25 de febrero de 2016

DICE ABEL 9



Dice Abel que me ha ido mal en mi vida sentimental porque soy excesiva y quiero demasiado. Que los hombres se asustan de mi, porque no escondo ante ellos que sé pensar por mi misma y porque hablo abiertamente de mis sentimientos. Según él la mayoría de los hombres encuentran excitante una mujer que les maltrate un poco, que les de largas y les haga pensar que no está todo ganado.
No sé si lo dice como hombre o como psicólogo, tampoco se lo he preguntado. Prefiero pensar que lo dice como hombre, al menos me permite seguir teniendo una buena opinión de él respecto a lo profesional.
A veces creo que yo tengo en mi una parte masculina mayor de lo que creo. Hay sesudos estudios que dicen que todos tenemos un poco de hombre y de mujer en nosotros mismos, independientemente de nuestro sexo. El caso es que yo soy muy franca en todo lo que pienso y suelo decirlo sin usar subterfugios. El batir de pestañas cual alas de mariposa nunca ha sido lo mío, ni cuando tenía veinte años, y menos con medio siglo a mis espaldas, cuando ya me niego en redondo a hacerme la tonta.
Tengo un cerebro, mejor o peor amueblado, y lo uso. Y también tengo un corazón que ama sin límites. Y no lo escondo. Si al hombre en cuestión a quien haga objeto de ese amor le asusta, pues mucho peor para él. Será porque no se lo merece. Y a mi no me gusta darle margaritas a los cerdos. Lo que si tengo claro es que jamás esconderé mis sentimientos ni los disfrazaré de otra cosa.
Lo triste es que hay pocos hombres por lo que yo haya sentido eso. En honor a la verdad, creo que ni siquiera por Alberto. Y si lo sentí fue al principio, porque me casé enamorada, aunque me durase poco. Yo era muy joven y él tenía poca predisposición a dejarse amar. El desengaño y la aceptación llegaron paulatinamente, como se van cayendo las hojas de los árboles en otoño, que tampoco lo hacen de golpe.
Otra vez, una única vez, me enamoré de alguien que no lo merecía, que me hizo mucho daño. Pero incluso de eso aprendí, y no me arrepiento de haber expresado tan a las claras mis sentimientos. Por eso no quiero escuchar las tonterías de Abel. Él no es el más indicado para dar consejos a nivel sentimental, al menos a mi, que le he visto cornudo y apaleado. El día que tenga que esconder mis sentimientos por miedo a perder a una persona, ya la habré perdido porque no será digno de mi amor. A mi cuando amo me nace de dentro abrazar, besar, decir cuánto le quiero y ocuparme de él más que de mi misma. Así pienso que debe ser el amor, o al menos así lo siento. Todavía hoy me arrepiento de no haberle dicho muchas más veces a mi padre que le quería. Ahora que ya no está no puedo hacerlo, aunque tengo la esperanza de que él lo sepa desde donde esté.
Maldito Abel, que siempre siembra dudas y me hace sentir mal. Aunque intente no pensarlo a veces me asalta el temor a la soledad y vuelvo a sentir que me muero y que no puedo respirar y no tengo nadie a mi lado que me sostenga la mano. ¿Será verdad ese dicho de que se nace solo y se muere solo? No quiero ni pensarlo, me da demasiado pánico.

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