4 de mayo de 2016

DICE ABEL 33






Dice Abel que tras mis aires de suficiencia en el trabajo se esconde una persona profundamente insegura en lo personal.
Esto lo hemos discutido en varias ocasiones, más de las que puedo recordar, y como de costumbre nunca nos ponemos de acuerdo.
Primero porque yo no creo gastar aires de suficiencia en el trabajo. Simplemente sé muy bien lo que hago y sé que aun con fallos, porque soy humana, lo hago bien. Y lo hago bien porque le echo horas y ganas, y mucho esfuerzo, a la vez que un enorme grado de paciencia y mano izquierda con los numerosos tarados con los que tengo que tratar a diario. Procuro darles, no lo que ellos me piden, porque suelen pedirme muchas necedades, sino lo que realmente necesitan y es mejor para ellos; sólo que lo disfrazo hasta el punto de hacerles creer que eso es lo que en principio habían pedido. Y esto, desde luego, no es tarea fácil.
El otro día, cenando, Abel se enfadó bastante conmigo porque le dije que en el fondo él y yo hacemos lo mismo: le marcamos el camino a la gente, aunque sea de distinta manera. Él, ni qué decir tiene, se ofendió sobremanera. Aduce que yo me limito a ser una especie de comerciante de poca monta, o de baja estofa; lo último no me ha quedado del todo claro; mientras que él es una especie de chamán moderno de la Sanidad del Espíritu y un científico.
No quise discutir. ¿Para qué? Pablo asistía también a la cena y nos miraba con cara de no entender nada y sobre todo de estar harto ya de nuestras divagaciones. Pero sé que si llegase la ocasión no dudaría en darle la razón a Abel. Tienen montado un contubernio de machos que me exaspera bastante, aunque lo voy soportando como buenamente puedo.
Me consoló pensar mientras me preparaba para acostarme, que mi admirador secreto sigue enviándome flores dos veces por semana y cada día, puntualmente a las diez de la mañana, me llega a mi correo un poema de Neruda y en otras ocasiones una canción. Y lo curioso es que o me conoce bien o me ha puesto espías en mi propia casa, porque las canciones que me envía son siempre mis favoritas o justo las que necesito escuchar en ese momento. La última que me envió fue “Love me tender”, de Elvis.
Estoy en ascuas por saber quien puede ser, pero al mismo tiempo me niego a pensar demasiado en el tema, porque me asusta un poco y también porque, aunque sea totalmente absurdo, tengo la horrible sensación de estar traicionando a Abel. Últimamente cuando le miro a los ojos me entra una opresión en el pecho y una pena tan grande que solo se me pasa cuando me encierro en el baño y lloro.

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