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Mostrando entradas de enero, 2017

SUPERPOP

Hoy he venido a confesar dos cosas vergonzantes. Y no sé cuál de ellas es peor. Empezaré por la que me afecta en la actualidad.
Ante Dios Todopoderoso y ante vosotros confieso que estoy enganchada al Lorazepam para dormir. Me causa remordimientos de conciencia, visiones en las que aparezco como una dependiente y mil cosas más que os ahorraré. He intentado dejarlo poco a poco, como mi buena doctora, mujer sensata donde las haya, me aconseja.
He empezado por tomar media pastilla. Pero, aunque me duermo pronto, a las cuatro de la mañana estoy con los ojos abiertos como un búho. Y lo que es peor, la mente en efervescencia. Eso para mí es fatal. Porque tiendo a montarme pollos y películas yo solita y claro, veo cosas, así como otros ven muertos. Yo me quedaría con lo segundo, es más descansado.
Pero bueno…ya vamos viendo.
Lo segundo que quiero confesar, y que también es vergonzante, es que yo a los catorce y quince años leía a Tolstoi, lo cual indica mi majadería, pero también la Superp…

PALABRAS

Pluma, oreja, satén,
baldaquino, agonía...

Las palabras me
envuelven, son mi
manto plateado, el que
me cubre a cada hora,
noche y día.

Perro, café, tostada,
abrazo, ventana...

Mis pies se mueven
sin sentir, y mi
cabeza no para.

Hilvano frases,
hago castillos
de arena que se
sostienen en
palabras azules,
las mismas que se
vuelven grises
al paso de las nubes.

Y cada noche me
duermo delineando,
amor, tu nombre
en mi almohada,
así amanezco,
con tu sabor
cada mañana.

VERSOS

Hay poemas absurdos.
Versos escritos por
manos enfadadas;
versos dulces con
sabor a besos
y versos escondidos
que temen salir
a este mundo incierto
y lleno de anhelos.

Hay poemas lentos,
que se levantan tarde
y a veces a destiempo;
los que hablan
desde el silencio,
aquellos que engarzan
palabras igual que
tantos insomnes
enlazan los sueños
que les dan la espalda.

Hay versos oscuros,
teñidos de sangre;
otros que saben a
lluvia y agua salada,
versos que te roban
la calma, y como una herida
infectada te horadan
la carne, y lentamente,
matan.

MIS MANOS

Esta mañana, escribiendo, como siempre hago a primera hora, me he detenido a mirar mis manos. ¡Cuánto pueden decirnos las manos acerca de una persona!
Manos que sirven para acariciar, para lavar, guisar, escribir, a veces hasta para hablar. También se puede hablar con las manos. Dice mucho la manera de colocarlas, de moverlas…
Uno de mis múltiples defectos es que muevo mucho las manos cuando hablo. Es algo que no puedo evitar y tampoco quiero hacerlo, porque a esos rincones que los ojos o la inflexión de la voz no llegan, lo hacen las manos. Y con ellas podemos expresar nuestros estados de ánimo y nuestros sentimientos.
Mis manos están envejeciendo. Supongo que, como yo, y me alegro de que así sea, porque es la mejor señal de que sigo viva. Todavía no veo manchitas color café con leche; pero no tardarán en aparecer.
A pesar de la cirugía, de las cremas, de las inyecciones de no sé cuántas cosas, las manos siempre revelan la verdadera edad de las personas.
El dedo meñique de mi mano…