9 de junio de 2016

DICE ABEL 45






Dice Abel que a pesar de mi apariencia etérea y frágil tengo en mi una importante parte masculina. Y me lanza una larga perorata acerca de que todos compartimos masculinidad y femineidad, independientemente de nuestro sexo.
Yo creo que piensa que soy tan tonta que no tengo el suficiente número de neuronas para darme cuenta por mi misma de ciertas cosas y necesito que él, en su infinita sabiduría, ilumine mi camino. Pobrecillo, si se trata justo de lo contrario.
Le resulta raro que yo no sea como Olvido, que al fin y al cabo es la mujer con la que más ha convivido, aunque dudo de que ese puesto no sea mío, realmente. Pero al fin y al cabo, ellos han estado casados, mal que me pese, porque no era la persona adecuada para él, con lo cual ya no sé si eso de su matrimonio es mérito o demérito.
Le ha extrañado mucho a Abel cuando fuimos a las bodas de plata de nuestros amigos que yo no me comportase como lo haría una mujer, según su especial barómetro.
Por ejemplo, no me emocioné ni una pizca durante la estúpida ceremonia de renovación de votos, quizá porque yo sé que detrás de eso la única promesa es la de terminar de pagar la hipoteca y encaminar a los mellizos, mientras cada cual sigue con sus propios escarceos. Creo que hasta se cuentan sus éxitos y fracasos. ¿Qué emoción me puede producir eso? Tal vez un poco de pena y cuarto y mitad de asco mezclado con envidia porque yo nunca podría ser tan pragmática; me debo a mis sentimientos igual que una monja a los votos que ha hecho ante el Señor. Y lo que desde luego me produjo fue mucho aburrimiento; el sacerdote era muy pesado y se detuvo más de diez minutos en un sermón con el que nadie sabe en realidad lo que quiso decir.
También le llama la atención a mi bobo Abel que antes de elegir el traje que llevé no hablase con todas mis amigas para que me aconsejasen o para no coincidir. Francamente, dudo de que hubiese alguien con un traje como el mío, porque me lo ha hecho una clienta a a que le organicé la boda hace más de diez años y que tiene una tienda de ropa vintage en la que hace trajes a medida. Yo le di cuatro pinceladas sobre lo que quería y en una semana me hizo un precioso traje turquesa estilo años veinte. También tengo que decir que para mi no sería una tragedia coincidir en la vestimenta con otra invitada. El traje no hace a la persona, más bien es al revés y adquiere personalidad según quien lo lleve. Y por otra parte, los hombres van todos vestidos de una manera muy parecida y de todas formas cada uno se ve distinto. Estos temas nunca han sido un problema para mi.

2 comentarios:

  1. Gran verdad: la hipoteca es lo que más ata. Un humor ácido que me encanta.

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  2. Y que lo digas Javier. La hipoteca es amor para toda la vida. Gracias por leer

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