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Mostrando entradas de abril, 2016

DICE ABEL 32

Dice Abel que debo aprender a manejar mejor mis emociones y no permitir que ellas me manejen a mi. Claro, esa frase, dicha así, suena muy bien y a libro de auto ayuda. Pero no es tan sencillo. Las emociones son como la gripe; uno no la busca, pero llega y te deja una semana fuera de combate. Solo queda esperar con paciencia a que se cure.
La verdad es que soy de las que lloran con una película, un libro o un poema, y luego ante cosas verdaderamente graves me quedo totalmente bloqueada y quien me vea desde fuera pensará que soy un bloque de granito. Nada más lejos de la realidad.
También dice Abel que soy la más borde entre las bordes cuando estoy de mal humor, y que no me doy cuenta de cómo puedo herir a la gente. Pues entonces supongo que él tampoco se dará cuenta de cómo me hiere a mi haciendo esta afirmación. Porque además, y como de costumbre, no tiene razón alguna.
Esto viene de que hace un par de días él presenció una conversación telefónica que mantuve con una tele operador…

CON LLUVIA, VIENTO O SOL

Piso una hoja.
Se resquebraja, y el
ruido me entristece,
amor, como si fuera
una mortaja que
me envuelve en silencio
y tira de mi hacia
un agujero negro.

Duele la ausencia
y hasta tu sombra,
en la oscuridad de la noche,
se hace huidiza y no
quiere abrazarse a la mía,
aun a pesar de mis ruegos
me huye, amor,
se escapa, avanza y
me hace un guiño
desde lejos.

Y cuando todo se hace
más triste y oscuro,
con el nuevo amanecer
me llega, en la distancia,
en un murmullo, tu voz,
y un poema tejido
para mi, sólo para mi,
y ya se escapan por
la ventana todas las
penas, ya es casi verano, amor
ya están rotas las cadenas.

Y salgo a bailar descalza,
a celebrar la primavera;
me siento tan ligera, amor,
que no importa que llueva.

Nueve días...no son nada,
el tiempo no existe,
quemaré la distancia.

Mi mirada se ilumina,
me has acariciado
con tu voz esta mañana.

Y mientras conduzco
hago planes, tantos
que llenarían varias
semanas, y le hablo
al perro de ti;
el me dice a todo
que sí mientras
se lame …

DICE ABEL 31

Dice Abel que soy una controladora y una agonías. Yo creo que no, aunque ahora que no nos oye nadie, igual en esto tiene algo de razón.
Lo de controladora lo dice por una bronca monumental que tuvimos a raíz de una conferencia suya. Cuando eso sucede yo le elijo la ropa y él no discute. Pero en esa ocasión yo regresaba de un viaje de trabajo con el tiempo justo de acudir al evento. Y...horror de horrores, me encuentro encaramado al estrado a un Abel con el pelo más alborotado que de costumbre, la barba sin arreglar, americana, vaqueros muy pero que muy deslucidos y...zapatillas deportivas. Me quise morir allí mismo pero más todavía matarle a él poquito a poco, sintiendo como agonizaba lentamente. ¿Cómo podía hacerme esto a mi después de todo el tiempo que había empleado en enseñarle como presentarse dignamente? Nada más acabar la conferencia, brillante por cierto, le tomé del brazo y le arrastré a una esquina del local, en donde le leí la cartilla de la A a la Z. Y luego, ya en mi…

DICE ABEL 30

Dice Abel que siempre estoy criticando a todo el mundo y que me erijo en juez de los actos de los demás, lo cual, según él, es tan sólo porque tengo poca autoestima e intento elevarla haciendo quedar a los demás por debajo.
Es mentira, como casi todo lo que él opina de mi. Yo creo que lo dice para enfadarme o para probar el aguante que tengo. Se basa tan solo en las cosas que le he contado, con bastante poco tino por mi parte, de mi trabajo y con la clase de personas con las que tengo que tratar.
Cierto es que hay parejas encantadoras, pero también es cierto que son las menos. La mayoría están como cabras y no saben lo que quieren, con lo cual al final del día yo acabo también como un cencerro, y para sentirme mejor les critico, es verdad, pero solo con Abel porque es con quien tengo más confianza.
Y mira cómo me lo paga. ¡Qué caradura! Si él es el primero que se queja siempre por todo. No quiero recordar el último viaje que hicimos juntos; se pasó todo el tiempo protestando por …

DIBUJOS

Dibújame despacio, amor,
traza con tu lengua un
camino desde la punta
de los pies a mis tobillos,
y detente en cada una de
mis uñas, bésalas hasta
sacarles brillo.

Sube luego hasta mis muslos,
dibuja cada vena, traza
con tus dedos surcos de amor
en mi carne, dibuja luego
tu deseo en mi
cintura, y dime al oído
que no puedes estar sin mi,
que soy yo quien todo te
cura, tu sol y tu luna.

Quédate parado en mi vientre
y hazme sentir que soy tuya,
haz una escala en tu viaje
y descansa, amor,
deja que mis dedos
acaricien tu pelo, cierra
los ojos y arráncame la vida
a trozos mientras me lleno
de ti y como la hiedra
me enredo en tu cuerpo
para quedarme luego allí
aovillada, en silencio.

Y duérmete luego en mi,
amor, amaneceremos juntos,
unidos como las estrellas
y el cielo, como el miedo
y el vacío, como la lluvia
y las nubes, como el temblor
y el frío.

DICE ABEL 29

Dice Abel que padezco el síndrome de las gafas de sol. No es ningún síndrome, se lo ha inventado él porque le gusta mucho hacerse el listillo conmigo y restregarme que es un estupendo psicólogo. La verdad, tengo mis dudas. No sé cómo una persona tan contradictoria y llena de taras como él podrá ayudar a otros, pero en fin...los caminos del Señor son inescrutables.
Y aunque no sea un síndrome si que he de darle la razón en que lo padezco. No soy capaz de salir a la calle sin mis gafas de sol, aunque el día sea más negro que el Infierno. Poco tiene que ver con la luz ni con el sol, sino con que necesito parapetarme detrás de unas gafas oscuras para poder mirar al mundo de tú a tú. No quiero que la gente me mire a los ojos, al menos los desconocidos. Hay ocasiones en que no me queda otro remedio, como cuando tengo que conocer a nuevos clientes. Pero esto es muy distinto porque en mi trabajo me siento segura. Sé lo que hago y también que aunque cometo errores en general soy muy buena en…

AROMAS

La casa me envuelve
en un abrazo fragante
de olores familiares, amor.

Me rodea de tus recuerdos,
de tu olor.

Y puedo sentarme en
tu butaca y soñar
que tengo tu calor.

Tu ropa en el armario,
el sonido de tu voz,
el café de la mañana,
tu cepillo de dientes,
una vela que arde
cerca de la ventana...

El aroma de la vainilla
que se me pega
en la falda...
todo eso somos, amor,
tú y yo.

SIR BRANDY Y YO

Sir Brandy me mira.
Sabe que tú no estás.
Y te echa de menos,
me lo dice al pasar.

Yo también te extraño
amor, la casa está
más fría cuando no
estamos los dos.

Añoro despertar a tu lado,
sentir que la tibieza
de tu piel me da calor.

Mi enemigo es el calendario,
los días pasan lentos
cuando estás lejos, amor.

Pero huelo tu ropa,
me siento en tu butaca,
el perro duerme
sobre tu manta,
y así nos sentimos
más cerca de ti
los dos.

Él me dice que te
quiere, que cuando
tú no estas come peor,
porque Mami no le consiente,
al menos no tanto, amor.

Y cuando sube a mi
regazo me consuela
diciéndome, a su manera,
que el tiempo pasa
y que al menos aun
en la distancia,
nos queda tu voz.

DICE ABEL 28

Dice Abel que no sé guardar un secreto, que me vuelvo loca por el cotilleo. Es una mentira cochina y aun diría más, una calumnia. Confunde el culo con las témporas. A mi me me gusta cuando voy a la peluquería, leer el Hola y alegrarme de que la Preysler, como yo y como toda hija de vecina, tenga brazos de murciélago cuando no le hacen el bendito photoshop...es decir, que le cuelgan las mollejas de los brazos. Eso me hace reconciliarme con mi naciente decrepitud y sobre todo creer de nuevo en Dios y en la Justicia, la Divina más que nada. De la otra mejor no digo lo que pienso.
Pero a eso se reducen mis ansias de cotilleo. Yo no espío a mis vecinos, que bastante poco me importa su patética vida, tan parecida a la mía, luchando por estar bien y por llegar a fin de mes.
Y soy muy buena guardando secretos. Él debería saberlo, puesto que le guardo unos cuantos, a cada cual más vergonzante.
Y desde hace dos días guardo otro secreto, y también para Abel, a quien hasta ahora se lo había c…

DICE ABEL 27

Dice Abel que soy una llorona insoportable y que no puedo derramar lágrimas por tonterías porque eso no es propio de una mujer adulta sino de alguien infantil y con tendencia a ser siempre dependiente de algo o de alguien.
Y yo, que debo de ser una santa, no le he partido la cara a ese desgraciado que se disfraza de psicólogo y engaña a sus pacientes cuando quien necesita terapia, y mucha, es él. Vamos a ver, ¿en qué cabeza humana medianamente amueblada cabe que sea bueno reprimir las emociones?
Y conste que no soy una llorona. Simplemente alguien con sentimientos y que no tiene pudor alguno en demostrarlos. La muerte de mi padre me demostró que la vida es breve y hay que dejar que fluya lo que sentimos en cada momento. Lo bueno y lo malo.
Y yo es que a este desgraciado no quiero echarle en cara que cuando el año pasado atropellaron a Káiser y no sabíamos si iba a sobrevivir se pasó la noche en el sofá de la clínica veterinaria aferrado a mi, poniéndome perdida de mocos y lágrimas…

RECODOS DE AMOR

Cada noche me visto
de sueño y vuelo a
tu lado, amor mío.

Me hago todavía más
pequeña, un ovillo de
amor encendido que
en tu espalda se
repliega y te acaricia
con dedos alados
para regalarte
el descanso,
tan merecido.

Y aun en sueños, amor,
te respiro; y en mi
garganta se agolpan
mil versos de plata
y de luna que mis
dedos dejan en tu pelo
como una ofrenda
de amor, otro
de mis desvelos.

Y al despertar te siento;
tu sombra se ha pegado
a la mía, se han unido
en la noche en un
baile infinito y ahora
que ya son una, todo
es más sencillo y hasta
el Miedo ha hecho la maleta,
en su lugar sólo hay
recodos de Amor
y campos de cultivo
donde crece el Deseo
agazapado entre besos
con sabor a caramelo
que se funden en tu boca
y luego en la mía explotan.

DICE ABEL 26

Dice Abel que hay días en que siente que le fagocito. Es de un pedante este hombre que da asco. ¿Qué le fagocito? Será desagradecido y cafre...Juro que cuando le escuché me tuve que agarrar con todas mis fuerzas a los bordes de la mesa para no levantarme y partirle la cafetera en la cabeza. Encima de que me preocupo por él y le insisto para que se abrigue, para que no salga sin paraguas cuando llueve y que no tome mucho café porque luego le sienta mal al estómago.
Me pareció tan mal su salida de tono que me largué de casa y allí le dejé, con Pablo y con Káiser, que no dudo de que le darán a él la razón. Estoy harta de vivir con tres machos egoístas y pretenciosos. Bueno, Abel no vive en mi casa oficialmente, pero pasa más tiempo en ella que en la suya propia.
Llegué a mi oficina en busca de un poco de paz y soledad y me la encontré como si fuese Lurdes en día de peregrinación. Virginia salió a mi encuentro con cara de circunstancias.
—¿Qué diablos pasa aquí? ¿Quién es toda esta cate…

ESTRELLA ERRANTE

Me gusta verte dormir amor,
acariciarte la cara
y que mientras sueñas
sientas mi calor.

Quiero despertarte despacio
para que saborees mis besos
y sentir cómo tu mano
acaricia mi cuello
mientras esa estrella
errante es nuestra guía.

Empezar un nuevo día
sin importar que
llueva o haga frío...
¿Qué puede importar mientras
bajo mi mano sienta tu latido?

Me basta mirarte a los ojos
para sentir que revivo,
caminar juntos mirando
al mar embravecido;
pasear de la mano
y planear viajes
a mil lugares perdidos.

Acariciar tu mejilla, amor,
llegar a casa y vestirme con
tu camisa, la que conserva
tu olor, la que me cura
todo el dolor.

Y aunque me duela el
regreso a solas, todavía
te siento a mi lado,
esta tibio tu sitio,
mis labios conservan
tu sabor.

Y la estrella errante cada
noche nace de nuevo para
los dos, mi amor.