17 de junio de 2016

MUERTE Y DECENCIA






Me moriré sola
en una tarde que
huela a invierno
aunque esté apuntando
la primavera.

Me moriré poco a poco,
en silencio,
me moriré despacio
como se apaga una vela.

No tañirán campanas,
prefiero que todo calle,
hay que dejar que sea
la muerte quien hable.

Me iré sin ruido,
pasando de puntillas,
sin despertar a nadie,
no puedo hacer
más ruido en la
muerte del que hice
en vida, ya saben...

Que me entierren con
sombrero y un collar
de madreperlas;
en el cementerio de
siempre; y que arda
por mi una vela.

Y emprenderé el viaje
sin adioses ni
estridencias; porque
hasta para morir
hay que tener lo que
algunos, los más
hipócritas, llaman
decencia.

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