4 de abril de 2017

FUEGO PURIFICADOR 15


-Estoy embarazada de Lucas.
Se quedó callado, como si hubiese caído una bomba en el restaurante. Por un instante temí haberle escandalizado. Creo que me veía todavía como la pequeña vecinita a quien acompañaba al colegio o a quien cuidaba algunas tardes. Pero se rehízo de la sorpresa y empezó a interrogarme.
—¿Él lo sabe? No puedo creer que no quiera hacerse cargo de su hijo.
Le detuve con un gesto. Por más daño que Lucas me hubiese hecho todavía le quería, y me dolía que una persona ajena se permitiese juzgarle. Sólo yo podía hacerlo.
—No, por Dios, él no sabe nada. Yo me enteré apenas dos días antes de saber lo de su engaño. Y le dejé plantado sin decirle nada del niño. Si soy honesta contigo y conmigo misma, creo que uno de los motivos de no decirle nada fue para castigarle.
El silencio en el que Jaime se sumió me hizo preguntarme si había estado acertada al contárselo. Me había pillado en un momento de inmensa soledad y flaqueza y pudo más el deseo de compartir mi carga con alguien que la prudencia.
—Te he escandalizado-le dije, al ver que seguía callado.
Pareció que se despertaba de un sueño. Negó repetidamente con la cabeza y me tomó la mano, apretándola entre las suyas. Me consoló ese contacto humano, me hizo pensar que estaba menos sola, que quizá él escucharía mis dudas.
—No, no me escandalizo tan fácilmente y además no hay motivos para ello. Pero lo que me preocupa es qué piensas hacer ahora. Tendrás que decírselo a tus padres.
Retiré mi mano de entre las suyas. ¿Iba a delatarme?
—Nunca, ellos no deben saberlo. No lo entenderían. Ya conoces a mis padres. —Pero Marta, ¿Qué vas a hacer tú sola con un niño, sin ayuda, sin dinero? No seas infantil; tienes dos opciones: o decírselo a Lucas y que se haga cargo de la situación, o contárselo a tus padres.
—No, hay otra tercera posibilidad.
Me detuve antes de seguir hablando. Aunque lo había pensado, ahora que estaba a punto de decirlo en voz alta, la idea que se me había ocurrido ya no me parecía tan buena. Pero como Jaime seguía esperando, me decidí a contarle lo que había pensado.
—Mi abuela me dejó en herencia una casa en la montaña. Está en muy mal estado, porque el último verano que pasamos allí hubo un incendio en el pajar y la casa no quedó bien parada. Pero también me ha dejado dinero en el banco y creo que puedo arreglarla, al menos lo esencial; y vivir allí hasta que nazca el niño. Luego me buscaré un trabajo.
Se quedó mirando al vacío, haciendo bolitas con las migas de pan de la mesa. Una costumbre que yo detestaba, pero que Jaime siempre había tenido, al menos que yo recordase.
—Pues no me parece buena idea. ¿Qué vas a hacer tú sola en un pueblo dejado de la mano de Dios, y encima con un niño pequeño? ¿En qué o dónde vas a trabajar? No seas ilusa, Marta, no te será tan fácil. Siempre lo has tenido todo y quizá por eso no aciertas a darte cuenta de las dificultades con las que te encontrarás. Pero hay algo peor, y es que vas a arrastrar a alguien inocente en tus locuras.
Me enfadé al oírle, aunque reconociese en mi interior que tenía bastante razón en todas las razones que me había dado.
—Y entonces, ¿Qué me sugieres que haga?
—Puedes casarte conmigo.
Me lo dijo como algo sin importancia, como si me contase que mañana llovería. Mi asombro fue tal que no supe que contestar, y él me repitió la propuesta.
—Pero Jaime, es que…
No me dejó que siguiera hablando.

—Ya sé que tú no me quieres.
—No, no es que no te quiera-ahora fui yo quien no le dejó seguir hablando. Te quiero mucho, nos conocemos desde que yo era pequeña; apenas recuerdo una etapa de mi vida en la que tú no estuvieses presente. Eres muy importante para mí. Pero no te amo, no te quiero como se supone que una mujer debe querer a un hombre. Debo ser honesta, Jaime, y decirte que yo sigo queriendo a Lucas. No volveré con él, es un asunto terminado, pero todavía le quiero.
Él asintió y me dijo que todo eso ya lo sabía.

2 comentarios:

  1. Pobre, no existen las soluciones milagrosas!!

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  2. Pues no. Deberá encontrar su camino, aunque no sea sencillo

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