11 de marzo de 2016

DICE ABEL 18



Dice Abel que no está bien que sea tan rencorosa; que me hago daño a mi misma y que el rencor no sirve para nada bueno, tan sólo para crear enfermedades.
Y es que le ha dado por pensar que todo lo somatizo. Que me duele el estómago, es porque no he aclarado las cosas con Virginia, la chica que atiende la recepción de mi empresa. No sirve de nada que le explique que me ha sentado como un tiro el salmón del almuerzo. Si me sale un sarpullido en la muñeca quiere decir que no proceso como debería que mi hijo se ha hecho mayor y ya no está todo el día pegado a mis faldas. Supongo que carece de importancia que padezca una dermatitis desde niña y tenga un brote justo en ese momento.
Y si hablamos de rencores, tiene gracia que sea precisamente él quien me acuse a mi de rencorosa. Él, que creó un perfil falso en Facebook con el nombre de un antiguo amigo de Olvido para saber qué hacía en cada momento y con quien hablaba. Por no decir que cuando se enteró de que el compañero de trabajo con quien le puso los cuernos la había dejado plantada vino a recogerme vestido de rigurosa etiqueta y me invitó a una cena de lujo, con Vega Sicilia incluido.
Me atrevería a decir que no sólo es rencoroso, sino también vengativo. Yo nunca tomo venganza de nada ni de nadie; prefiero que lo haga el tiempo en mi lugar. Y nunca falla. Es el karma. Si eres muy hijo de puta, el bendito karma un día u otro acaba pasándote factura. Quizá por eso la mujer de mi ex se ha quedado como una foca después del parto, cuando a él siempre le han horrorizado las gordas. No es que yo me alegre, pobre chica; el karma la ha usado para castigar al imbécil de Alberto.
Y todas estas acusaciones vienen porque desde la última bronca con Pablo le he retirado la palabra. Tengo todo el derecho del mundo, que para eso soy su madre. Y me debe respeto y obediencia. Mientras siga bajo mi techo, acatará mis normas, le gusten o no.
¡Jesús! Ahora que lo pienso...estoy envejeciendo porque ya hablo como mi madre. O será que hay un lenguaje universal de madres, independientemente de la edad. El caso es que aunque Abel ha venido a realizar labores de mediador como si de un acto de conciliación judicial se tratase, yo no he entrado al trapo. Les he dejado muy claro a los dos que mientras no haya una disculpa formal por haberme elevado el tono y no aceptar un no por respuesta a la locura de la moto, no habrá reconciliación posible. Y para que vea que la cosa va en serio, he dejado de lavarle y plancharle la ropa. Y ya en el colmo de la maldad solo pongo de comer verduras, en sus más diversas acepciones, cuando sé que Pablo las odia. Quizá por eso lleva varias noches cenando en la casa de su chica. Otra que tal baila. No me gusta nada.
La trajo a cenar a casa hace un mes, para presentármela. Me pareció un poco borde y muy ordinaria en su manera de vestir y conducirse. ¿Cómo se pueden llevar las uñas pintadas de negro? Parece que llegada directamente de cavar en el huerto. Y su ropa..demasiado escote y mucha minifalda. No es que yo sea precisamente una mojigata, porque a mi edad todavía me pongo faldas cortas, pero hay una ley no escrita que dice que para no caer en la vulgaridad se debe ir tapada de abajo si se enseña de arriba, o al revés. Pues esta niña parece que no conoce la norma; y tampoco su madre, si vamos al caso.
Abel cenó con nosotros y cuando le expresé mi opinión desfavorable tuvo la desfachatez de decirme que simplemente estaba celosa porque pensaba que me iba a robar el cariño de mi hijo.
¡Qué hombre más necio! Como se pasa el día entero entre tarados y acomplejados piensa que también yo soy una de ellos. No sé cómo no les puse a los tres un purgante en la sopa de pescado. La próxima vez lo haré, y ojala rematen la noche en Urgencias. Karma.

2 comentarios:

  1. Espectacular! Menos mal que no es rencorosa! Lo que me he reído!

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  2. Eso opina ella de sí misma. Pero yo creo que los dos son algo rencorosos y también vengativos. Que se prepare la nuera. Gracias por leer Javier.

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