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Mostrando entradas de agosto, 2016

CONSEJOS

Viví mi infancia en estado de guardia permanente. Y no es que a tan tierna edad fuese médico, militar o bombero. No; es sólo que mi bisabuela se dedicó a amargarme la vida con peligros varios. A saber:
1. Cuidado no te caigas, a ver si te vas a dar un golpe en la sien y ahí te quedas, muerta en el acto. Eso sí, no duele porque la cosa es rápida, pero lo que es morir, mueres para siempre jamás, con lo cual no merece la pena, y mucho menos cuando todavía no has empezado a vivir.
2. No te pongas al sol. En verano porque hará que te salgan arrugas antes de los veinte; en otoño porque Lorenzo anda bajo y te causará un catarro de esos que te dejan postrada; en invierno porque básicamente no hay sol, y en primavera porque el sol de primavera es loco y te dará dolor de cabeza y puede que hasta cáncer.
3. No te bañes hasta que pasen dos horas después de comer, que estás haciendo la digestión y se te cortará; y de ahí a morirse no hay nada. Y por si las moscas, esperas tres horas. Resultado…no…

AMIGAS

Estos días estoy un tanto nostálgica. Quizá porque he planeado un viaje que, si Dios quiere, me llevará a una parte muy importante de mi pasado, y tengo sentimientos encontrados. Por una parte, estoy deseando subir al avión y dejarme seducir por las montañas pardas que se vuelven azul o violeta cuando se pone el sol; y por otra tengo un miedo horrible a descubrir que igual en ese momento me pongo a llorar, con lo que yo odio llorar cuando la gente me ve. Sin embargo, si hay algo que los años, las canas y las arrugas me han enseñado es que los sentimientos hay que dejarlos salir, porque si no se enquistan y hacen daño.
Y todo esto me lleva a pensar lo importante que son las amigas en nuestra vida. Ahora mismo en la mía hay algunas que me están ayudando mucho más de lo que se imaginan.
¡Es tan agradable que pasen años y años y de repente volver a encontrarte con alguien y sentir que como dice la canción, veinte o incluso treinta años no son nada!
Y también es importante que alguien en…

ENSEÑANZAS

He tenido una infancia feliz, aunque extraña. Como no tenía hermanos y en Galicia llueve mucho a menudo jugaba sola, o pasaba el rato con mis bisabuelos. De él aprendí a conocer Cuba como la palma de mi mano cuando tenía cuatro o cinco años. Y hasta me inventó un compañero de juegos, el Majá Antón. Yo me lo imaginaba enroscado en un árbol mientras manteníamos interesantes conversaciones. También me contaba cuentos de cómo había matado en Momán, ya en la provincia de Lugo, a varios lobos que le querían atacar. Con los años descubrí que el Majá Antón no hablaba y lo de los lobos…era una exageración.
Mi bisabuela por las noches ponía la radio y me decía que escuchase atentamente, porque iba a hablar la Pirenaica. Y yo, en mi inocencia, pensaba que era una señora amiga suya que hablaba por la radio. Craso error. Tenía que estar callada para que nadie supiese que escuchábamos la emisora prohibida.
Luego están las cosas que mi bisabuela me inculcó. A saber:
1- Si vas al médico hay que e…

MERENDANDO

A ella no le gustaba hablar y él odiaba escuchar. Quizá por eso se reunían cada tarde de jueves en el parque, con sol o con lluvia.
Se sentaban uno junto al otro, casi rozándose; pero sin hacerlo, siempre en el mismo banco; el tercero después de la fuente. Ella solía llevar algo de comida. A veces eran empanadillas de carne o bocadillos de lomo con pimientos; en otras ocasiones sacaba de la bolsa de rafia algunas pastas de coco o un trozo de tarta de chocolate. Sin decir nada, sacaba un pedazo y se lo ofrecía, a la par que una servilleta de papel. Si él se manchaba de migas la camisa o se le quedaban los dedos pringosos ella le miraba con reproche, como una esposa ultrajada, y él se limpiaba lo más rápido que podía, como avergonzado. Luego se sacaba del bolsillo una petaca y repartía el contenido en dos vasos de plástico que también salían de la mágica bolsa de rafia. Nunca supe que había en la petaca. ¿Vino, algún licor? Solían estar en el parque una hora y media, en verano y prima…

UN SEGUNDO CAFÉ

Escribir es un trabajo solitario. Aquí no hay cafés con los compañeros a media mañana ni se sale luego a tomar un pinchito y una caña antes de volver al tajo. No, esto es bastante distinto, aunque no sé si mejor o peor.
Aquí la única compañía que tengo son mis propios fantasmas, que me acompañan y me miran por encima del hombro mientras escribo o en días como este, en que no soy capaz de hacerlo y me limito a estar sentada delante del ordenador, mirándolo fijamente y esperando que la fuerza de mi sola mirada conjure a los hados de la inspiración y mis dedos vuelvan a correr raudos y veloces por el teclado, dando vida a mis personajes, que ahora mismo están ahí esperando, a medio hacer.
Y esto me parece un sacrilegio tan grande como si la gestación de un bebé se aletargase en el vientre de su madre y el embrión, durante unos días, dejase de crecer y de dotarse de todo lo que mañana, cuando sea independiente de su madre, le servirá para tener vida propia.
Supongo que hoy me falta la …

BRUMA

Hoy la bruma invade
mi casa, se cuela
entre mis flores
y navega como un
barco a la deriva
hasta rozar mi alfombra.

Y yo, que soy hija
de la bruma, de la
lluvia pequeña y
variada, de a niebla
que corona la montaña,
dejo que mi melancolía
fluya, al igual que
lo hace la Muerte
cuando deja actuar
a su libre albedrío
a la Guadaña.

La bruma me envuelve
en un manto de plata,
me recuerda a mi padre,
y a tantas esperanzas vanas.

La bruma me tiñe
de azul, quizá
porque en el espejo
se refleja mi mirada.

Me envuelve en mi
propia ausencia,
la más tremenda,
la que más dolor
entraña.

Pero me regodeo en
esta bruma suave
que vuelve mi
piel plateada,
que me lame los
pies y hace que
mi corazón siga
siendo fuerte y
minuto a minuto, lata.

PALABRAS

Me aferro a palabras.
Pan, lápiz, coche,
tiempo, melancolía,
arroz, sábanas...

Palabras a veces rotas,
otras que no dicen
apenas nada,
palabras tan sin
sentido como un
hombre sentado
en el corredor de la
muerte albergando
esperanzas.

Palabras que me
mantienen viva,
que a veces
hieren como espadas
y en otros días
de color violeta
se acercan a mi boca
y con un callado
beso me dan la calma,
curan la esperanza rota.

Palabras que duelen
como navajas, que cierran
en torno a mi carne y me
enronquecen la garganta.

Palabras que me alimentan,
aunque sea de zumo de
añoranza.

POR EL HIJO PERDIDO

Y de repente, en una
tarde soleada donde
todo parece hermoso
apenas un mensaje
llega y lo cambia todo.

Un segundo apenas,
un suspiro que esconde
un sollozo, y una
vida que se quiebra
mientras otros sienten
que lo han perdido todo.

¿Por qué es tan breve
la Muerte y tan larga
la Ausencia?

Apenas un segundo
y se ha borrado
ese latido
que rompe tantas
cosas que quien
se queda quisiera
no haber perdido.

Una vida, un nombre,
una huella,
sollozos compartidos,
quizá algún lamento
que nunca se acalle
porque no se olvida
al hijo perdido.

DICE ABEL 49

El menú lo elegí yo, para hacerla pasar un mal trago. Nos pusieron un aperitivo y luego percebes, que no me gustan nada y son incomodísimos de comer; pero quería que quedase clara su zafiedad. Y quedó. Terminó regando de zumo de percebe a todos los comensales, menos a mí, creo que por intercesión divina, o porque me puse fuera de su alcance, que también puede ser. Cuando llegó el lenguado empuñó la pala del pescado como si fuese a picar piedra. Pablo estaba rojo de vergüenza y de indignación y hablaba entre dientes con Abel. Mi madre no sabía dónde meterse y yo estaba…en mi salsa. Hay ocasiones en que me pregunto cómo puedo tener tan mala idea; pero entonces recuerdo lo mal que la vida se ha portado conmigo, entiéndase Alberto, y se me pasa.
La criatura bebía sin parar. Increpó casi a gritos al camarero para que trajese otra botella de vino. Angela y mi madre se miraban la una a la otra, en un muda petición de socorro, rogando a todos los santos que llegase un huracán o un tifón, qu…

GUSANO ASESINO

A veces necesito palabras
que me aten a la vida,
palabras que me cuenten
que existen otros días;
palabras azules o de
color rosa, incluso hechas
de letras tan negras
como el corazón de un asesino;
pero palabras al fin,
que resuenen en mis oídos.

Quiero matar al silencio,
herirle con un hacha
de buen filo,
abrirle en canal y
eviscerarle hasta que
deje de herirme con
su silencioso estruendo
que me hace sentir
como el ave que vuela
sin conocer su camino.

No quiero más silencio,
hace sangrar mis oídos;
una sangre que me
ciega y me devora
por dentro como un
gusano negro que
se abre paso en mi
alma y en los días
de lluvia se convierte
en el ser inmundo
que quiere guiar
mi destino.

UN APENAS DIVAGAR

Versos, rimas, palabras,
frases que a veces
nos acunan y en
otras ocasiones
nos amortajan.

Sentimientos que nacen
a veces de un mar
en calma y otras
se gestan entre
tormentas que se
ciernen como amenazas.

Versos que riman
con la noche,
hijos de estrellas
pausadas; otros que
son luz de día,
y se forman
entre fogones,
en lechos de cebolla
y tomate en que
fraguar esperanzas.

Versos de amor,
desamor, de soledad
y de agua...
versos de río y mar,
esos que saben a sal
dormida en una piel
que se deja acariciar.

Versos de sábado
y domingo, versos
de lunes redimido,
palabras surgidas sin
pensar, y que como todo
lo que escribo,
se traducen en un
apenas divagar.