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Mostrando entradas de noviembre, 2016

LA NIETA DE FRANCO

Que nadie suelte al morboso que todos llevamos dentro. Esto no va de política ni de cotilleos, aunque las dos cosas me gustan.
No, esto va más bien de secretos de familia. Pero de los que se pueden contar, porque tengo una madre y una abuela que si cuento lo que no debo probablemente me deshereden y me den unas buenas collejas. Si estuviésemos en USA borrarían mi nombre de la Biblia.
Hace unos años que he vuelto a mis raíces. Al pueblo en el que nací y crecí, al lugar de mis antepasados. Tiene de bueno que está en el campo y es un lugar bonito. Ahora en otoño cuando saco al perro, es decir, cuando nos echamos al monte, sólo se escuchan mis pasos pisando las hojas que alfombran el suelo, porque Brandy lleva almohadillas naturales y no hace ruido. Los dos disfrutamos; él porque tiene muchos olores nuevos que le atraen y yo porque cada mañana es distinta, dependiendo del grado de luz o de la cantidad de nubes.
Hoy el día era precioso y la temperatura muy agradable. Cuando ya habíamos c…

OTOÑO, PLAYAS DORADAS

Fuera huele a otoño,
a leña quemada,
a hojas caídas
que siembran el
suelo de leves
amenazas.

El día gris me
envuelve como
un manto de plata
que se me pega a
la piel con la
fuerza del amante
fascinado, en esa
primera cita de
besos húmedos
y abrazos apretados.

La niebla me penetra
los huesos, los
deja envueltos
con la pátina fría
del próximo invierno.

Y sin embargo, amor,
nada me importa
todo eso.

En mi corazón sigo
en esas playas doradas,
con el sol que
levemente me acaricia
la espalda al mismo
ritmo que tus dedos
me recorren el cuello,
en un baile de ilusiones
renovadas
y decires lentos;
de palabras entrecortadas,
canciones compartidas
y promesas innecesarias.

PUES SERÁ BUENO

No me gustan los domingos. Sobre todo, los domingos por la tarde. Me da igual que sea invierno, verano o primavera. Con sol o con lluvia, odio los domingos. Tienen un no sé qué de despedida, de fin, de lágrimas sin derramar y de no saber lo que vendrá después.
Brandy lo sabe. La verdad es que no sé cómo lo hace; pero sabe más de mi que yo misma. Así que este domingo decidió que iba a ser distinto, y con el pretexto de que se escuchó a lo lejos un trueno, uno solo y flojito, empezó a temblar y a gimotear, quizá porque también sabe que en esta relación él es quien lleva la batuta. Mal que pese…y si tengo que ser sincera, no me pesa nada, hay pocas cosas que le niegue. Es mi niño mimado, porque si, porque se lo merece y porque me da la gana. No tengo por qué dar explicaciones. ¿Acaso se puede explicar el amor?
A lo que íbamos…. que con el cuento del “¡qué miedo Mami!” se subió a mi regazo, nos tapé a los dos con una manta y dos horas que nos tragamos de película de acción, con Liam Nees…

LLUVIA

Cae la lluvia
Con esa furia amansada
Que dejan los años.
Y apenas me moja
Mientras camino,
Las manos en los bolsillos,
Sin buscar donde
Guarecerme,
Porque quiero que
El agua empape
Mi destino, que
La lluvia me deje
Limpia, y pueda
Con las pupilas vacías
De viejos fantasmas
Emprender de nuevo
El camino.

La lluvia que empapa
Mi pelo me limpia
De viejas nostalgias,
Me vuelve niña de nuevo,
Sin el temor de amanecer
Desnuda y vacía,
Despojada de toda
Esperanza y cubierto
El corazón de hielo.

BRANDY ATORMENTADO

Los jueves me gustan. Por las tardes, generalmente a las seis, me reúno con una amiga reencontrada, pero que hacía mucho tiempo que lo era. La verdad es que luchar con dos energúmenos de meses que no quieren dormirse ni a la de tres y a los que encima hay que sacar los gases para que no tengan cólicos…une bastante.
A veces, cosas de la vida, mi hija también se une al encuentro.
Por lo tanto, los jueves, durante dos horas, Brandy se queda solo. Y no hay problema. Él sabe que cuando Mami se pinta los morros y se pone tacones…él se queda en casa. O no…a veces Mami se pinta los morros para echarse al monte; depende de cómo haya amanecido.
Pero la tarde de hoy ha sido distinta. Ha habido tormenta. Y cuando llegué a casa estaba, pobrecillo mío, completamente asustado. Porque encima se había ido la luz y no había tele. Echaba de menos al Doctor House; es una serie que le gusta ver.
Así que se ha metido debajo de la mesa de la cocina, con las orejas gachas y muy asustado. Me ha costado más …

ODIADOS REYES MAGOS

He debido ser de las pocas niñas a las que no les gustaban los Reyes Magos. Ninguno de ellos. Para mí la noche del cinco de enero era casi como una pesadilla, desde que puedo recordar. Mientras todos los niños solían irse a la cama impacientes por ver que les habrían dejado, yo ya lo sabía de antemano: cualquier cosa, siempre estúpida e inservible, por cierto, que yo no hubiese pedido.
Por eso dejé muy pronto de escribirles cartas. Algo de pragmatismo siempre he tenido, desde pequeñita. ¿Para qué me iba a molestar, si pidiese lo que pidiese siempre me dejaban lo que les daba la gana?
Y no hablo por hablar. Para muestra, dejo dos o tres botones.
1. En una ocasión, quizá porque pensaban que me gustaría emular a mi madre, que era modista, y de las buenas, me encontré la mañana del día seis de enero con una máquina de coser de un horrible verde marujita, para más inri. ¿Qué podía hacer yo con ese engendro del demonio? ¿Cómo se juega con una máquina de coser? ¿Y para qué quería yo esa cos…