11 de marzo de 2016

MI PADRE Y TÚ





Mi padre está muerto.
Y cada día yo le
echo de menos.

Recuerdo sus manos, tan
iguales a las mías,
sus paquetes de tabaco,
el obligarme a escribir
sin faltas de ortografía.

Cuando me acuesto
todavía extraño que
no me de un beso
en la frente y me
arrope con cuentos
de bosques y lobos,
de frío en diciembre,
de hadas y gnomos.

Pero ahora, amor, cuando
tú estás aquí, me siento
mejor, porque sé que
le gustas, en sueños
me lo ha dicho
cada noche que me cuesta
dormir, y para aliviar
mis males me visita
y me dice que lo
mejor todavía
está por venir.

Y como soñar no
cuesta dinero y yo
no soy rica,
os imagino hablando
de fútbol, compartiendo
un buen vino, y
es entonces cuando
me digo a mi misma
que la muerte no existe,
tan sólo el Olvido;
y que los seres queridos
siempre están presentes,
siempre irán conmigo.

Y me siento feliz, amor,
porque a tu lado
soy una mujer, con
años, canas y tantos
latidos; y cuando le
recuerdo a él
puedo volver a
ser niña otra vez.

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