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Mostrando entradas de mayo, 2016

DESTINO COIMBRA 1

Le entregaron la carta bien entrada la mañana, cuando empezaba a limpiar los cristales de la cocina.
Su madre fue quien se la dio, explicándole que se había encontrado con el cartero al volver de la tienda.
—Espero que sean las noticias que esperabas. Al menos viene de Portugal-le dijo su madre, al dársela.
Andrea no contestó; se limitó a darle las gracias y a guardarse el sobre en el bolsillo trasero de sus tejanos.
-¿No la abres?
-Después, Mamá. Cuando termine de limpiar los cristales la abriré, mientras me tomo un café.
La madre se dio la vuelta, resoplando de indignación. No podía con aquella hija de apariencia tranquila, pero que siempre hacía lo que le daba la real gana y jamás daba su brazo a torcer. Si al menos se pareciese a su hermana mayor, ella estaría más acompañada. Pero Andrea siempre había sido como su padre; un espíritu libre, soñadora, independiente y muy callada. Desde pequeña había tenido un comportamiento muy diferente al de las demás niñas; y ahora, a los vein…

DICE ABEL 42

Dice Abel que soy muy ladina y que más me valdría ir con la verdad por delante. Y yo digo que él es un memo de tamaño descomunal. Ahora que le atraído a la operación CAROLINA GO HOME, el muy torpe quiere hablar con Pablo, así, sin anestesia, y decirle que la chica no le conviene y que debería dejarla. ¡Qué tonto es este hombre, santa Úrsula bendita! Le he dicho que ni de broma.
Si le decimos eso, aunque solo sea por llevarnos la contraria, se encapricharía más de ella. Lo que hay que hacer es fingir que la acogemos en la familia con los brazos abiertos e invitarla a toda clase de eventos y fiestas de guardar. Yo conozco a mi hijo, no en vano me costó doce horas parirle, con contracciones de esas que te parten los riñones y hacen que para siempre sepas dónde están. Él se las da de muy progre y muy espabilado, pero en el fondo es bastante snob y en cuanto la niñata meta la pata tres veces seguidas, que la meterá y hasta el corvejón, la vergüenza le podrá más y la dejará. Solo espero …

DICE ABEL 41

Dice Abel que a pesar de mi trabajo todavía no he aprendido a socializar, o que solo lo hago precisamente en ese campo, por la buena cuenta que me trae. Evidentemente, ante mis clientes tengo que ser un modelo de amabilidad, simpatía y discreción. No puedo decirle a la novia cuando la acompaño a la prueba del vestido que su futura suegra me ha dicho que es imposible que algo le quede bien con ese cuerpo de botijo. Sería como soltar un montón de avispas en una guardería. Y tengo que hacer de tripas corazón para no meter un tiro en medio del pecho a ese par de imbéciles que me han cambiado cuatro veces el viaje de novios. Me limito a sonreír falsamente y a desearles que en ese estúpido viaje a África que han decidido finalmente beban agua no potable y se pasen la luna de miel con diarrea para volver con diez kilos menos, lo cual a él no le vendría nada mal, por cierto.
Pero Abel dice lo de mi falta de socialización por lo del almuerzo del cumpleaños de Pablo. La susodicha novia de mis…

DICE ABEL 40

Dice Abel que me aferro a mi hijo de una manera desesperada y que por eso no me cae bien su novia. No es verdad. Bueno, que no me cae bien si lo es, pero que me aferre a Pablo con desesperación, claro que no. Si estoy deseando que se largue de casa y me deje tranquila. Pero como ahora no se independizan hasta que cumplen los cuarenta largos, pues si quieres arroz, Catalina. A mi Pablo compañía, lo que se dice compañía, me hace más bien poca. Eso si, me da mucho trabajo. Con él siempre hay ropa que lavar, cosas que recoger que va dejando por medio y sobre todo, mucha comida qué hacer. Toneladas de comida. Mi hijo no come como un ser normal, sino como dos o tres. Y encima, a saber donde mete todo eso, porque está flaco como el palo de una escoba. Y luego, los humores que se gasta, que esa es otra. Siempre anda rumiando algo por lo bajo, con los ojos entornados y cara de haber pasado un cólico miserere. De verdad, algunos días que comparto con él el desayuno ya me quita las ganas de viv…

DICE ABEL 39

Dice Abel que miento fatal y que enseguida se me nota en la cara porque me pongo roja y muevo demasiado las manos. Y ahí si que tengo que darle la razón. Básicamente es que miento poco, salvo lo que llamo mentiras de la misericordia. Como ejemplo, hace dos meses coincidí en la peluquería con mi amiga Eva y hablamos bastante, porque cortar, teñir, peinar, manicura y pedicura dan para mucho. La encontré rara, pero no sabría decir qué es lo que había diferente en ella. Hasta que me confesó en voz baja que se había operado la nariz y se había dado un retoque también en los párpados y ya puestos le quitaron unos filetes de la papada y de la tripa. Me preguntó qué tal la encontraba y le dije que fabulosa, que daba gloria verla. Mentí como una bellaca, porque la verdad es que le ha quedado una cara rarísima y a saber qué le habrán puesto porque cuando se ríe se le pone aspecto de Aznar, que está mucho mejor serio, porque con una sonrisa se asemeja un tanto al muñeco diabólico. Pues ésta, ig…

DICE ABEL 38

Dice Abel que menos mal que me he curado de esa manía que me dio cuando me separé de no querer salir a la calle más que lo imprescindible. Que de ahí a la agorafobia solo hay un paso.
Es cierto que me costaba salir a la calle, pero nunca padecí agorafobia. A mi no me daban miedo los espacios abiertos. Lo que me daba pánico era salir y ver tan solo parejas felices que paseaban, sobre todo los fines de semana, unos solos y otros con sus niños. Me dolía ver parejas y familias, quizá porque yo estaba tremendamente sola. Y no importa que yo fuese la que tomó la decisión de separarse y que lo mío con Alberto fuese una soledad acompañada; pero al menos no me encontraba tan perdida. Pablo ya no era un niño pequeño que me necesitase a cada instante y sobre todo no podía tomarle como muleta para seguir caminando.
En lugar de eso me curé como pude y traté de empezar a caminar yo sola, al principio muy lentamente y trayectos cortos, y poco a poco me fui soltando más. Algo que aprendí fue a m…

DICE ABEL 37

Dice Abel que soy demasiado exigente con mi hijo y que a este paso acabará haciendo lo que le de la gana solo por llevarme la contraria.
Y yo, haciendo alarde de la paciencia que Dios me ha dado y mucha más que yo he ido cultivando con los años, no le contesto. ¿Para qué? Él es un gran consentidor y todo lo que hace o dice Pablo le parece gloria bendita. Baste decir que hasta le gusta la niñata esa de las uñas negras que se ha echado de novia. Y mi hijo, que ya he dicho que es un inválido emocional, sólo se suelta la melena con su tito Abel y a él se lo cuenta todo, cada pensamiento incluso. A mi, en cambio, que le he parido con dolor y le he llevado nueve meses en mi vientre, parasitándome la vida y alimentándose de mi sangre como un pequeño vampiro, ni mu. Y cada vez que le pregunto algo de su vida me dice que soy una pesada y una entrometida y que le chupo todas las energías. Y eso no lo ha discurrido en soledad; ahí veo yo la mano de su novia o del zángano de Abel, a quien Dio…

DICE ABEL 36

Dice Abel que soy emocionalmente dependiente y a mi me suena igual que si me dijese que soy retrasada. Ya sé que no es lo mismo y que incluso la palabra no es políticamente correcta. Pero yo tampoco lo soy, y cada vez menos.
Esa certeza se la ha sacado de la manga igual que el mago que hace aparecer una paloma o un conejo de su chistera. Y eso porque sabe que dependo del Lorazepam para dormir; pero las pocas veces que hemos dormido juntos desde hace unos años, no lo he necesitado.
No sé lo que significa ser emocionalmente dependiente porque afortunadamente no soy psicóloga, pero si sé que notarle a mi lado y escuchar sus ronquidos hacen que me quede dormida como si alguien me cantase una nana.
Ya sé que la mayoría de la gente no lo entendería, pero nosotros lo entendemos y eso basta. Hubo muchas ocasiones a lo largo de nuestra vida en que uno u otro nos hemos necesitado a la hora de dormir, para darnos paz y calor humano.
En algún sitio he leído que en las horas de zozobra solo se…

DICE ABEL 35

Dice Abel que si quiero ser madura alguna vez tendré que crecer como persona y enfrentar todos los miedos que me acechan, plantarles cara y de esta manera ser capaz de perdonar.
El problema está en que quizá yo no desee, a estas alturas de mi vida, madurar. ¿Qué es madurar? ¿Hay alguien de verdad maduro, o todos arrastramos miedos insuperables y lo que es peor, incomprensibles?
Si madurar significa perder la curiosidad y la capacidad de asombro y olvidar a la niña que todavía conservo alojada en lo más profundo de mi, no quiero madurar. Tampoco quiero perder todos los miedos, porque quien no teme a algo es porque ya ha dejado de importarle la vida. Y a mi me importa demasiado. Me gusta estar viva, despertar cada mañana, aunque a veces lo haga con una garra invisible que me atenaza el pecho. Es un reto más que me impongo, seguir adelante aunque sea con miedo.
Un día Abel me pidió que hiciese una lista con aquellas cosas o situaciones que me asustan. Al principio me negué, pero insist…

CUERVO NEGRO

Hoy me hace sombra
un cuervo negro,
picotea mi alma,
no me da sosiego.

Le conozco bien,
nuestra amistad viene
ya de lejos,
de tiempos pasados,
de incertidumbres
y mucho miedo.

Se va y vuelve de nuevo,
aunque no sea golondrina
sino cuervo, está
siempre a la espera
y en ocasiones
se alegra de verme.

La vida hace extraños amigos,
compañeros de luto,
mensajeros de otro
mundo que como aves
rapaces muerden el
alma y te dejan
vagando, sin rumbo.

DICE ABEL 34

Dice Abel que se conoce a una persona en gran parte por sus lecturas. Y yo estoy bastante de acuerdo, aunque con salvedades. Quiero decir que uno no lee el mismo tipo de libros a lo largo de toda su vida. Como en todo, también en el tema de la lectura la gente va evolucionando, con la edad y debido a las circunstancias que la vida le va regalando.
Él me critica mucho porque entre los veinte y los treinta años mi autor de cabecera era Stephen King, al que ahora detesto. Vale, es cierto que no se trata de un autor que sea un prodigio en Literatura, lo reconozco. Pero también es verdad que al mismo tiempo que a él leía a Tolstoi, Chejov o poesía de Machado, Neruda o Rubén Dario.
Lo de Stephen King era una especie de válvula de escape a mi vida de entonces, en la que tenía que reprimir muchas de mis emociones y dejar de ser, al menos delante de los demás, yo misma. Así que lo más fácil era, cuando llegaba la última hora de la tarde o primera de la noche, después de bañar y acostar a P…

DICE ABEL 33

Dice Abel que tras mis aires de suficiencia en el trabajo se esconde una persona profundamente insegura en lo personal.
Esto lo hemos discutido en varias ocasiones, más de las que puedo recordar, y como de costumbre nunca nos ponemos de acuerdo.
Primero porque yo no creo gastar aires de suficiencia en el trabajo. Simplemente sé muy bien lo que hago y sé que aun con fallos, porque soy humana, lo hago bien. Y lo hago bien porque le echo horas y ganas, y mucho esfuerzo, a la vez que un enorme grado de paciencia y mano izquierda con los numerosos tarados con los que tengo que tratar a diario. Procuro darles, no lo que ellos me piden, porque suelen pedirme muchas necedades, sino lo que realmente necesitan y es mejor para ellos; sólo que lo disfrazo hasta el punto de hacerles creer que eso es lo que en principio habían pedido. Y esto, desde luego, no es tarea fácil.
El otro día, cenando, Abel se enfadó bastante conmigo porque le dije que en el fondo él y yo hacemos lo mismo: le marcamos e…