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SANTA ISABEL DE PORTUGAL



Yo no es que sea muy de celebrar santos, la verdad, pero mi santa, con permiso de la de Hungría, también muy buena mujer, qué duda cabe, es la de Portugal.

Si, Santa Isabel de Portugal, a la que arrancaron de sus tierras aragonesas y casaron cuando era una adolescente con el disoluto don Dioni de Portugal. Nada más llegar a Coimbra se dio cuenta la pobre criatura de que su matrimonio no iba a ser un lecho de rosas. Al contrario, su marido le ponía los cuernos con todo aquello que llevase faldas y se moviese. No sabemos si le costó mucho o poco aceptarlo; si lloró mucho o mantuvo la compostura... Pero en todo caso reaccionó como lo que era...una señora y una reina. No hizo aspavientos, y se mantuvo siempre en su sitio. Educó a sus hijos de la mejor manera que supo y pudo y ante los devaneos de su señor marido...reaccionó de la mejor manera posible. Cada vez que nacía un bastardo real en algún rincón de Coimbra y aledaños la reina mandaba a alguna de sus damas a recoger al bebé y le criaba como si fuese hijo suyo. La corte se deshacía en elogios hacia la reina. Debía de tener un corazón de oro para reaccionar de esa manera. A mi no me cabe la menor duda, pero además era lista, muy lista. Era impensable que tomase venganza contra el zángano de su marido, así que se vengaba de las que cedían a los caprichos del rey, obviando quizá que a ver quien era la guapa que se atrevía a darle calabazas. El caso es que a mi no se me ocurre mayor venganza que arrebatar los hijos a sus madres y criarles con todo el amor, con lo cual la única madre a la que ellos amaban era ella.
Quizá la vida no fue justa con la pobre Isabel, pero ella se volcó en todos sus hijos, propios y ajenos, o no tan ajenos, porque al fin y al cabo eran hermanos de los que ella había parido. Y también en todos los pobres del reino, a los que daba dinero y comida a espaldas de su marido, que la acusaba de arruinarle con sus limosnas.

Comentarios

  1. Y a mujer tan vengativa, ¿la Iglesia la hace santa? Está claro que nunca sabre leer en renglones torcidos.

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  2. Y a mujer tan vengativa, ¿la Iglesia la hace santa? Está claro que nunca sabre leer en renglones torcidos.

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  3. Los caminos del Señor son inescrutables...aunque yo creo que la Iglesia nunca supo entrever su venganza. Yo lo veo porque soy...mala

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  4. Los caminos del Señor son inescrutables...aunque yo creo que la Iglesia nunca supo entrever su venganza. Yo lo veo porque soy...mala

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PIEZAS ROTAS

Como las piezas rotas de
un juguete desechado,
como las alas arrancadas
de un pájaro enjaulado,
como trozos de hueso
que estaban desencajados,
así, amor,tú yo
nos hemos juntado.

Y de dos realidades
dolidas y amargas
poco a poco y
en silencio,
mezclando risas y lágrimas,
estamos creando un
muevo mundo,
un lugar en donde
ocupe el sitio
principal la Esperanza.

Y a veces daremos pasos
de ciego,
caminaremos en falso,
nos dolerá la espalda
de cargar con un
equipaje que no es
nuestro, que alguien
nos ha ido prestando,
casi de soslayo
y sin dar la cara.

Pero si tus manos me sujetan,
podré, amor, subir la montaña,
llegar sonriente a la meta
y vaciar mi mirada en la tuya,
mientras mis dedos recorren
tu cara.

Y tu risa será mi trofeo,
tus abrazos los que apaguen la
sed de mi garganta,
tu pecho mi refugio,
y tus ojos mi mar
por fin en calma.

ESPERA

Hemos regresado, amor,
de muchas vidas pasadas,
de amaneceres ocultos
entre brumas que le
daban a la felicidad
la espalda;
de miedos robados al
tiempo, de deseos silentes
que no pronunciábamos en
voz alta.

Y ahora, de la mano,
destejemos embrollos
que a veces nos velan
la mirada,
limpiamos de guijarros
el camino, abrimos
veredas donde antes
solo había zarzas
y montes de espinos
que en las plantas
de los pies
se nos clavaban.

¡Y es tan largo el
camino, amor, que
algunas noches yo
llego a la cama cansada!
Y ansío tus brazos
que me arrullen sin
palabras, quiero
tus dedos recorriendo
mi espalda,
trazando surcos
en mi carne,
abriendo una veta
en mi vientre
como lo hace la azada
en la tierra, en la
hierba la guadaña.

Solo dime que tras
el invierno llegará
la primavera, verde
y blanca, preñada
de flores hermosas,
cargada de nubes
que no huelan a
amenaza.

CONFÍO

Llévame de la mano
por campos nevados,
hazme ver la luz de
la luna que asoma
entre torres de aurora,
quémame en tus brazos,
déjame oír junto a ti
el mar que asoma
entre los recovecos
de una caracola.

En ti confío, noche
y día, mañana y tarde,
invierno y verano; a tu
lado camino
con el viento
acariciando mi cara,
y cada vez que
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la bruma del norte
me susurra que avanzamos
despacio, que el camino
es arduo, pero merece
la pena pararse a labrarlo.


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