19 de diciembre de 2016

UN POCO A SIESTA




Y he paseado, amor,
Por calles extrañas.
Llenas siempre de
Gente apresurada.

Y he visto asfalto, y
Coches, y árboles perdidos
Entre toda esa maraña.

He caminado por
Nubes de gente, me
He perdido entre ellos,
Me he dejado llevar
Por ese río anónimo
De ojos sin brillo
De hombres sin nombre,
De abrigos grises
Y deseos salobres.

Pero en cada paso
Que daba te echaba
De menos, te recordaba, amor,
Mi mano te extrañaba.

Te he bebido en una
Copa de vino, en la
Gota de lluvia que
Me rozaba la frente,
En los ojos perdidos de un
Pobre perro que se
Cobijaba a los pies
De un indigente.

¡Ay, amor, cuánto anhelaba
Volver a todo eso que no
Nos es ajeno!...
El ladrido de nuestro perro,
La lluvia en la ventana,
Mis manos en el volante,
Casi igual que si Tamara
De Lempicka me retratara;
Nuestra cocina pequeña,
La luz de una vela que
Huele a vainilla y
Que sólo cuando se apaga
Nos recuerda que está
Hecha de cera.

Y otra vez, amor, te
Escribo en esta mesa
Que es nuestra, con una
Tinta que huele a
Los dos, y también
Un poco, a siesta.


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