suelo recoger a mi madre y la traigo a comer a casa. Pablo alguna que otra vez también se digna obsequiarnos con su presencia. En ese caso tengo que pasarme toda la tarde del sábado cocinando, porque mi hijo habla poco y ríe menos, pero come como un buey.

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