31 de octubre de 2016

DE LA MUERTE Y LOS CONEJOS





Nunca he sabido muy bien qué es lo que se celebra hoy. Pero creo que tiene algo que ver con la Muerte. Y recordando, que es algo que a medida que cumplo años hago más asiduamente, me he dado cuenta de que mi primigenia idea de la Muerte está entrelazada con las orejas de un conejo.
No, no es que me haya vuelto loca, o quizá ya lo esté, no sé. Creo firmemente que cierto grado de locura aporta mucho a la vida de las personas.
El caso es que yo a los cuatro años no sabía muy bien lo que era la Muerte, ni qué significaba morirse. Y un buen día se murió la hermana de nuestra vecina más cercana. Que eso en una aldea de Galicia no quiere decir que viva pegada a tu casa, sino a unos sanos y recomendables quinientos metros, más o menos. Es lo mejor para querer a tus vecinos.
En aquellos tiempos no había nada parecido a los tanatorios actuales. A los muertos se les vestía con sus mejores galas, se les ponía en una cama con las mejores sábanas bordadas y esas colchas buenas que se guardaban para la noche de bodas o precisamente para estos tristes menesteres que nos ocupan, y se les velaba en casa, tan ricamente. Una vecina bienintencionada se encargaba de hacer café durante toda la noche para los que tenían a bien ser acompañantes de duelo; y también circulaba de manera dadivosa el orujo. De esto resultaba que los velatorios, a menos que lo fuesen de un niño o de alguien muy joven, eran una ocasión de encontrarse los vecinos, charlar, contar chistes y de vez en cuando, al recordar el motivo del “meeting” que se diría ahora, hacer loas del difunto y llorarle un poco.
Mi bisabuela, la mañana de autos, salió a comprar el pan y como casi todos los días, me llevó consigo. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que la casa de la difunta le quedaba de camino, pensó que sería de buena vecina entrar a dar el pésame. Tampoco le importó mucho llevar a su bisnieta de cuatro años. En aquel tiempo a los niños no se les protegía tanto como ahora. Que te caías, agua y jabón para la herida y quizá una azotaina por descuidada; que te reñían en la escuela; en casa te tocaba zapatilla, fijo. Y de esta manera tampoco se nos ocultaba que la gente se moría.
Yo no sentí miedo ni cosa parecida. Solo me extrañó ver a Encarnación, que así se llamaba la buena señora, en la cama; cuando yo siempre la había visto sentada al lado de la cocina bilbaína apoyada en su bastón y mirándome de malos modos cuando iba por allí, porque odiaba a los niños. Pero el colmo de la sorpresa fue darme cuenta de que se había convertido en un conejo. A lo mejor es que morirse era eso; te morías y en vez de ser persona pasabas a ser conejo.
Cuando salimos se lo pregunté a mi bisabuela. Y ella se impacientó conmigo; estaba de mal humor porque se había entretenido mucho y pensaba que quizá su nuera o su nieta la regañasen al llegar a casa. Al principio no me contestó y se limitó a tirar de mí para que caminase más rápido. Pero como no dejaba de preguntarle por qué ahora Encarnación tenía unas orejas de conejo encima de la cabeza, se paró un minuto, se recolocó el pañuelo que siempre llevaba en la cabeza y me miró con desagrado.
—No sé qué se te pasa por la cabeza. ¡Qué conejos ni que ocho cuartos! Lo único que pasa es que le han atado un pañuelo en lo alto de la cabeza para que no se le quede la boca abierta, que eso hace muy feo en un muerto. ¡Qué niña más fantasiosa! No hay orejas de conejo ni Dios que lo pensó, son las lazadas del pañuelo. Anda, camina, que al final llegaremos tarde. Y ni una palabra a tu madre de que hemos ido a ver la muerta.
Puede que por eso le tenga respeto a la Muerte, aunque sea un respeto mezclado con familiaridad y hasta cercanía. No hay nada como desdramatizar las cosas para que sean más livianas.
¡Feliz día de Difuntos! O lo que sea que se celebre estos días.

4 comentarios:

  1. Me encantó.Clasico de los pueblos de aquella época.

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  2. Muchas gracias René. Si...y será que me hago vieja, pero siento nostalgia de aquellos tiempos. Besos

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  3. Muchas gracias Hermana Leticia. Ha subido usted un par de puntos. La voy a poner en poco tiempo de hermana portera, para que me filtre las visitas al convento. Besos

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