29 de julio de 2016

UNA ROSA, DOS ROSAS, UN BRANDY




Ayer fue un día de amistad. Café de los jueves, como viene siendo costumbre, con una de mis Rosas; cena y velada agradable con otra Rosa, en este caso una que formó parte de mi infancia y juventud y que ha sido la hermana que no tuve. Diez largos años sin vernos, pero siempre al tanto de lo que sucedía en nuestras vidas.
Sin embargo, nos hacía falta una cena a solas, con tranquilidad, para hablar de sucesos, de vivencias, de cosas buenas y malas…también para recordar a su padre y al mío, que ya no están, y transportarnos a la ilusión de los quince años, cuando no sabíamos lo que era la vida y hacíamos planes; ignorando también que planear es perder el tiempo porque al fin tenemos que jugar las cartas que nos reparten y no las que nosotros hubiésemos deseado. El secreto está en disfrutar de la partida, o quizá aprender de Kavafis, una vez más, y darnos cuenta de que llegar a Ítaca no es lo importante, sino que lo placentero es el viaje y los posos que nos deje en el alma; o quizá cicatrices…
La única parte mala de la noche fue que Brandy se perdió. Decidió salir a explorar, y no volvía. Solo faltó cuarenta o cincuenta minutos, pero como el tiempo es relativo, me parecieron horas. Le recuperé a las dos de la madrugada y aunque mis hijos sean de la opinión de que había que castigarle…su castigo fueron besos y caricias porque por fin había vuelto. Yo sabía ya que Brandy es una parte muy importante de mi vida, pero ciertamente no que lo fuese tanto. Estaba tan apenada que no podía ni llorar. Y es que yo solo lloro con libros, canciones, o películas. En la vida real…las lágrimas van hacia dentro.
En fin, que el bebé ha vuelto a casa con su Mami y ni oír a esos pendejos de hijos mayores que me aconsejan castigos y no sé cuántas cosas más. Mimos y más mimos, que pensé que le perdía. Vale…ya tengo muchos años y soy una blandengue tras mi capa de humor negro y sarcástico; pero es que castigar nunca se me ha dado bien. Todavía no me explico cómo mis hijos no han acabado en la cárcel. Aún están a tiempo…eso es cierto; pero espero que sepan mantenerse en el camino recto. El perro también, aun sin castigo.

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