6 de julio de 2016

DESCUBRIENDO





Ya no soy joven ni guapa. Quizá lo segundo nunca lo he sido, aunque las niñas de quince años tienen todas su aquel, incluso yo.
Ahora tengo arrugas y la ley de la gravedad ha hecho que se me caigan muchas cosas. No es que no me fastidie con jota el reconocerlo, pero también tengo que confesar que cada arruga e incluso cada estría la luzco con el mismo honor que el soldado sus heridas y cicatrices de guerra.
Yo también, en cierta medida, soy y he sido un soldado, en lucha con la vida, como todo el mundo. Y esa vida me ha herido. Pero cada herida me ha hecho más fuerte y quizá porque he sufrido sé que puedo sobrevivir a casi cualquier cosa. Excepto a perder a mis hijos. Eso no admite dudas. Creo que fue Tucídides quien dijo que la guerra era cruel porque en tiempos de paz los hijos entierran a sus padres, y en tiempos de guerra son los padres quienes entierran a sus hijos.
Como dice la canción, yo he jugado y juego con las cartas que me han repartido. Y lo hago como mejor sé. Y con sombrero, a pesar de que me quedan mal. Tengo pendiente hacer la ruta 66 con un Hummer rosa y sombrero de cowboy. Sé que la haré, sola o acompañada. Mientras tanto el country es un desahogo. Porque en el fondo, como dice una amiga mía, soy una desahogá...digo lo que me parece. Cosas que me ha regalado superar el medio siglo. Ya no tengo que agradar a nadie más que a mi misma. Y no es tarea fácil la cosa...

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