11 de septiembre de 2016

POESÍA DE DOMINGO




Los domingos están vacíos
aunque a veces se llenan
de penas, de palabras
lanzadas al viento, de
pensamientos que van
dejando su huella.

Días de cafés tardíos,
mañanas oscuras de
niebla en la sangre
y hiel en las venas.

Tardes que se arrastran
como el peso
de una condena;
son días de lluvia
de fuego, momentos
en que se siente
el peso de las cadenas
y el condenado advierte
que nunca terminará su pena.

Que esa cárcel sin barrotes
se beberá su vida
con la fruición de
un vampiro y la avidez
de un banquero
que pretende hacer
negocio con ella.

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