28 de marzo de 2016

DICE ABEL 24



Dice Abel que parte de las cosas que sucedieron en mi matrimonio han sido culpa mía por haberlas consentido. Y la verdad es que tiene parte de razón, aunque solo parte. Siempre digo que para conocer el camino que hace una persona hay que andarlo, pero calzando sus zapatos. Dudo que a ese idiota de Abel le queden bien mis tacones, sobre todo porque yo uso un 36 y él un 44. Cuestión de tamaños, que si que importa, y también de que no tiene garbo para llevar tacones.
Cuando tomé la decisión de divorciarme hacía ya muchos años que mi matrimonio estaba roto, pero lo hice cuando tuve la necesaria fuerza de ánimo. A veces creo que mi matrimonio ya nació muerto y yo me empeñé en vivir una unión zombi. Eso fuimos siempre Alberto y yo; dos zombis que no sabían a donde iban cuando estaban juntos. Nunca nos entendimos bien ni compartimos los mismos principios de vida. Y sin embargo, continuamos adelante. Él porque vivía volcado en el trabajo y yo era simplemente la proveedora de comida caliente, un hogar cómodo y ropa limpia. Muy de tarde en tarde, también de sexo, aunque creo que esa parte la tenía mejor cubierta fuera de casa. Y yo porque fui educada en la idea de que el matrimonio es para toda la vida, como lo fueron la mayoría de las mujeres de mi época. He de confesar que a día de hoy todavía considero el mayor fracaso de mi vida haber tenido que divorciarme y siento que le he fallado a mi hijo. Si me pongo a pensarlo detenidamente quizá el mayor error que cometí con Pablo fue darle a Alberto como padre. Abel me dice entonces que no me vaya por los Cerros de Úbeda, porque si Alberto no fuese su padre Pablo no sería Pablo, sino otra persona distinta.
Cuando se pone filosófico sencillamente no puedo con él y le mando callar porque me provoca dolor de cabeza. Y si continua por el mismo camino saco la artillería pesada y ataco su desastroso matrimonio con Olvido. Nunca estuvo enamorado de ella y aún ahora pienso que si se casó fue porque estaba buena y él temía quedarse solo. Si que es cierto que cuando le puso los cuernos Abel se lo tomó muy mal y cayó en un pozo de autocompasión. Pero eso se debió a que tiene un ego tan enorme que no le cabe en ese cuerpo tan grande, y no porque la amase de verdad. O eso quiero yo pensar, porque ahora que me estoy confesando y que nadie puede leer lo que escribo, no podría soportar que Abel la hubiese amado. Que nadie me pregunte por qué. No lo sé. Pero si sé que solo imaginarlo me da dolor de estómago y ganas de llorar.

2 comentarios:

  1. Que complicado es esto. Sobretodo cuando cada un intenta ser el mismo y los fracasos no son de uno sino del contrario. Contra quien te casas ? escuché una vez en un pueblo de Aragón

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  2. Bueno...hay muchos matrimonios felices y que duran toda la vida. Eso es como la lotería, supongo. Gracias por leer

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