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Mostrando entradas de marzo, 2016

DICE ABEL 25

Dice Abel que soy como el bambú, flexible pero fuerte. Y le da un término de Psicología que ahora mismo la verdad es que no recuerdo. A veces habla muy raro y no quiero gastar mis neuronas con sus bobadas. Con todo, es de las pocas cosas agradables que me ha dicho. Siempre me está criticando, y cuando se lo reprocho me contesta sin empacho alguno que eso es porque me quiere, y que además no es a mi a quien critica, sino mis actitudes.
Para mi sigue siendo lo mismo. Yo soy mis actitudes, y ya le he explicado muchas veces que ni puedo ni quiero cambiar. El, que es tan guapo y tan listo, como en la canción, y a su entender tan buen Psicólogo, bien podría entender que es importante aceptarse a uno mismo.
Y yo desde hace unos cuantos años, no muchos, vivo con mi propia persona en un agradable armisticio. Ya no me flagelo, o no demasiado, por mis incoherencias y mis tonterías. He aprendido con dolor, como se aprende casi todo en la vida, que soy profundamente lunática y que bajo del cie…

ESTABAS

Hoy ha llovido tanto, amor,
que sentí que me ahogaba.
La carretera era tan solo
asfalto gris, triste y solitaria.

Tú no estabas.

Escuchaba música, los
limpiaparabrisas a toda
prisa viraban, y yo
mientras...te pensaba.

Cuando tu sombra tose
amor mío, la mía
también la acompaña,
porque la soledad ya
no existe mientras
tenga tu voz y
me acaricie, aun
en la distancia, tu mirada.

Y me mojé de lluvia, a
veces también de lágrimas,
pero a cada kilómetro,
aunque viajaba sola,
muy dentro de mi
te llevaba.

MIEDO

Hay días en los que tengo miedo.
Un miedo indefinido, que no
sé cómo nombrar, ni tampoco
a que ha venido.

Pero se me asienta en el
pecho, me atrapa en sus garras
y reptando como una serpiente
se me asienta en la garganta.

Me hace ser vulnerable,
se ríe de mi,
se esconde un rato
y vuelve de nuevo
a burlarse en mi cara,
a saber lo qué pienso.

Me retuerce con saña
las manos, y dejan de
ser manos acariciadas
para convertirse en dolor
quizá por cosas pasadas,
o presentes, o futuras,
pero siempre cosas malas.

Se ha instalado
como un vecino maldito,
como un inquilino
que no paga,
como el invitado
que no lo ha sido.

Y no sé cómo echarle,
qué decirle, cómo
atacarle.

Me quedo aletargada,
me hago un ovillo,
pegada a mi misma,
viendo lo que pasa
sin tomar parte en nada.

Sólo espero a que
amanezca otro día,
con sol y con luz,
día de alegría,
y que el miedo se
vaya, que abandone
mi pecho y en otro
árbol se busque su rama.

DICE ABEL 24

Dice Abel que parte de las cosas que sucedieron en mi matrimonio han sido culpa mía por haberlas consentido. Y la verdad es que tiene parte de razón, aunque solo parte. Siempre digo que para conocer el camino que hace una persona hay que andarlo, pero calzando sus zapatos. Dudo que a ese idiota de Abel le queden bien mis tacones, sobre todo porque yo uso un 36 y él un 44. Cuestión de tamaños, que si que importa, y también de que no tiene garbo para llevar tacones.
Cuando tomé la decisión de divorciarme hacía ya muchos años que mi matrimonio estaba roto, pero lo hice cuando tuve la necesaria fuerza de ánimo. A veces creo que mi matrimonio ya nació muerto y yo me empeñé en vivir una unión zombi. Eso fuimos siempre Alberto y yo; dos zombis que no sabían a donde iban cuando estaban juntos. Nunca nos entendimos bien ni compartimos los mismos principios de vida. Y sin embargo, continuamos adelante. Él porque vivía volcado en el trabajo y yo era simplemente la proveedora de comida caliente,…

TE VOY A SECUESTRAR

Te voy a secuestrar.
Sigilosa como una
loba a la espera
de su caza, te atraparé
al pasar, te encerraré
entre mis garras y
ya no te dejaré marchar.

Te ataré con un lazo
invisible, tan ligero que
no sabrás ni que existe,
y podrás ir y venir
y sentirte libre, pero
regresarás, amor, porque
tú lo quieres, porque
yo lo quiero y porque
la luna existe.

Tejeré una telaraña
de besos tan liviana
que no la verás, amor,
aunque sea tan fuerte
que te atrape en
la distancia.

Tanto te amaré que
no volverás a sentir frío,
ninguno de los dos
volverá sobre lo perdido.

Naceremos de nuevo,
seremos dos seres distintos,
unidos a través del tiempo,
ansiando recuperar
lo que nos estaba
prohibido.

Te secuestraré, amor,
te ataré a mi cama,
con una cuerda invisible
de mi boca a tu
garganta.

Te cubriré de sueños,
de amor infinito,
haré que te sientas vivo
tan sólo para saber que
yo también existo.

Te daré amor cada mañana,
me pegaré a tu espalda,
y trazaré un camino
que recorremos cada día
hasta que nos crezca…

DICE ABEL 23

Dice Abel que soy una desordenada, tan sólo porque no encontró al momento un libro que me había prestado el mes pasado y que necesitaba para consultar unos datos. Finalmente resultó que lo tenía en un bolso enorme en donde suelo cargar con el portátil cuando hago algún viaje. Y dio la casualidad de que había tenido que acercarme a Astorga por motivos de trabajo, me llevé el libro y allí se quedó.
Cuando lo encontré se lo tiré a la cara, para que se callase la boca de una buena vez.
Lo cierto es que hace falta ser muy sinvergüenza para acusarme a mi de desordenada cuando él no pierde esa cabeza de chorlito que tiene porque la lleva pegada a los hombros. Aunque francamente, para lo que le sirve...daría igual que la perdiese.
Me he cansado de comprarle guantes porque todos los extravía, o los despareja, que casi es peor. Así que ahora en invierno, tiene sabañones. Pues que se joda, me da igual que le duelan, aunque lo peor es que no deja de quejarse y estoy harta de oírle y de ponerle…

COMO EL AMOR AL DESEO

Ya casi no es lunes, amor,
y yo intento con mi mirada
adelantar las manecillas del reloj,
que los días pasen, que las montañas
se hagan más pequeñas
y que no haya distancia
entre los dos.

Y cada noche te sueño,
antes de dormirme trazo
corazones en tu espalda
con mis dedos.

Huelo en el armario
tu camisa, te rememoro
cuando despierto y
al volver a dormir
sé que te tengo.

Acaricio mi garganta
y encuentro la huellas
de tus dedos, me miro
en el espejo pero es
a ti a quien veo.

Nuestra música me
reclama, me cuenta
de bailes de luna,
de deseo en la sangre
y labios hambrientos.

Releo tus poemas,
los guardo muy dentro.
La poesía nos ha unido,
es nuestro alimento,
y a ti me uno amor,
con la piel y los huesos,
más allá de la distancia
y el tiempo.

Nos pertenecemos, como
la nieve en invierno,
como la espuma a las
olas, como el amor
al deseo.

NOCHES LARGAS

Hay noches largas
en las que toca
velar armas.

Noches llenas de amor
aunque sea en la
distancia,noches frías
en las que a través de
valles y montañas
te regalo mi vida.

Noches de poco dormir,
de mucho recordar,
noches de sentir
y dar gracias, noches
de estar a tu lado
amor, esperando
tu vuelta para
mirarte a los ojos
y hacer que te
sientas mejor.

Si tú velas, yo también,
cuando te duermas,
también yo lo haré.

Y en medio, la
música, el recuerdo
y unos versos tejidos
con puntadas de plata
y silencio.

DICE ABEL 22

Dice Abel que solo entiende que habiendo yo estudiado Historia del Arte me dedique ahora a este negocio por el afán tan enorme que tengo de controlarlo todo.
Creo que no tiene razón, aunque confieso que si me gusta tenerlo todo bajo control, pero el caso es que me dedico a organizar eventos porque lo otro sólo me daba para morirme de hambre. Es una carrera muy bonita y muy útil cuando viajas porque donde el común de los mortales solo ve un montón de piedras yo puedo ver bastante más. Pero lo cierto es que para vivir, al menos a mi no me ha servido.
En los primeros años de casada, y dado que Pablo llegó pronto, me quedé en casa, cuidando del niño y soportando los caprichos de Alberto, mal rayo le parta por majadero y malcriado. No lamento haber podido dedicarme a mi hijo durante esos años porque nunca pasé las angustias de muchas madres al tener que dejar en la guardería a un bebé de pocos meses.
Yo pude disfrutar de mi hijo, y también sufrir. Que no todo son mieles en la maternidad,…

EL AMOR FLUYE

Estoy hecha de tus besos,
amor, mi piel tiene
tu huella y mi pelo
guarda el recuerdo
de tus dedos.

Mis manos te sueñan
y durmiendo te recorren
conjurando tu presencia.

Me siento en tu silla,
mi cabeza descansa
en tu almohada
y cuando no estás
duermo en tu lado
de la cama.

Escucho tu música,
me baño en tus versos,
y echo de menos que
nadie me hable
en sueños.

Y aún en la distancia
cada noche acaricio
tu espalda,
mis dedos trazan
palabras de amor
en tu piel y
espero que llegue
la mañana para
estar contigo un
día más.
lejos, cerca,
la distancia da igual.

Mi alma se adentra
en la tuya y no
queda un rincón
que no habite de ti,
porque todo
es fácil cuando
fluye el amor.

LAZOS DE AMOR

A media mañana
me llegan tus versos,
versos de agua,
de miel y silencio,
versos que me cubren
como un manto de plata
y hacen de ti
mi universo.

Y los guardo muy dentro,
me quedo con ellos,
me hago un collar
que adorne mi cuello
hasta que tú llegues,
amor, y y me recorran
tus dedos.

Dedos que me palpen
como los de un ciego,
que me recorran
toda, en una danza
que se inicie
en mi pelo,
en mil caricias
que vuelen
desde tu boca
a mi pecho;
que me hagan sentir
que existo
porque has llegado,
porque te tengo
de esa manera libre
en que se tiene
lo que se ama,
lo que no se ata,
salvo con lazos de ternura
entretejidos de fuego
y deseo.

DICE ABEL 21

Dice Abel que soy una contradicción de pelo rojo y cuatro extremidades. Yo creo que todos, salvo los que tengan electroencefalograma plano, somos contradictorios en mayor o menor medida. Aunque acepto que yo un poco más. Y sé por qué me acusa de eso. Le parece raro que pueda ser tan controladora y estar siempre preocupada por Pablo y por él mismo y sin embargo cuando el niño era pequeño nunca fui de esas mamás obsesionadas por hervir los juguetes o porque mi niño no se cayese jugando.
Yo creo que una cantidad razonable de mugre, bacterias y demás bichitos administrados con sentido común durante la infancia ayudan a que los niños crezcan más sanos y se inmunicen ante muchas cosas; sobre todo ante la excesiva tontería. Y en cuanto a hacerse daño jugando, eso forma parte de la vida y así como es normal que los soldados sean heridos alguna vez, un niño que se precie de haber tenido infancia tiene que poder mostrar alguna cicatriz o sus amigos en el patio del colegio le harán de menos.

DICE ABEL 20

Dice Abel que tengo que aprender a decir que no sin sentimiento de culpa. Puede que sí, aunque odio que esté todo el día diciéndome lo que tengo que hacer. Se me ha dado por pensar que me usa como conejillo de Indias para luego poner ideas en prácticas con sus tarados. Y le debe de dar buen resultado, porque yo soy el vivo reflejo de todos los traumas, síndromes y complejos.
También es cierto que me cuesta mucho decir que no. Lo fácil sería echarle la culpa a mi madre y a la educación recibida, pero no caeré en esa trampa. Soy así de tonta porque así he nacido. Por eso dejo que Virginia elija las fechas de sus vacaciones aunque a mi me venga fatal, y por eso cedo a tantos caprichos de mi hijo y he aguantado muchos años con su padre. Y también por eso soporto las excentricidades de Abel, que no sabe hacer la O con un canuto por más que en un papelucho diga que es psicólogo.
He descubierto hace ya tiempo que sin mi él sería poca cosa. Yo sin él...también, lo confieso. Ahora que nadie…

DICE ABEL 19

Dice Abel que soy ciclotímica, que resulta insufrible soportar mis cambios de humor y que ahora que me llega la menopausia, todavía la cosa irá a peor; es lo que él se teme. Parece ser que no se puede estar en el mismo día en el cielo y en el infierno.
Él que demonios sabrá. No soy eso que dice. Tan sólo cáncer y por tanto algo lunática; y sobre todo me afectan demasiado las cosas. Creo que espero mucho del ser humano y cuando alguien me falla, me vengo abajo. Tampoco es que necesite una gran traición o algo dramático para sentirme mal. El día se me puede arruinar tan sólo porque la chica del kiosko que está enfrente de mi trabajo no me salude con buena cara. Sí, luego lo razono conmigo misma y me digo que lo más probable es que la pobre tenga un mal día y nada en mi contra. Pero el daño ya está hecho y yo ya me he pasado más de dos horas dándole vueltas al asunto en mi cabeza, como si fuese una batidora.
Y con Abel me ocurre lo mismo. Lo que pasa es que a él le pregunto directamen…

DESATINOS

Algunos días amanecen negros
como el ala de un cuervo,
como el alma de un asesino,
como el destino de un suicida,
como una mañana en el Infierno,
como la piedra negra
que me corta el camino.

Días de acero en los que
todo se ve torcido,
y cuando miro el espejo
hasta mi rostro
se ha perdido.

En esas mañanas quiero
que el mundo se hunda,
que una nube negra
de hierro fundido
me cubra el alma
de golpe y me evite
seguir imaginando
desatinos.

Que un manto cubra
mi pelo y que
me venden los ojos,
que mis oídos se cierren
con tapones de cera
para que no pueda
escuchar más cantos
de sirena.

Que se acabe el día y tal
vez al final me pueda
llegar una paloma mensajera
que me traiga noticias
y me diga que ya
por fin será primavera.

ME MORIRÉ EN DOMINGO

Me moriré en domingo.
Porque quiero, y porque
me da la gana.

Porque es un día inútil,
para arrojar por la ventana,
un día donde solo
hay bruma aunque ya
luzca el sol desde
la mañana.

Los domingos no pienso,
me siento amarrada
a una piedra enorme
que tira de mi y
amenaza con hacerme caer
sobre una espada
que me abra la carne
mientras un ave rapaz
se sacia con mi sangre.

El domingo es ese día
que no tendría que
manchar la semana.

Quiero que sea martes
o tal jueves por la mañana,
quizá miércoles a las
cuatro de la tarde,
pero nunca ese domingo
que se cierne sobre
mi cabeza en
negra amenaza.

El domingo que me roba
la vida y me transforma
en un mero fantasma.

Por eso moriré en domingo,
quizá porque está prohibido
hacer funerales, y no quiero
que nadie me llore en domingo,
no es día digno de
llevarse lágrimas.

Al día siguiente, amigos,
podréis mostrar
vuestro dolor, o no,
lo que os plazca.

DICE ABEL 18

Dice Abel que no está bien que sea tan rencorosa; que me hago daño a mi misma y que el rencor no sirve para nada bueno, tan sólo para crear enfermedades.
Y es que le ha dado por pensar que todo lo somatizo. Que me duele el estómago, es porque no he aclarado las cosas con Virginia, la chica que atiende la recepción de mi empresa. No sirve de nada que le explique que me ha sentado como un tiro el salmón del almuerzo. Si me sale un sarpullido en la muñeca quiere decir que no proceso como debería que mi hijo se ha hecho mayor y ya no está todo el día pegado a mis faldas. Supongo que carece de importancia que padezca una dermatitis desde niña y tenga un brote justo en ese momento.
Y si hablamos de rencores, tiene gracia que sea precisamente él quien me acuse a mi de rencorosa. Él, que creó un perfil falso en Facebook con el nombre de un antiguo amigo de Olvido para saber qué hacía en cada momento y con quien hablaba. Por no decir que cuando se enteró de que el compañero de trabajo con qu…

MI PADRE Y TÚ

Mi padre está muerto.
Y cada día yo le
echo de menos.

Recuerdo sus manos, tan
iguales a las mías,
sus paquetes de tabaco,
el obligarme a escribir
sin faltas de ortografía.

Cuando me acuesto
todavía extraño que
no me de un beso
en la frente y me
arrope con cuentos
de bosques y lobos,
de frío en diciembre,
de hadas y gnomos.

Pero ahora, amor, cuando
tú estás aquí, me siento
mejor, porque sé que
le gustas, en sueños
me lo ha dicho
cada noche que me cuesta
dormir, y para aliviar
mis males me visita
y me dice que lo
mejor todavía
está por venir.

Y como soñar no
cuesta dinero y yo
no soy rica,
os imagino hablando
de fútbol, compartiendo
un buen vino, y
es entonces cuando
me digo a mi misma
que la muerte no existe,
tan sólo el Olvido;
y que los seres queridos
siempre están presentes,
siempre irán conmigo.

Y me siento feliz, amor,
porque a tu lado
soy una mujer, con
años, canas y tantos
latidos; y cuando le
recuerdo a él
puedo volver a
ser niña otra vez.

11M

Ya es once de marzo. Recuerdo perfectamente ese día. Entonces vivía en Canarias y allí es una hora menos. Estaba haciendo el desayuno. Como siempre, zumo, tostadas, cereales; despertando a mi hija para ir al instituto. Y de repente...todo cambia. La televisión me dice que ha habido un accidente en un tren; no, en varios. No se sabe lo que ha sido. Se habla de atentados, de heridos, de muertos.
Llevo a mi hija al colegio escuchando la radio en el coche, pero nadie parece saber de qué va la cosa. Voy a trabajar. En aquella época mi trabajo es a la vez estar en la oficina e ir a otras oficinas. Parece que todo el mundo está desorientado. Nadie sabe nada, pero todo el que tiene familia o amigos en Madrid reza en silencio para que estén a salvo.
Luego todos sabríamos de los muertos, de los heridos, de las familias rotas y de los que nunca volverán a sus casas después de la jornada.
Ha pasado mucho tiempo, pero cada once de marzo yo, como tantas personas, me sigo preguntando por qué.
Y…

DICE ABEL 17

Dice Abel que carezco por completo de tacto y no soy diplomática, además de canalizar mal mi ira.
Realmente no sé por qué no le remato de una buena vez con el canto de la plancha en la sien o no le corto la lengua para que se calle y deje de atormentarme.
Esto viene de que hace unos días discutí tanto con Pablo a la hora de la cena que el muy desgraciado metió cuatro cosas en una bolsa de deporte y se marchó a casa de su tito del alma; donde me imagino que me pondrían a caldo entre los dos.
Para más inri le tocaba tener el perro a Abel, con lo cual me quedé sin ninguno de los machos que suelen fastidiarme la vida a diario. Harían una fiesta de tíos los tres, me imagino. Espero que ese imbécil no les haya dado gin tonic ni al chico ni al perro.
Al día siguiente era sábado y tenía que traerme a Káiser. Le tocaban los quince días en casa de Mami. Llegaron ambos a las tres de la tarde, cuando el arroz con pollo que había preparado estaba ya más pasado que el NODO y yo cabreada como un…

TU LATIDO

En estas noches tan frías
te echo de menos, amor,
extraño tus besos
y me hace falta tu calor.

Cuento las horas, los días,
odio el calendario,
las fechas eternas que no
pasan y se detienen,
quizá para hacerme daño.

Me salva tan solo tu voz,
me llena de gozo el corazón
cuando te oigo
en la distancia
y puedo cerrar los ojos
y recordar tu sabor.

Cada rincón de esta
casa me trae recuerdos
de ti, mi amor,
me dice donde has estado,
me cuenta al oído
que no estoy del todo
completa cuando
no estás conmigo.

Y sin embargo cada
noche te sueño
y así el día
tiene un color más pleno.

Y sé que el tiempo pasa
y todo llega,
y solo por eso, amor
sobrevivo.

Hago planes, cuento horas,
pienso en qué cocinar
para cuando estés
en casa, amor, y pueda
sentir otra vez
en mi pecho tu latido,
y susurrarte en la
penumbra palabras
de amor, aunque
no tengan del todo
sentido.

DICE ABEL 16

Dice Abel que poco a poco tengo que ir aprendiendo a ser menos dependiente, tanto en lo emocional como en las cosas cotidianas. Me echa en cara que no sepa cambiar la rueda de un coche, por poner un ejemplo. Y yo, que estoy haciendo oposiciones a santa, no le envío a donde se merece, es decir, a la mierda. A ver, intentaré mantenerme fría y analizar la situación.
En honor a la verdad he de confesar que no sé cambiar la rueda de un coche, eso es verdad. Y no quiero aprender. Odio mancharme de grasa las manos y aunque aprendiese la técnica en la vida tendría la fuerza necesaria para apretar bien los tornillos o tuercas o lo que sea que demonios lleven las ruedas; con lo cual lo más probable es que me matase en la siguiente curva. Si se me pincha una rueda llamo a la grúa y un mecánico muy amable me la cambia. Punto. Igual que si tengo apendicitis voy al hospital; jamás se me ocurriría rajarme yo misma la tripa. Zapatero a tus zapatos.
Puede que sea emocionalmente dependiente. No lo sé…

SOBRAN LOS VERSOS

Cuando te tengo,
sobran los versos.

Los escribo en tu carne,
quedan grabados, amor,
en tu piel.

Pero en la distancia
me alimento de poesía,
me cura el alma,
hace que me sienta
menos perdida.

Mientras escribo rememoro
tus labios y mis dedos
trazan versos mojados
y me recreo en tu boca,
siento como me roza
hasta herirme la piel
en una batalla que
pierdo en pequeñas derrotas
que me saben a miel.

La poesía nos une, amor,
nos enlaza las manos
en un baile infinito;
hace que mi alma
se beba la tuya
en un banquete en donde
andamos caminos que
nadie antes había escrito.

DICE ABEL 15

Dice Abel que tengo que aprender a no traerme a casa las frustraciones del trabajo. Y yo le digo que no es fácil, porque al fin y al cabo mi vida entera prácticamente se reduce al trabajo. Además, si yo trabajase encerrada en un despacho con papeles y sin tratar con seres humanos detestables, al acabar mi jornada puede que volviese a casa cansada, pero estaría entera. Así vuelvo hecha unos zorros y con ganas de pegarme un tiro, o mejor, de pegárselo a la gente que tengo que tratar.
Contra lo que pudiera parecer, las novias no son las más difíciles de contentar. Ellas están demasiado imbuidas en su propia nube y suelen dejarse aconsejar con bastante docilidad. Los novios, pobrecitos, ni pinchan ni cortan. Tan sólo hay algunos que protestan porque les asusta ir tan trajeados, cuando suelen ser chicos que van hechos unos Adanes y no se han puesto corbata en su vida, ya no digo chaqué.
Pero las madres...ay las madres. Se enfrentan entre ellas, lo cual nos indica que cuando tengan un nie…

DICE ABEL 14

Dice Abel que tengo que hacerme a la idea de que el tiempo pasa y que es inevitable que nos deje huella, que no podemos ser siempre jóvenes porque es ley de vida y sobre todo de naturaleza. Yo asiento; no tengo ganas de discutir porque hacerlo con él es perder el tiempo.
Pero como soy persona de acción el sábado pasado le propuse que cenásemos en su casa, poniendo como disculpa que Pablo se traería a unos amigos y no quería molestarles. Yo llevé la comida ya preparada y mientras Abel abría el vino y ponía la mesa fui al baño.
No me avergüenza para nada confesar que en menos de diez minutos había revisado todo lo que allí guarda. Encontré lo típico: hilo dental, pasta de dientes y varios cepillos sin estrenar además del suyo, maquinilla de afeitar, loción, colonia, gel, champú, un paquete de preservativos caducados...Esto ya me preocupó un poco, porque o bien no toma precauciones o su vida sexual está tan muerta como la mía. Pero Dios, o el diablo, no lo sé, premiaron mi paciencia y …

REGRESO SOLITARIO

He regresado sola, amor.

Más callada que antes,
más cansada, con
miedo al lunes y
a una noche, la primera,
si tu mano en la mía;
sin que me levante por
la mañana de puntillas
solo para verte dormir,
amor mío, para acariciarte
en silencio
y sentir que llenas
mi vacío.

Él me espera en la puerta,
pero al no verte entrar
también se siente perdido.
Sé que esta noche dormirá
sobre tu manta, huele a ti
y servirá para que los
dos nos sintamos
menos vacíos.

El corazón me duele un
poco, amor, lo justo
para saber que vivo;
que mañana será un día
menos para poder sentir
de nuevo que tus ojos
se funden en los míos.

Y me vestiré de luna,
me haré trenzas para
llamar a la primavera,
sonreiré cada mañana
y sólo saber que existes
será el motivo
para desear que amanezca.

Y tú dormirás, amor, cada
noche te abrazarás a mi
ausencia y aún a través
de tu mar y mi océano
sabré llevarte
mi presencia

DICE ABEL 13

Dice Abel que soy una masoca que cuando no tiene problemas los busca y siempre tengo que estar preocupada. He de darle la razón, aunque a él no se lo diga ni harta de vino. Creo que esto me viene de la niñez. Cuando estaba contenta mi madre me vaticinaba que al día siguiente tendría un motivo por el qué llorar, con lo cual nunca disfruto del todo de los buenos momentos, preguntándome que desgracia me ocurrirá luego. Me río, pero para dentro, y disfruto pero no lo reconozco. Por si las moscas.
Sin embargo, no soy tonta del todo, y no siempre que me preocupo es sin motivo. Hace más o menos cuatro años una mañana en la ducha me palpé un bulto en el pecho izquierdo. Era muy pequeño pero antes no estaba. No se lo conté a nadie y pedí cita con mi ginecólogo. Le conozco desde siempre, él me atendió cuando nació Pablo.
Se trataba de un tumor, y lo extraño es que cuando Adolfo me lo dijo me quedé mirándole con aparente tranquilidad y le pedí que me contase paso a paso lo que había que hacer.…

A TU COMPÁS

Tose tu sombra, amor,
y la mía estornuda
a tu compás.

No hay fronteras ni límites
que nos puedan separar.

Nuestras sombras se unen
en un baile sin fin
que nadie vamos
a contar.

Ya la soledad no existe,
aunque las llaves se pierdan
sabes, amor, que siempre
aparecen;
puede que entre limones
viajeros que en la
lluvia nos unen
y nos hacen sentir
plenos.

Los dos en la misma
dirección, amor,
no importa si norte
o sur, sólo dame
tu mano y guíanos
a los dos.
Yo te seguiré
a donde vayas
sin preguntar
siquiera.

Sólo escríbeme, amor,
y dibújame también,
de la cabeza a los pies,
y cántame mil canciones.

Yo cocinaré para ti,
te haré guisos de
besos condimentados
con ternura, y mientras
el guiso se hace
tejeré unos versos
mal cuadrados, si rima,
versos despistados, que te sequen
el alma si vuelves
a casa resfriado.

PUTAS DIGNAS

Vuelvo a un tema que ya he tratado otras veces y en el que ahora mismo estoy trabajando, casualidades de la vida, para una charla en el mes de abril. El tema no es otro que la dignidad de las putas, y viene a raíz de un debate en un grupo del que formo parte y del que me he retirado porque me sentí ofendida, aunque entiendo que mi interlocutora no lo pretendiese. Pero los sentimientos son libres.
Yo nunca defenderé la trata de seres humanos porque no es otra cosa que esclavitud, y me da igual que sean hombres, mujeres o niños. La esclavitud, el valernos de otros seres para nuestros caprichos o deseos siempre será condenable, al menos para mi.
Por eso defiendo y siempre defenderé que la prostitución se legalice. Cuando a algo que está ahí, por mucho que pretendamos esconderlo, se le ponen leyes y barreras, estará más controlado. Y, vamos a ser sinceros y hablar como adultos: siempre habrá prostitución. Pues entonces vamos a intentar que sea un trabajo digno, que quien lo practique t…

DICE ABEL 12

Dice Abel que mi mala reacción ante la llegada de la menopausia y esa sensación de que me he convertido en un secarral , en tierra yerma, viene de que hubiese necesitado tener más hijos para saciar mis ansias de maternidad.
Puede que tenga razón. De hecho yo siempre he querido ser madre de una familia numerosa, pero después de nacer Pablo y de manera voluntaria, al ver cual había sido la reacción de su padre, decidí no volver a pasar por la misma experiencia. Alberto me robó lo mejor y más valioso que una mujer puede tener; la alegría de traer un hijo a este mundo y compartirlo con quien ha puesto la mitad de la genética de ese niño.
Y yo en ese momento hubiese estado sola si Abel no estuviese conmigo en el paritorio. Sus ojos llenos de lágrimas fueron los que se cruzaron con los míos, y no los de mi marido.
Es algo que no llevo bien, he de reconocerlo. Siento que me han robado algo, y lo peor es que el ladrón es Alberto. Solo espero, y de todo corazón, que con este nuevo bebé que …