7 de noviembre de 2016

PUES SERÁ BUENO






No me gustan los domingos. Sobre todo, los domingos por la tarde. Me da igual que sea invierno, verano o primavera. Con sol o con lluvia, odio los domingos. Tienen un no sé qué de despedida, de fin, de lágrimas sin derramar y de no saber lo que vendrá después.
Brandy lo sabe. La verdad es que no sé cómo lo hace; pero sabe más de mi que yo misma. Así que este domingo decidió que iba a ser distinto, y con el pretexto de que se escuchó a lo lejos un trueno, uno solo y flojito, empezó a temblar y a gimotear, quizá porque también sabe que en esta relación él es quien lleva la batuta. Mal que pese…y si tengo que ser sincera, no me pesa nada, hay pocas cosas que le niegue. Es mi niño mimado, porque si, porque se lo merece y porque me da la gana. No tengo por qué dar explicaciones. ¿Acaso se puede explicar el amor?
A lo que íbamos…. que con el cuento del “¡qué miedo Mami!” se subió a mi regazo, nos tapé a los dos con una manta y dos horas que nos tragamos de película de acción, con Liam Neeson, como siempre increíble. A Brandy le dio igual, durmió y roncó todo el rato. Y me dio un calorcito tan agradable que me hizo recordar la época en que mis hijos eran pequeños y los dormía en brazos. Si, es que yo he sido de esas madres que no hacían nada a derechas y les dormía en brazos. No sé si fue malo o bueno, solo sé que a ellos y a mi nos gustaba. A Brandy también le gusta. Así que seguramente será cosa buena.

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