Ir al contenido principal

DICE ABEL 25


Dice Abel que soy como el bambú, flexible pero fuerte. Y le da un término de Psicología que ahora mismo la verdad es que no recuerdo. A veces habla muy raro y no quiero gastar mis neuronas con sus bobadas. Con todo, es de las pocas cosas agradables que me ha dicho. Siempre me está criticando, y cuando se lo reprocho me contesta sin empacho alguno que eso es porque me quiere, y que además no es a mi a quien critica, sino mis actitudes.
Para mi sigue siendo lo mismo. Yo soy mis actitudes, y ya le he explicado muchas veces que ni puedo ni quiero cambiar. El, que es tan guapo y tan listo, como en la canción, y a su entender tan buen Psicólogo, bien podría entender que es importante aceptarse a uno mismo.
Y yo desde hace unos cuantos años, no muchos, vivo con mi propia persona en un agradable armisticio. Ya no me flagelo, o no demasiado, por mis incoherencias y mis tonterías. He aprendido con dolor, como se aprende casi todo en la vida, que soy profundamente lunática y que bajo del cielo al infierno con más rapidez que un cohete espacial. ¿O ya no se llaman así esas cosas que mandan al espacio?
También he aceptado que padezco el mal de ir haciendo de madre a todo el mundo. A mi hijo, por supuesto, es normal. También lo es que lo haga con mi madre; hemos llegado al punto en que se están invirtiendo los papeles e irá en aumento a medida que ella envejezca. También con Abel ejerzo de madre protectora, haciéndole platos que le gustan, cuidando de qué ropa se pone o de que no se acatarre en invierno. Pero es que he llegado a hacerlo hasta con Virginia, la chica que trabaja conmigo desde hace cuatro años. Le llevo calditos cuando tiene gripe, le he limpiado la casa cuando se hizo un esguince en el tobillo, me preocupo si llega a trabajar con ojeras, señal de que no ha descansado...Hasta me la traje a dormir a mi casa cuando la dejó el cabronazo de su novio. Sé que esa primera noche es horrible y no es bueno estar sola. Nos pusimos los pijamas de franela y nos acomodamos en el sofá con una manta y Káiser en medio, además de una caja de bombones de licor, una botella de cava y un surtido de pañuelos de papel. Vimos, de una atacada, “Los puentes de Madison” y “Memorias de África”. Lloramos las dos hasta tener los ojos como patatas y la garganta ronca.
Yo es que para llorar...Meryl Streep. No sé qué tiene esta mujer y su manera de interpretar que a mi me revuelve todos los sentimientos por dentro. Y que mala suerte la de sus personajes. La baronesa Karen Blixen con un marido horrible que le pegó una sífilis y luego el de los leones, que no era nada del otro jueves en eso de hacer feliz a una mujer. Y la pobre americana, con un marido aburrido y gañán y cuando llega el periodista valiente y guapo, le deja escapar. Qué mema. SI fuese yo le encerraría bajo siete llaves y mandaría al marido a freír churros a un camping.
Esa es otra cosa que Abel me recrimina; que soy una fantasiosa y vivo profundamente las cosas que les pasan a los personajes de novelas o películas. Pues si. ¿Y qué? A menudo la vida real es una porquería tan grande que para evadirse de ella hace falta una buena dosis de irrealidad. Y yo prefiero buscarla en esos personajes que en una botella de brandy o en una raya de coca, o en esas pastillas que circulan ahora por los antros juveniles, de las que sé poco pero rezo cada día para que Pablo también sepa poco, o nada. O que lo sepa todo, se asuste, y nunca le de por consumir esas marranadas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.