27 de diciembre de 2016

VERDE






Todavía, a veces, cuando
me duele el alma,
sigo escribiendo en verde.

En esos momentos azules
en que me siento
abandonada, tan
lejana como las olas
cuando lamen las
rocas al roce
de la mañana.

Momentos grises en
que la luna cabalga
sola y todo es tan
oscuro que me ata
un temor
tal como el del
condenado a la
horca, como el
escritor a una
mano rota.

Son pensamientos fríos
que me arañan la piel
y la dejan marcada,
que me hieren el
vientre y alejan
de mi la esperanza.

Y no hay más compañía
que la noche negra
que aunque ahora luzca
el sol, me acompaña.

Quizá me teñiré de
negro las pestañas
para que al llorar
mis mejillas queden
tan laceradas
como si mil cuchillos
azules me hubiesen
cortado las alas.

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