Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2017

ISLA

En los días de invierno,
de viento y de lluvia,
de cristales sedientos
de un tanto de ternura,
echo de menos
mi isla dorada, de
arenas quietas y mares
de espumas blancas.

Y me sorprendo a mi
misma derramando
lágrimas preñadas
de nostalgia.

Quiero montañas azules,
aguas de esperanzas
cielos sin nubes,
cadencias suaves
que se lleven las
brumas y me dejen
soñando con un sol
amante, de dedos
ardientes
y caricias azules.

MI ABUELO FUE MONAGUILLO

Los que me conocen saben cuánto he querido a mi abuelo. Y me estoy equivocando al usar el tiempo verbal…. ¡cuánto le quiero todavía! No importa que esté desde hace más de diez años en la habitación de al lado, para mi sigue estando muy vivo.
Se llamaba Rodolfo, un nombre germánico, redondo y sonoro. En casa a algunas cosas seguimos llamándoles “rodolfadas” y ahora hay alguien que de vez en cuando pregunta por el Rodolfín… ¿Y qué pensaría de esto el Rodolfín?
Supongo que tener la casa al lado de la iglesia ha tenido mucho que ver en el asunto; pero el caso es que fue monaguillo durante muchos años, ya después de estar casado y tener una hija. No era un meapilas, ni mucho menos. Si tuviese que preguntarme hoy a qué dios adoraba…creo que al Felipe II y al caldo de gallina. Ah…y al dominó. No olvidemos el dominó y las cartas.
Pero eso no le impedía ayudar en misa y tener una muy buena relación con Don José, el cura, que iba a caballo, y estaba orondo, como casi todos los curas de enton…