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DICE ABEL 9



Dice Abel que me ha ido mal en mi vida sentimental porque soy excesiva y quiero demasiado. Que los hombres se asustan de mi, porque no escondo ante ellos que sé pensar por mi misma y porque hablo abiertamente de mis sentimientos. Según él la mayoría de los hombres encuentran excitante una mujer que les maltrate un poco, que les de largas y les haga pensar que no está todo ganado.
No sé si lo dice como hombre o como psicólogo, tampoco se lo he preguntado. Prefiero pensar que lo dice como hombre, al menos me permite seguir teniendo una buena opinión de él respecto a lo profesional.
A veces creo que yo tengo en mi una parte masculina mayor de lo que creo. Hay sesudos estudios que dicen que todos tenemos un poco de hombre y de mujer en nosotros mismos, independientemente de nuestro sexo. El caso es que yo soy muy franca en todo lo que pienso y suelo decirlo sin usar subterfugios. El batir de pestañas cual alas de mariposa nunca ha sido lo mío, ni cuando tenía veinte años, y menos con medio siglo a mis espaldas, cuando ya me niego en redondo a hacerme la tonta.
Tengo un cerebro, mejor o peor amueblado, y lo uso. Y también tengo un corazón que ama sin límites. Y no lo escondo. Si al hombre en cuestión a quien haga objeto de ese amor le asusta, pues mucho peor para él. Será porque no se lo merece. Y a mi no me gusta darle margaritas a los cerdos. Lo que si tengo claro es que jamás esconderé mis sentimientos ni los disfrazaré de otra cosa.
Lo triste es que hay pocos hombres por lo que yo haya sentido eso. En honor a la verdad, creo que ni siquiera por Alberto. Y si lo sentí fue al principio, porque me casé enamorada, aunque me durase poco. Yo era muy joven y él tenía poca predisposición a dejarse amar. El desengaño y la aceptación llegaron paulatinamente, como se van cayendo las hojas de los árboles en otoño, que tampoco lo hacen de golpe.
Otra vez, una única vez, me enamoré de alguien que no lo merecía, que me hizo mucho daño. Pero incluso de eso aprendí, y no me arrepiento de haber expresado tan a las claras mis sentimientos. Por eso no quiero escuchar las tonterías de Abel. Él no es el más indicado para dar consejos a nivel sentimental, al menos a mi, que le he visto cornudo y apaleado. El día que tenga que esconder mis sentimientos por miedo a perder a una persona, ya la habré perdido porque no será digno de mi amor. A mi cuando amo me nace de dentro abrazar, besar, decir cuánto le quiero y ocuparme de él más que de mi misma. Así pienso que debe ser el amor, o al menos así lo siento. Todavía hoy me arrepiento de no haberle dicho muchas más veces a mi padre que le quería. Ahora que ya no está no puedo hacerlo, aunque tengo la esperanza de que él lo sepa desde donde esté.
Maldito Abel, que siempre siembra dudas y me hace sentir mal. Aunque intente no pensarlo a veces me asalta el temor a la soledad y vuelvo a sentir que me muero y que no puedo respirar y no tengo nadie a mi lado que me sostenga la mano. ¿Será verdad ese dicho de que se nace solo y se muere solo? No quiero ni pensarlo, me da demasiado pánico.

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UN MAÑANA

Han huido en silencio
las palabras.

Se ha secado de repente
mi garganta,
todo me huye, como si
con mis manos hubiese
levantado un puente
de plata que me abre
otro camino, que de todo
lo viejo me separa.

Un camino que me aleja
poco a poco de un dolor
inútil del que ya
no va quedando
más que un rescoldo,
ese que nunca se apaga.

No sé qué decir,
mejor será no
decir nada.

Se ha congelado mi
voz, solo puedo
quemar antiguas esperanzas
y tejer un nuevo
manto que abrigue
mi Mañana.

PIEZAS ROTAS

Como las piezas rotas de
un juguete desechado,
como las alas arrancadas
de un pájaro enjaulado,
como trozos de hueso
que estaban desencajados,
así, amor,tú yo
nos hemos juntado.

Y de dos realidades
dolidas y amargas
poco a poco y
en silencio,
mezclando risas y lágrimas,
estamos creando un
muevo mundo,
un lugar en donde
ocupe el sitio
principal la Esperanza.

Y a veces daremos pasos
de ciego,
caminaremos en falso,
nos dolerá la espalda
de cargar con un
equipaje que no es
nuestro, que alguien
nos ha ido prestando,
casi de soslayo
y sin dar la cara.

Pero si tus manos me sujetan,
podré, amor, subir la montaña,
llegar sonriente a la meta
y vaciar mi mirada en la tuya,
mientras mis dedos recorren
tu cara.

Y tu risa será mi trofeo,
tus abrazos los que apaguen la
sed de mi garganta,
tu pecho mi refugio,
y tus ojos mi mar
por fin en calma.

AMOR EN ZAPATILLAS

Quiero un amor
en zapatillas, un amor
de mañanas mojadas,,
de sonrisas azules,
de violetas envueltas
a veces en lágrimas.

Un amor que no
lleve prisas,
que no me dé la
razón para tenerme
callada,
quiero un amor
que esté a mi
lado aunque la
mañana me encuentre
despeinada.

Un amor que no
juzgue mis palabras,
a veces vanas, que
ame mis olvidos como
se quiere una noche
estrellada.

Un amor que se ría
de mis torpes
incongruencias, y me
las rebata; un amor
que sepa leer mi
mente cuando no puedo
más que estar
callada.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.