28 de marzo de 2017

FUEGO PURIFICADOR 10


Cuanto más leía más asustada me hallaba, y más explicaciones lógicas encontraba en el comportamiento de mi esposo en los últimos tiempos. Mientras me preparaba algo de cenar empecé a recordar la época dorada de mis amores con Lucas. Dicen que el primer amor marca irremediablemente nuestra vida, y creo que hay pocas cosas tan ciertas. Nunca podría olvidar que fue Lucas el primero que me besó, que me hizo sentir cosas que jamás había sentido y que fue el primer hombre al que dije que le quería. Nunca le pregunté ni quise saber si esto había sido igual para él; si yo también era la primera mujer que amaba; pero creo, por detalles que a lo largo del tiempo fui constatando, que yo también había sido su primer amor. Seguimos viéndonos a escondidas siempre que podíamos y cuando llegó para mí la hora de ir a la universidad a mis padres les extrañó mucho que eligiera la ciudad vecina y no la nuestra para estudiar. Les convencí rápido; alegando que allí los planes de estudio eran más completos y que quería probarme a mí misma viviendo sola. Todavía me remuerde algo la conciencia por haberles engañado, y con tanta facilidad.
Alquilé un piso pequeño y cercano a la universidad y le hice prometer a mi madre que nunca se presentaría sin avisarme; poniendo como excusa que estaba demasiado ocupada en mis estudios y no quería distracciones. Si mi pobre madre no fuese tan ingenua seguramente sospecharía que algo quería esconder; pero siempre había sido de esas mujeres maternales y cándidas que se creía cualquier cosa. Además, mis notas y rendimiento eran buenos y no tenían nada que reprocharme en ese aspecto.
Lucas y yo pasábamos juntos casi todo el tiempo; y creo poder decir sin temor a equivocarme que fue la mejor época de mi vida. Me parecía que era como jugar a estar casados cuando preparaba la cena para los dos aquellas noches que les mentía a sus padres diciendo que se quedaba a dormir en casa de un compañero. Ese primer curso en el que la mayoría de los novatos aprovechan para salir de parranda todas las noches y correr juergas monumentales, yo lo pasé encerrada en una habitación pequeña, de paredes pintadas de azul celeste; acostada en una cama estrecha de colcha floreada. Cuando el curso terminó sentí una pena inmensa al tener que separarme de Lucas. Nos veríamos en el pueblo, a escondidas de nuevo, pero no sería igual.

Ahora, recordando aquellos tiempos en que no tenía más preocupaciones que aprobar el curso, poder ver a Lucas todos los días y que mis padres no descubriesen mi secreto, me pregunto porque no me daba cuenta de lo afortunada qué era, y por qué no cuidé mejor de todo lo que en aquel momento tenía. Pero nunca apreciamos aquello que poseemos hasta el momento en que lo perdemos. Es así, tristemente.
Cené rápido y me fui a la cama llevando conmigo la agenda de tapas rojas. Avanzaría un poco en la lectura antes de dormirme, si es que era capaz de hacerlo. Después de muchas averiguaciones descubrí donde trabajaba actualmente Lucas y le dejé un recado a su secretaria, porque al parecer él estaba fuera. Esperaba con todo mi corazón que se pusiese en contacto conmigo cuanto antes. Jaime estaría fuera todavía unos diez días más; pero el tiempo apremiaba, me perseguían las manecillas del reloj, que parecían avanzar inexorablemente; marcando tal vez el día y hora de mi muerte. Seguí leyendo.


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