15 de abril de 2016

DICE ABEL 30



Dice Abel que siempre estoy criticando a todo el mundo y que me erijo en juez de los actos de los demás, lo cual, según él, es tan sólo porque tengo poca autoestima e intento elevarla haciendo quedar a los demás por debajo.
Es mentira, como casi todo lo que él opina de mi. Yo creo que lo dice para enfadarme o para probar el aguante que tengo. Se basa tan solo en las cosas que le he contado, con bastante poco tino por mi parte, de mi trabajo y con la clase de personas con las que tengo que tratar.
Cierto es que hay parejas encantadoras, pero también es cierto que son las menos. La mayoría están como cabras y no saben lo que quieren, con lo cual al final del día yo acabo también como un cencerro, y para sentirme mejor les critico, es verdad, pero solo con Abel porque es con quien tengo más confianza.
Y mira cómo me lo paga. ¡Qué caradura! Si él es el primero que se queja siempre por todo. No quiero recordar el último viaje que hicimos juntos; se pasó todo el tiempo protestando por la comida, que estaba picante y le sentaba mal; por el hotel, que estaba demasiado lejos de la playa, por el coche que habíamos alquilado, porque no le gustaba que fuese rojo...Un infierno me hizo pasar. Y al final el tema estaba en que había elegido yo el destino, según él, sin consultarle. Otra mentira.
Durante más de dos semanas le presioné para que se decidiese a ayudarme; pero como siempre, el señor estaba demasiado ocupado.
Con estos antecedentes no puedo contarle ahora que hay un descerebrado que me envía poemas y canciones a mi correo, y un segundo ramo de rosas rojas. Me lo envió a la oficina, con lo cual Virginia empieza a estar perpleja y mosqueada a partes iguales, porque no le cuento nada. ¡Ay, Señor, qué complicada es la vida a veces! Al final tendré que contratar a un detective para que resuelva el problema del admirador secreto o el asesino psicópata, vaya usted a saber.

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