8 de abril de 2016

DICE ABEL 27


Dice Abel que soy una llorona insoportable y que no puedo derramar lágrimas por tonterías porque eso no es propio de una mujer adulta sino de alguien infantil y con tendencia a ser siempre dependiente de algo o de alguien.
Y yo, que debo de ser una santa, no le he partido la cara a ese desgraciado que se disfraza de psicólogo y engaña a sus pacientes cuando quien necesita terapia, y mucha, es él. Vamos a ver, ¿en qué cabeza humana medianamente amueblada cabe que sea bueno reprimir las emociones?
Y conste que no soy una llorona. Simplemente alguien con sentimientos y que no tiene pudor alguno en demostrarlos. La muerte de mi padre me demostró que la vida es breve y hay que dejar que fluya lo que sentimos en cada momento. Lo bueno y lo malo.
Y yo es que a este desgraciado no quiero echarle en cara que cuando el año pasado atropellaron a Káiser y no sabíamos si iba a sobrevivir se pasó la noche en el sofá de la clínica veterinaria aferrado a mi, poniéndome perdida de mocos y lágrimas una blusa de seda que me había costado un riñón. Y tiene la mala baba y la desfachatez de burlarse de mi porque llore con alguna poesía o con una película.
No me voy a enfadar con él ni a reprocharle nada, primero porque no me haría caso y segundo porque me da pena.
Yo tengo una teoría; y es tan cierta como que me llamo Isabel, aunque no la pueda demostrar. Los hombres odian que las mujeres lloremos en su presencia porque las lágrimas femeninas hacen que les baje el nivel de testosterona. Y eso no pueden soportarlo. Maldita testosterona que ha sido la causa de tantas guerras y problemas. Y luego este memo me reprocha que me ponga insoportable con la regla. Bueno, esa es otra...que no la cato desde hace cuatro meses. Maldita sea...si toda la vida la he considerado una carga , ¿por qué ahora la echo de menos? Creo que no soporto saber que ya no podré tener hijos.

2 comentarios:

  1. Espectacular! Esa relación amor-odio me encanta. siempre me haces reír. Un abrazo!

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  2. Lo mejor de todo, que te rías.La risa lo cura todo. Un abrazo Javier

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