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Mostrando entradas de marzo, 2017

FUEGO PURIFICADOR 13

Seguimos adelante con nuestra vida; pero nada fue igual desde el primer enfrentamiento serio que habíamos tenido. No ayudaban los horarios tan complicados a los que Lucas debía sujetarse. Cuando ambos éramos estudiantes todo era sencillo; nuestras obligaciones eran parecidas y nuestro tiempo libre también coincidía. Pero ahora era yo quien debía adaptarme siempre a lo que marcasen sus turnos. Había semanas en que me pasaba sola todas las noches porque él tenía que trabajar, y cuando llegaba, a las ocho de la mañana, yo me estaba levantando para ir a clase. Sólo coincidíamos a la hora de comer, y si tenía clases por la tarde, cuando volvía él ya se había marchado. Era inevitable que nuestras relaciones se enfriasen poco a poco. Notaba que cada vea teníamos menos cosas de qué hablar y menos intereses comunes.
Supongo que lo que pasó fue poco menos que inevitable; ahora que lo miro a la luz del transcurso de diez largos años sin Lucas. Pero en aquel momen…

FUEGO PURIFICADOR 12

Cada vez me sentía más intranquila porque los días iban pasando, el regreso de Jaime estaba más cercano y no había tenido noticias de Lucas. Me preguntaba qué debería hacer. ¿Sería mejor marcharme a algún hotel? Pero me parecía tiempo perdido, porque Jaime acabaría encontrándome y sería peor, entonces se daría cuenta de que sospechaba de él.
Intenté distraerme trabajando; pero no tenía la cabeza para imaginar historias ni cuentos infantiles; era demasiada la preocupación que me atenazaba. Estuve tentada de coger la linterna y bajar al sótano; pero un miedo irracional me lo impedía. Lo que mi marido contaba en el diario no podía haber sucedido; era algo que él se imaginaba; pero no dejaba de asustarme. A saber lo qué me encontraría en ese sótano. Ya en la cama recordé el momento en que empezaron los problemas con Lucas. Cuando terminó la carrera de Derecho siempre pensé que empezaría a trabajar en el despacho de su padre, que se dedicaba al Derecho…

FUEGO PURIFICADOR 11

Aquel nombre nada me decía. Marta nunca me había hablado de ningún Álvar Durán, ni mucho menos me había dicho que entre sus ancestros hubiese algún asesino. Por fuerza aquel extraño sujeto tenía que estar loco. Lo que no me explicaba era cómo había llegado al sótano sin que nosotros nos hubiésemos dado cuenta. ¿Y dónde estaba el cadáver que yo había encontrado, el de aquella pobre mujer embarazada? Le miré con disimulo, porque, aunque me avergüence confesarlo, no era capaz de enfrentar la mirada de aquellos ojos iridiscentes y ladinos, que parecían querer taladrarme el alma. Sus dientes refulgían como si estuviesen iluminados por no sé qué extraña luz.
—¿No dices nada, querido Jaime? Sospecho que nunca habías oído hablar de mí. No puedo decir que me sorprenda. No es agradable contar al mundo las miserias de cada cual. No se incluso si tu preciosa Marta conocerá de mi existencia. Quizá sus padres no encontraron oportuno contarle nada. Y dime, ¿Se ha recuperado de la pérdida de su hi…

FUEGO PURIFICADOR 10

Cuanto más leía más asustada me hallaba, y más explicaciones lógicas encontraba en el comportamiento de mi esposo en los últimos tiempos. Mientras me preparaba algo de cenar empecé a recordar la época dorada de mis amores con Lucas. Dicen que el primer amor marca irremediablemente nuestra vida, y creo que hay pocas cosas tan ciertas. Nunca podría olvidar que fue Lucas el primero que me besó, que me hizo sentir cosas que jamás había sentido y que fue el primer hombre al que dije que le quería. Nunca le pregunté ni quise saber si esto había sido igual para él; si yo también era la primera mujer que amaba; pero creo, por detalles que a lo largo del tiempo fui constatando, que yo también había sido su primer amor. Seguimos viéndonos a escondidas siempre que podíamos y cuando llegó para mí la hora de ir a la universidad a mis padres les extrañó mucho que eligiera la ciudad vecina y no la nuestra para estudiar. Les convencí rápido; alegando que allí los planes de estudio eran más completos…

SOLA, SOY

Sola, soy.
Pero contigo, soy mejor.
No te necesito
para seguir, pero
mi camino se hace
más corto
si tú lo
haces junto a mi.

Sonrió también
cuando no estás,
pero a tu lado
la risa se hace
eterna, es más
auténtica, quizá
porque tu amor
me libera de mil
corazas y cadenas,
de armaduras hechas
de llanto y paciencia.

Sola no temo,
pero cuando tú estás
pesa menos la noche
y aunque la lluvia
golpee el cristal,
por dentro el sol
se abre en mil
destellos azules
que me dejan
plena y en paz.


FUEGO PURIFICADOR 9

Cuando me recuperé de mi enfermedad bajé de nuevo al sótano. Me sorprendió, a medida que avanzaba, que el aire no oliese a podredumbre. Había encontrado el cadáver de la mujer hacía más de una semana; por fuerza tenía que estar ya descompuesto. Pero ni siquiera percibí el olor metálico de la sangre de aquella primera vez. Tan sólo olía a madera apolillada, a polvo y dejadez. Y lo más extraño, lo que me dejó helado de espanto, era que el cadáver no estaba. Había, eso sí, una ligera mancha oscura en el suelo, en el lugar exacto que antes ocupaba el cuerpo. La toqué. Todavía se desprendía cierta humedad y cuando olfateé la mano, atisbé, aunque muy ligeramente, el olor nauseabundo, aunque para mi cada vez más atrayente, de la sangre. Tuve que sentarme en el viejo sofá desportillado y los muelles rotos me laceraron la espalda; aunque no me importó. Apoyé la cabeza en su respaldo, sin importarme el polvo y la suciedad, porque empezaba a marearme. El sudor frío, precursor de los desmayos, c…

SORBO A SORBO

El sol me acaricia
A través del cristal,
Como un tierno amante
Alejado de mis brazos
Por el cruel vendaval
De la vida, por un fracaso,
Por una caída…

Pero me llueve por dentro,
No importa el color
Del cielo, hoy es lo
Negro quien gana
La partida, quien me
Envuelve en triste terciopelo.

Y los cuervos amargos
Me corroen por dentro,
Picotean mi alma,
Me dejan el corazón
Duro y agrietado,
Un corazón gris,
De cemento.

Aunque sea primavera,
Hoy solo veo la vida
En blanco y negro;
Mis ojos se niegan
A poner color a
La hierba, al cielo,
A cada pequeño momento.

Mañana será otro día.
Un día distinto
Sin lugar al tormento.
Mañana me vestiré
De rojo, me beberé
La vida sorbo a sorbo.

FUEGO PURIFICADOR 8

Quizá las cosas hubiesen sido distintas para mucha gente si entonces no hubiese sido tan cobarde. Pero espero que todavía lleguemos a tiempo de evitar males mayores. Y la cobardía, que parece ser el sino inevitable en mi existencia, me lleva a recordar los inicios de mi relación con Lucas. Tampoco con él fui valiente y la decisión que entonces tomé pesará sobre mí como una losa toda la vida. Éramos demasiado jóvenes; pero crecimos juntos y a medida que nos íbamos conociendo la relación que empezó como la de dos adolescentes se fue transformando en algo más profundo. Él fue el primer hombre que me besó, el primero que me hizo sentir deseos de amar y a quien entregué por primera vez mi cuerpo cuando apenas tenía diecisiete años. Los dos ocultamos nuestra relación a las respectivas familias porque, aunque se conocían, no hubieran aprobado que, tan jóvenes, iniciásemos algo que iba más allá de la pura amistad. Durante el invierno era fácil porque vivía en aquel entonces en una gran ciud…

FUEGO PURIFICADOR 7

¿Querría yo gozar de ese poder? Intentaba desechar esa idea de mi mente, pero la vista de esta hermosa mujer, ahora muerta, me revolvía las entrañas y me causaba un extraño placer, que no confesaría más que a mí mismo. Me resulta sensual y atractiva esta figura tendida en el suelo, abandonada a su suerte, patética y despojada violentamente de la vida.
El caso es que yo recordaba perfectamente esa noche. Me había ido a la cama antes que Jaime porque me dolía un poco la cabeza y estaba muy cansada. No sé cuánto tardó él en acostarse, pero me desperté cuando le oí entrar y me asusté al ver su aspecto. Parecía aterrado, como si hubiera visto un fantasma; pero a la vez extrañamente ensimismado y lejano, como perdido en un mundo de ensueño al que solamente él podía acceder. Supe que había estado en el sótano porque llevaba una telaraña en el pelo y aunque yo no sea demasiado buena ama de casa, no tengo telarañas colgando por los rincones.
—¿Qué has estado haciendo en el sótano a es…

FUEGO PURIFICADOR 6

Seguí leyendo a pesar de que cada frase era como un nuevo puñal que se clavaba en mi corazón. Pero tenía que saberlo todo.
Avancé un paso para ver más claramente la figura femenina que yacía en el suelo. Quedé horrorizado al ver el cuerpo inerme de una hermosa mujer, morena, con la piel muy blanca, como de alabastro, en evidente estado de gestación, y de cuyo pecho sobresalía un puñal, clavado justo en el corazón. Ahora me di cuenta de donde procedía aquel horrible olor metálico, a sangre, que ahora era más fuerte que nunca. Me tapé con más fuerza la nariz, pero allí la sangre se respiraba en el ambiente, todo el lugar estaba empapado en el aroma denso y pesado de la sangre. Sentí que me mareaba, y tuve que apoyarme en uno de aquellos viejos muebles apolillados.
Inmediatamente una pregunta quemó mis labios. ¿Quién era esta mujer, y que hacía en el sótano de nuestra casa? ¿Cómo se lo iba a decir a Marta? Nunca me creería. ¿Tenía que llamar a la policía? Me fi…

TULES

Algunos días los versos
se escapan
entre cortinas de
acero y un mar
de nubes en calma.

Las palabras huyen.
se hacen tan breves
como amenazas;
es cuando te extraño,
cuando miro a lo
lejos y mi piel
desnuda se siente
sola, avejentada,
como envuelta en
una triste y
gris mortaja.

Y entonces te invoco,
y quiero cabalgar
entre nubes azules,
y espantar con mis
manos blancas a dragones
errantes, a puñales oscuros
que en la noche negra
horadan mi carne
y la profanan con
una tristeza extraña;
tristeza que no quiero
esconder,
más bien la visto de tules
y sedas, y la embarco a un
viaje sin rumbo donde
ahogar mis añoranzas.


FUEGO PURIFICADOR 5

Aquellas salidas me dejaban desazonada, porque en cuanto le veía delante me quedaba literalmente sin palabras y era incapaz de mantener una conversación medianamente inteligente.
Todo el invierno y la primavera hubieron de pasar, hasta que qué llegó de nuevo el verano y volvimos a coincidir durante las vacaciones. Yo había cambiado bastante más que él, y quizá fue ese cambio lo que hizo que empezase a mirarme de otra forma. Ya no me trataba del todo como a una niña, aunque seguía viendo en él cierto aire de suficiencia y protección a la vez. Pero ahora cuando salíamos a tomar un refresco o íbamos al cine de verano, donde daban exactamente las mismas películas que ya habíamos visto el verano anterior, me prestaba más atención. No sé si se debía a que mi conversación era más suelta o a que mi talla de sujetador había aumentado.
Cuando acabó el verano se me hizo difícil pensar que tardaríamos un año en vernos, y Lucas me pidió permiso …

FUEGO PURIFICADOR 4

Quizá antes de seguir contando lo que me encontré y lo que cambió mi vida
para siempre tenga que volver bastantes años atrás en el recuerdo y repasar ciertas cosas de mi vida que pensé que se habían quedado olvidadas para siempre en esa zona de la cabeza, ese cajón sin llave que se reserva para ir almacenando todo lo malo que pasa nuestras vidas. La mejor época que recuerdo, aunque luego acabase en drama, la pasé entre los quince y los veinte años. Fue entonces cuando conocí a Lucas. Su familia se compró una casa de veraneo en el pueblo, a pocos kilómetros de aquí, y siendo un sitio tan pequeño era normal que dos chicos procedentes de la ciudad entrasen en contacto. Él tenía veinte años, cinco más que yo, y ya estaba en la universidad. Fue mi padre quien nos presentó, porque conocía al suyo y en alguna ocasión habían hecho negocios juntos. Una tarde que estábamos saliendo de la única tienda de comestibles que había él llegó con su madre. Fueron inevitables las presentaciones.
—Hija,…

FUEGO PURIFICADOR 3

Hallo una extraña paz en estar sola en mi casa esta noche. Ahora no tengo que disimular tranquilidad ante Jaime y puedo pensar en cómo salir del atolladero en el que me veo inmersa.
Todo cambió el día que encontré una especie de diario escrito por Jaime; o al menos juraría ante un tribunal que se trata de su letra. Estaba limpiando el sótano de trastos viejos, pensando qué tirar y que seguir guardando, cuando en uno de los cajones de una vieja cómoda llena de sábanas y mantelerías antiguas descubrí una especie de agenda de tapas rojas. Cuando la abrí y me encontré con la letra de Jaime pensé en guardármela en el bolsillo de la vieja bata que me pongo para limpiar, pero unas palabras al azar llamaron mi atención y ya no fui capaz de dejar de leer. Cuando acabé estaba temblando, preguntándome qué tipo de mente enferma podía haber escrito aquellas barbaridades. En un primer momento intenté tranquilizarme pensando que quizá estuviese simplemente tom…

FUEGO PURIFICADOR 2

Siempre he oído decir que los perros acaban pareciéndose a sus dueños, y puede que sea verdad. Pero pienso que también las casas y quienes las habitan acaban viviendo en una extraña simbiosis. Y algo así me ha pasado a mí, que me he transformado en los dos años que llevo en “La casa de la colina”, como la llaman en el pueblo. Mucha gente se extrañó cuando ocupé la casa porque no tiene lo que se dice buena prensa. Aquí, hace más de doscientos años, hubo un crimen. Un antepasado mío asesinó a su esposa, cuando al volver de un viaje a Venezuela después de haber estado ausente cinco años, la encontró embarazada. Él mismo acabó suicidándose en su celda antes de que se celebrase el juicio.
La historia me parecía muy triste, pero no hizo que desistiese de mi deseo de ocuparla. No soy supersticiosa y no creo en las casas encantadas y menos en fantasmas. O debo decir que no creía; porque ahora, algunas noches, cuando escucho ruidos que llegan desde el sótano y oigo sonidos que se parecen al…

FUEGO PURIFICADOR 1

Fue un jueves por la tarde, cuando el sol estaba escondiéndose entre las montañas y el aire empezaba a enfriarse anunciando ya la llegada del crepúsculo cuando supe que mi marido intentaría, en algún momento, matarme. Y también supe que yo no iba a permitirlo y que dedicaría hasta mi último aliento a impedirlo.
Con este sentimiento en lo más hondo de mi corazón, sentada en la mecedora del porche de mi casa y mirando a esas montañas que me han visto nacer y que guardarán en su alma de piedra mi último aliento, me arrebujé en el chal que me cubría los hombros y me hice el firme propósito de luchar por mi vida, y de buscar toda la ayuda que fuese necesaria. Sabía a quién recurrir y sabía también que nunca me la negaría.
Más tranquila por la determinación que había tomado entré en la casa. Jaime, mi marido, estaba de viaje, lo cual me daba la tranquilidad y la paz de no tener que fingir una armonía entre nosotros que ya no existía. Él no debía saber que yo sabía. Tendría que estar muy …