Ir al contenido principal

DICE ABEL 32



Dice Abel que debo aprender a manejar mejor mis emociones y no permitir que ellas me manejen a mi. Claro, esa frase, dicha así, suena muy bien y a libro de auto ayuda. Pero no es tan sencillo. Las emociones son como la gripe; uno no la busca, pero llega y te deja una semana fuera de combate. Solo queda esperar con paciencia a que se cure.
La verdad es que soy de las que lloran con una película, un libro o un poema, y luego ante cosas verdaderamente graves me quedo totalmente bloqueada y quien me vea desde fuera pensará que soy un bloque de granito. Nada más lejos de la realidad.
También dice Abel que soy la más borde entre las bordes cuando estoy de mal humor, y que no me doy cuenta de cómo puedo herir a la gente. Pues entonces supongo que él tampoco se dará cuenta de cómo me hiere a mi haciendo esta afirmación. Porque además, y como de costumbre, no tiene razón alguna.
Esto viene de que hace un par de días él presenció una conversación telefónica que mantuve con una tele operadora. Que ya sé que tienen que ganarse la vida y que ellas no tienen culpa de nada y cumplen órdenes y consignas y todo eso. Sé todo eso y mucho más. Pero también sé que mi paciencia no es infinita y cuando debo terminar un trabajo y no puedo hacerlo por cosas incontrolables para mi...sale el animal que llevo dentro, que debe de ser algo así como una hidra de muchas, pero que muchas cabezas.
Tenía un problema de electricidad en la oficina y por tanto a varios operarios trabajando para solucionarlo cuanto antes, así que decidí mandar a Virginia a casa, porque allí no podíamos estar, y yo me traje a la mía el trabajo que podía sacar adelante desde aquí.
Estaba contenta porque en el silencio de mi solitaria casa y con Káiser a mis pies mordisqueando una de mis viejas zapatillas, iba sacándome de encima cosas que llevaban mucho tiempo en mi bandeja de entrada.
Pero como la ley de Murphy es infalible y siempre hace acto de presencia, me quedé sin línea de teléfono y también sin conexión a internet.
Armada de paciencia y con un café en la mano para animarme, llamé a la compañía de teléfono desde mi móvil y me colocaron una musiquilla molesta mientras iba siguiendo los pasos que me marcaba una voz femenina enlatada. Cuando ya me pidieron que marcase el número de la línea afectada pensé que por fin iba poder hablar con alguien de carne y hueso, pero horror...la misma voz enlatada me informó de que mi línea estaba afectada de un problema y que lo subsanarían a la mayor brevedad posible.
Abel llegó justo en el momento en que yo empezaba a jurar en arameo y Káiser, inteligentemente, había corrido a esconderse bajo la mesa, por si la sangre llegaba al río.
Entonces se me ocurrió una argucia, porque he de decir que mi maldad se acrecienta a medida que me enfado. Cuando me tocó dar el número dije el de Abel y añadí que llamaba para hacer una reclamación en cuanto a la última factura. Me atendió, esta vez sí, una señorita a la que de entrada pedí perdón por la mentira y a quien le resumí brevemente mi problema. Y ella, muy digna, me dijo que me entendía, pero que no me podía solucionar nada, tan solo pasarme con el departamento de averías, en donde tendría lugar el mismo proceso que antes.
Cuando al final de la perorata me preguntó si podía hacer algo más por mi no pude reprimir mi enfado y la verdad es que no anduve muy fina con la contestación.
—No lo creo, señorita, porque yo lo que quería era hablar con un ente humano, y que albergase vida inteligente, lo cual me temo que a todas luces no he conseguido.
Abel lo escuchó y se quedó mirándome boquiabierto para luego soltarme la gran falacia de que soy una borde. Mentira...soy un encanto, pero el gremio de las tele operadoras saca lo peor de mi.

Comentarios

Entradas populares de este blog

JOHNNY Y JUNE

“June era mis señales en el camino, me hacía alzarme cuando estaba débil, me animaba cuando estaba desanimado y me amaba cuando sentía solo y desamparado. Es la mujer más grande que jamás he conocido. Nadie más, excepto mi madre, se le acerca”.
Esto es lo que decía Johnny Cash de la mujer de su vida, June Carter. Fue su segunda esposa, pero para él la única mujer que marcó su vida y su camino, y también la que le salvó de perecer en un infierno de drogas y alcohol.
No quiero hablar de él como cantante, todos sabemos que fue una de las leyendas del country, el icono de los presidiarios y tipos duros, y quien mejor supo entenderles y cantarles. También que vestía siempre de negro y saludaba con un parco “Hi, I´m Johnny Cash”. No, quiero hablar del hombre, de la persona tímida y reservada que tuvo una vida complicada y salió a flote con mucha voluntad por su parte y con la ayuda de alguien que le amaba.
Cash y June se conocieron en los escenarios. Ella provenía de una familia que cantab…

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace poco me preguntaba para qué escribir. Hoy quiero saber por qué escribo, cual es el motivo que me lleva a esto que hago a diario. Desde hace ya mucho tiempo sé que así como hay gente que necesita, para sentirse bien, hacer deporte, o cantar, o bailar, o coser… yo necesito escribir. Pero además, pensando y analizando muchas cosas me he dado cuenta de que para mí el escribir se ha convertido, además de en una importante terapia, en un acto de poder y de soberbia.
Si…mal que me pese reconocerlo, es así. Yo no soy por naturaleza una persona a quien le guste mandar o controlar. Tampoco me gusta estar del lado contrario; es decir, odio que alguien me diga lo que tengo que hacer. Mi lema siempre ha sido “vive y deja vivir”. Pero esto de escribir tiene tanto encanto porque me permite jugar, por un momento, a ser Dios.
Cuando escribo una novela o narro un cuento, no importa la extensión de lo que escriba, estoy creando personajes, dando vida, interviniendo como mano ejecutora en la cade…

PALABRA

Poco hace falta;
una luna desnuda
que en la noche se alza,
un silencio entre líneas
pintadas, la radio que suena
con asesinos en serie, con
extrañas amenazas...
Un rayo de luz que
me baña las manos
abandonadas, manos triste
que no tocan nada.

Tal vez, amor, todo
es triste y oscuro
ahora que hablas.

Pero a mi me basta
una sola palabra,
tan solo una,
dicha en voz baja.

Y entonces el sol
brilla como si
estuviera naciendo
la mañana.

Ha amanecido de pronto,
la noche ha hecho
la maleta al país
del Olvido, mis manos
se visten de esperanzas
aladas; me cubro de risa
de nuevo, y mi corazón,
amor, vuelve a ser, como
siempre, tu cama.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
te digo que te amo
la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.