31 de agosto de 2016

CONSEJOS





Viví mi infancia en estado de guardia permanente. Y no es que a tan tierna edad fuese médico, militar o bombero. No; es sólo que mi bisabuela se dedicó a amargarme la vida con peligros varios. A saber:
1. Cuidado no te caigas, a ver si te vas a dar un golpe en la sien y ahí te quedas, muerta en el acto. Eso sí, no duele porque la cosa es rápida, pero lo que es morir, mueres para siempre jamás, con lo cual no merece la pena, y mucho menos cuando todavía no has empezado a vivir.
2. No te pongas al sol. En verano porque hará que te salgan arrugas antes de los veinte; en otoño porque Lorenzo anda bajo y te causará un catarro de esos que te dejan postrada; en invierno porque básicamente no hay sol, y en primavera porque el sol de primavera es loco y te dará dolor de cabeza y puede que hasta cáncer.
3. No te bañes hasta que pasen dos horas después de comer, que estás haciendo la digestión y se te cortará; y de ahí a morirse no hay nada. Y por si las moscas, esperas tres horas. Resultado…no me baño más que en la bañera de mi casa, así si me muero ya me pilla más recogidita.
4. No comas higos y bebas leche a la vez. Te da un corte de digestión y si no te has muerto bañándote; de ésta te mueres fijo. Menos mal que no me gustan ni los higos ni la leche, solo la de soja o de almendra.
5. No te tragues el chicle, que se te pega a las tripas y luego te tienen que operar. Y, además, es una porquería eso de comer chicle. Pareces una vaca en un pastizal. Le he hecho caso y solo como chicle en la intimidad, es decir, cuando nadie me ve. Eso sí, entonces me desquito y masco como si no hubiese un mañana.
6. No vayas con sandalias aunque sea verano. Podría aparecer una culebra. Siempre con zapato cerrado, aunque los pies pidan socorro. En esto reconozco que no le he hecho caso. Me gustan las sandalias, más que nada para enseñar las uñas cuando las pinto de rojo. Otra cosa en que le he desobedecido. Siempre pensó que lo de las uñas rojas era de mujeres poco hacendosas y encima perdidas.
7. No cantes en voz alta, parecerás una perdida. Y como yo canto fatal, ni en voz alta ni baja. No canto y punto.
Además de todas estas manías me ha pegado otra bien fea: fijarme en los entierros como es la caja en que descansa el difunto. Ella quería una de madera noble. A mí que sea noble o plebeya me da igual; tan solo quiero que sea rosa palo o color vainilla, con alguna florecita pintada, por favor.

2 comentarios:

  1. Mabel sigo extrañando tus escritos
    Espero
    Abrazo
    Gustavo

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  2. Hola Gustavo. He estado de vacaciones. Pero...ya he vuelto con las pilas cargadas y espero tener la suficiente inspiración estos días para volver a escribir. Abrazos

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